Crónica de una muerte presenciada

Es difícil escribir estas líneas después de lo presenciado el día de ayer. De alguna manera necesito contarlo, para sacarlo de mi, que algo de angustia me ha generado. Todo ser humano es enterado, durante su crecimiento, que la vida no es eterna, y que en algún momento todos nosotros tenemos que morir, abandonando nuestro cuerpo y, como dicen algunos, este mundo. No es fácil asumir la muerte de una persona, y mucho menos de un ser querido, pero mucho más difícil es presenciar la muerte de alguien en el momento justo en el que sucede.

Eso me pasó a mí el 30 de abril del 2014. Día del niño. Una vez terminada la jornada laboral, me dirigía a mi casa para recoger a mi novia para, posteriormente, encontrarnos con unos amigos en un bar para convivir un rato aprovechando las bondades de la Ley Federal del Trabajo y mantener vivas la tradición mexicana de compartir con tus seres cercanos bajo cualquier excusa que se ocurra. Llegué aproximadamente a las 8 pm a mi casa, y acordé con mi novia verla en el primer nivel del estacionamiento para evitar que se mojara con la lluvia que visitó el Distrito Federal esa noche.

Una vez que me estacioné, se dieron una serie de eventos que cualquier persona podría clasificar como de película de terror, que a continuación narro con el respeto que la familia merece, pero con el detalle que permita sentir un poco de la angustia que vivimos:

En el momento en el que el elevador se abrió, el vigilante del edificio me pidió ayuda, porque “había un señor que no se encontraba bien en el interior del mismo”, a lo cual accedí. Esta persona –el señor dentro del elevador- estaba sentado, respirando con mucha dificultad y con hilos de baba escurriendo de su boca. Mi primera impresión fue que se había desmayado o estaba en estado de ebriedad, por los sonidos que hacía al respirar. Al momento de levantarlo, el vigilante me avisó que el señor “todavía tiene pulso”, lo cual incrementó mi sospecha de que la situación no era tan grave. Falso. Una vez que logramos levantarlo y previo a recostarlo en el piso para continuar asistiéndolo, el peso de esta persona se hizo mucho mayor, literalmente se “desplomó” en nuestros brazos, y fue cuando supimos –al menos yo- que el asunto era más grave de lo que creíamos.

Otro vecino que recién llegaba se percató de lo que sucedía, llamó a la esposa del señor en cuestión –del cual me enteré se llamaba René- para que nos explicara si había algún problema con él. En el inter, contamos con la fortuna de contar entre los inquilinos del edificio con un médico, quien bajó al auxilio de René. Transcurrieron 8, quizás 10 minutos en lo que el médico daba a René RCP, para tratar de reanimar su pulso y poder llevarlo a un hospital, en una ambulancia que tardó más de 10 minutos en llegar a nuestro llamado.

reencarnacionAl final, tanto los paramédicos como el doctor –que supongo se llama José, porque se presentó como “Pepe”- informaron a la esposa de René que su marido había sido víctima de un infarto fulminante, y que desafortunadamente no pudo sobrevivir. Se murió, simple y sencillamente. Dejó de existir como lo conocimos sus familiares y los vecinos que azarosamente lo veíamos en el edificio. La reacción de la esposa y la suegra no se hicieron esperar, como podrán imaginar. La escena era impactante: un cuerpo inerte tirado mientras dos personas tratan de reavivarlo, con toda esperanza abandonada al saber que el simple paso de los minutos es la señal para darte cuenta que no había solución al problema.

Me enteré que René y su esposa iban al Hospital de Cardiología porque él se empezó a sentir mal, al parecer le dio una especie de taquicardia. También supe que el 20 de mayo lo iban a operar para corregir un problema en su corazón.

René deja en este mundo a su esposa, un niño de no más de tres años, y a un bebé de dos meses de nacido. Deja, también, a un grupo de personas con una falta de palabras para expresar lo que vivimos ayer. Nunca me había tocado presenciar el momento preciso de la muerte de una persona tan de cerca, ni siquiera la de mis abuelos paternos, a quienes vi en cama unas horas antes de que anunciaran su muerte. Es más, puedo asegurar que la vida de René se fue, literal, en mis brazos, atendiendo a que su peso se volvió mucho mayor mientras lo cargaba para sacarlo del elevador.

A muchas personas los hará recapacitar sobre el valor de la vida, la importancia de aprovechar el tiempo que tenemos en este mundo, y aprender que no podemos perder el tiempo con nimiedades que se interponen entre la felicidad y nosotros.

En lo personal, durante los últimos años he aprendido a ver la muerte de manera distinta a como nos educaron a comprenderla. Para mi, la muerte no es una tragedia ni el paso previo a nuestro viaje al cielo o al infierno que los católicos nos han vendido, ni tampoco es el fin de la existencia de la vida como la conocemos. Para mí, es el cierre de un ciclo, al cual venimos para cumplir con algún propósito en específico, y a cuyo término abandonamos el estuche que es nuestro cuerpo para, después, adoptar otro diferente y continuar con nuestro propósito como almas que somos.

Pero ese soy yo. Esas locuras las comparto con poca gente, y sin lugar a dudas me han ayudado a enfrentar la muerte de manera distinta, a tal grado que le he dejado de temer (sin que eso signifique que “le juego al valiente” día con día), lo que algunas personas han considerado como una falta de sensibilidad o indiferencia hacia la tragedia de las personas.

En fin, me desvío del tema. Espero que René haya disfrutado su tiempo en esta tierra como todos están destinados a hacerlo, pero pocos lo logran. No tuve el gusto de conocerlo, pero le deseo lo mejor para su próxima aventura que es la vida; ojalá haya dejado algún legado que sus hijos mantengan vivo una vez que logren entender lo que sucedió ayer, justamente en el día del niño.

De mi parte, les deseo a ellos y a todos ustedes que el Universo los cuide en su andar diario. Que el universo cuide a René donde quiera que esté ahora, y a ustedes que tengan las ganas y la fuerza necesaria para cumplir el objetivo de ser felices en esta vida.

 

#ContraElSilencioMX                                      #EPNvsInternet                                          #NoMasPoderAlPoder

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