El corazón es un gitano – Rafael Pérez Gay

Por razones de trabajo, es necesario que haga un viaje en avión al menos una vez al mes. A veces me toca trasnochar en la ciudad que me recibe, y otra es ir ida y vuelta el mismo día. Sin importar cual sea la modalidad, hay algo que siempre me acompaña a donde sea que vaya: un libro. El pasado lunes 16 de junio tuve la oportunidad de ir a Guadalajara para atender algún asunto allá. La rutina mañanera de cada día hizo presa de mi, excepto que todo lo tuve que hacer dos horas antes de lo acostumbrado. Para no ahondar en mi día a día (no es tema de hoy), sólo les diré que jamás había pasado por un desazón tan intenso como cuando me di cuenta, a mi llegada al aeropuerto, que había olvidado el libro en turno. Es tanto el gusto que tengo de leer –y más cuando salgo de viaje- que me vi obligado a hacer algo que jamás pensé hacer: comprar un libro en el aeropuerto. Entrar a cualquiera de las dos librerías que hay en la Terminal 2 del Aeropuerto de la Ciudad de México es toda una aventura; crees tener todo el tiempo del mundo para elegir tu siguiente víctima que puede llegar la hora del abordaje y sigo ensimismado en todas las opciones que tengo a la mano. rafael perez gayPor alguna extraña razón elegí a un autor del que ya había oído antes, pero nunca tuve la curiosidad de abrir alguna de sus obras. Podría inventarles un cuento chino sobre como el libro que compré me “eligió”, como si fuera un especie de interconexión celestial que dictaba desde tiempos ancestrales que ese día, exactamente, nos íbamos a encontrar como dos desconocidos cuya mirada se cruza para clavar la flecha de cupido en uno y otro corazón. Pero sería una mentira. La verdad es que lo elegí por ser uno de los más delgados que se exhibía del sello editorial Alfaguara, y como tengo todavía una pila de libros pendientes de lectura en casa, me incliné por uno que no interrumpiera el curso normal de mi lectura durante muchos días. Acto seguido, ya instalado en el avión, abrí “El Corazón es un Gitano”, de Rafael Pérez Gay y solo hice a un lado su lectura una vez que me bajé del avión y durante el tiempo que estuve atendiendo la audiencia que motivó mi viaje a Guadalajara. Y así, tal cual, se me fueron 193 páginas de anécdotas narradas por Rafael Pérez Gay con un estilo que transmite, con cada una de sus letras, la nostalgia de extrañar a los padres, la preocupación de esperar a que vuelvan los hijos de sus odiseas nocturnas, lo frustrante que resulta vivir en la ruidosa colonia Condesa del DF, y la angustia al recibir una mala noticia relacionada con la salud. Las sílabas parecieran volar de las hojas una vez leídas. El estilo es tan coloquial pero a la vez elegante, que el lector se sumerge en las páginas del libro para aparecer a un lado del escrito, acompañándolo mientras repasa las líneas que recién escribió. Si son aficionados a la lectura ligera, éste libro es para ustedes. No sólo no les quitará mucho de su tiempo, sino que abonará a que, al menos momentáneamente, nos olvidemos del tiempo como medida cíclica y se convierta en el medio para transportarnos de un año a otro, de espacio a espacio siempre a lado del autor. No sé. Al final, quizás no fue una simple coincidencia que olvidara el libro que tenía pendiente, y así como alguna vez fui creyente de alguna religión (lo cual ya no, gracias a dios), hoy estoy convencido que no fui yo quien eligió el libro, sino que en esta ocasión me convertí en una víctima más. Una afortunada víctima.   #ContraElSilencioMx         #EPNvsMéxico           #NoMásPoderAlPoder               #ConMéxicoNoSeJuega

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