Un día en…el centro de Coyoacán

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El fin de semana anterior tuve la oportunidad de ir a Coyoacán, sin duda mi spot favorito en la Ciudad de México, por la variedad de opciones que uno encuentra para entretenerse o convivir con su familia o amigos. En esta ocasión fui con mi novia quien decidió pasear a sus amigos que la visitaban de Tijuana. Considerando que ellos la alojan en su casa cuando menos una vez al mes en aquella ciudad fronteriza, lo menos que podíamos hacer era llevarlos a uno de los mejores lugares en el DF.

centro coyoacan 3La idea era sencilla: comer en uno de los tantos bares-restaurantes que han hecho de Coyoacán su bastión, para después evitar el famosísimo “mal del puerco” mientras paseamos por las plazas del centro de Coyoacán, helado en mano, y estando atentos a cualquier espontáneo que decidiera hacer acto de presencia para exhibir alguna de las tantas gracias que los seres humanos solemos hacer con la clara intención y determinación de sobresalir en algo: presentaciones artísticas callejeras de mimos o payasos, retratos para el niño, para la niña o la damita, o venta de uno de los múltiples productos que ofrecen para entretener a los hijos, como juguetes que se rompen después del primer uso o globos con forma de personajes de caricaturas que nosotros los adultos ya no reconocemos y de los cuales, la gran mayoría, nos horrorizamos nomás de verlos.

Una de tantas curiosidades de Coyoacán está el que se haya vuelto el lugar favorito para que la gente saque a pasear a sus perros. O al revés, porque mientras las personas hacen su mayor esfuerzo para fingir que tienen la situación bajo control, la cara de sufrimiento que ponen a cada tirón de correa que da su respectivo can pone en evidencia que quizás son los perros quienes sacan a pasear a las personas.  Pero no les digan a éstas que es claro quien pasea a quien para no echar abajo el velo que oculta una de las más grandes mentiras en la historia de la humanidad.

Lo anterior viene a cuento porque Coyoacán, pareciera, se ha convertido en una pasarela canina. Dálmatas, puigs franceses, Schnauzers miniaturas, labradores y los siempre identificables streeters son algunas de las razas de perros que capotean las piernas de las personas al caminar, mientras otros se detienen a admirarlos y acariciarlos, una vil excusa para acercarse al dueño o dueña del perro que, a la vez, se convierte también depositaria de sus admiraciones y suspiros.

centro coyoacan 5Una vez superada la fiebre canina, nuestra atención se volcó hacia un individuo disfrazado de Batman que, válido sea el cliché, ofrecía tomarse fotos con las personas por la módica cantidad de $10 pesos POR PERSONA. Si cuando paseas en Coyoacán cargas hasta con el perico y, presa de la curiosidad, deciden en familia dejar para la posteridad que conociste en persona a uno de los más grandes súper héroes que la humanidad haya conocido jamás, te va a costar tus buenos pesitos porque, de otra manera, ¿de dónde saca Batman tanto dinero para mantener sus excentricidades? Digo, si el propio Batman tiene que recurrir a fotografiarse con algún (iluso) individuo por ese monto, lo único que puedo concluir es que el negocio de salvar ciudades y personas ya no es tan rentable como lo era algunas décadas. O quizás es simplemente hacer ver a las personas que, súper héroe y todo, pero se mantiene siempre humilde y a la disposición del público que tanto le ha dado y a quienes su fama y renombre les debe.

El problema para Batman era competir, no sólo con los dueños de los perros que le quitaban toda la atención, sino con el  cansancio que hacía mella en su físico, lo que provocaba que se tuviera que sentar un rato sin máscara para poder descansar mejor, situación que provocó la desilusión, primero, en niños al ver que el cine nos miente vendiéndonos súper héroes musculosos cuando, en persona, era más prominente la panza que su nariz; y segundo en mujeres, porque resulta que Batman no es tan galán como en las películas ni su voz es tan grave como para generar las más ocultas cosquillas con un simple susurro al oído. Ni siquiera un señor de avanzada edad que se paseaba por las plazas arrancando sonrisas de cuanto peatón se le cruzara con un letrero que rezaba: “Sonríe, es gratis. Amor y Paz” se quejaba de estar tanto tiempo de pie sin descanso.

centro coyoacan 4Lo anterior es una mentira, lo confieso: el viejito pasaba más tiempo sentado que caminando, lo cual es comprensible considerando que, a esas edades, uno de gracias de poder levantarse siquiera de la cama cada mañana. Eso sí, muy cansado y avanzado en edad, pero nunca se le borró la sonrisa de la cara. Una de dos: o el señor tiene muy buena actitud ante la vida, o se reía de saber a quién iba a echarle la culpa por alguna broma o travesura que haya hecho. Sea el motivo que sea, lo chingón era ver al señor sonriendo prácticamente todo el tiempo. ¿Cuántas personas hemos dejado de sonreír, preocupados en cosas triviales de la vida diaria e ignorando lo valioso que es el poco o mucho tiempo que nos queda en este lugar llamado tierra?

Dénse una vuelta por Coyoacán. Conozcan sus plazas, bares y restaurantes, coman churros rellenos o buñuelos bañados en piloncillo, dense una vuelta por el mercado de artesanías, o disfruten de un helado mientras ven el show que da Charles Chaplin región 4 en el Jardín Hidalgo. Si bien es un lugar muy concurrido los fines de semana, les aseguro que no se aburrirán en lo mínimo.

 

#ContraElSilencioMX            #ConMexicoNoSeJuega               #EPNvsInternet             #NoMasPoderAlPoder

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