Un día con…el tiburón ballena

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de viajar a Cancún de vacaciones, y si algo disfruto hacer mientras tomo unos días libres, ya sea en el DF o en el sitio al que vayamos, es conocer lo más que se pueda de la cultura o actividades un tanto fuera de lo comunes, que me den la posibilidad de hablar sobre algo más allá del hotel, la comida y la fiesta.

En esta ocasión surgió la idea de ir a ver al tiburón ballena, gracias a la sugerencia de una amiga de mi novia, cuya prima trabaja en la zona de la Riviera maya/Cancún, y quien ya había vivido la experiencia de conocer a esos animales. Así que, investigando lo más que pudimos la distancia a la que nos encontrábamos, el costo y los pormenores de la actividad, nos dieron el horario en el que veríamos a la personas que nos guiaría en esta expedición, para levantarnos al día siguiente en horas a las que ninguna persona en sus peores sueños húmedos se levantaría en un día común de vacaciones.

Una vez que llegamos a nuestro empezamos a preguntarnos si podríamos fiarnos de alguien a quien conocen como “Juan Loco” para realizar esta actividad. Al final, resultó que sí, porque lo que Juan Loco hizo fue presentarnos a su hijo, quien sería el capitán de la embarcación que nos acercaría al lugar en donde se encontraban los tiburones ballena ese día.

Es posible nadar a un lado de estos seres.
Es posible nadar a un lado de estos seres.

Una vez hecha las presentaciones, nos montamos en “La Cosita”, nombre de la lancha a la que le tomó una hora aproximadamente llegar al lugar en donde estos magníficos seres obtenían su alimento: plancton y peces pequeños, como atunes. Una vez que nos unimos al enjambre de embarcaciones de las que subían y bajaban personas con chalecos salvavidas y equipo para hacer snorkel, nos explicaron la dinámica, nos dieron el equipo necesario y, en parejas, brincábamos fuera de borda para perseguir a las estrellas del momento. La dinámica consistía en estar en el mar persiguiendo a los tiburones alrededor de cinco minutos, para posteriormente volver a la embarcación y permitir que otros dos acompañaran al instructor, mientras el resto esperamos nuestro siguiente turno, hasta cumplir un total de tres.

Como reza el refrán: “la primera impresión nunca se olvida”, lo mismo aplica al contemplar las maravillas de la naturaleza. Encontrarse a un costado de seres que miden entre 8 y 10 metros de largo es, simplemente, impactante. Confieso que en mi primer turno nadé no tan cerca como se podía de los tiburones ballena, un poco por el asombro y otro por el miedo a que uno de sus aletazos trasero pudiera acabar con mi aventura en cualquier momento.

Sin embargo, una vez que nos explicaron que estos animales buscan a toda costa evitar cualquier tipo de contacto con nosotros, me di cuenta que no había nada qué temer, y para mi segundo round logré nadar durante varios metros a muy poca distancia de uno de ellos. Si nos hubieran dado el permiso de tocarlos mientras nadábamos, habría estado a la distancia suficiente para poder hacerlo. Pero, la primera regla que nos dieron fue esa, justamente, la de no tocar por ningún motivo a los tiburones.

Lo mejor de esta experiencia fue haber estado a punto de colisionar de frente con dos de los tiburones. La primera ocasión, al momento de dar la vuelta para regresar a la embarcación por órdenes del instructor, lo primero que vi de frente fue el hocico abierto de uno de ellos (de los tiburones), lo que me llevó a pensar que no resultaría muy difícil engullirme con un hocico de tal tamaño, sentimiento que se diluyó cuando logré recordar que estos tiburones no son carnívoros, por lo que las ganas de pegar un grito bajo el agua se fueron de inmediato.

La segunda ocasión, estábamos tratando de seguir el ritmo de uno de los tiburones y, una vez que se nos adelantó –y por mucho-, decidimos regresar para interceptar a otro. Pero cual fue la sorpresa sino que al girar, parecía que uno de ellos nos perseguía a nosotros, por lo que tuvimos –en particular mi novia- que evitar movernos en la medida de lo posible para no causar un accidente. ¿El resultado? El tiburón pasó por debajo de mi novia, raspando inevitablemente su rodilla debido a lo áspero de su piel (la de los tiburones).

Es importante mencionar que, si alguien les recomienda tomarse uno o varios dramamines antes de emprender esta aventura, en verdad háganlo. Una embarcación que está sin moverse en altamar combinado con un oleaje llamado “bobo” es la mejor receta para que 10 de los 13 que íbamos en “La Cosita” se marearan e, incluso, terminaran vomitando en el mar. La situación empeoraba a cada minuto, sobre todo porque el color de la piel de la mayoría de las personas cambiaba gradualmente de morena o blanca (con nosotros iba una persona de Dinamarca y otras dos de Estados Unidos) a verde alga.

Isla Mujeres
Isla Mujeres

Una vez que todos terminamos nuestros tres turnos, y con la finalidad de evitar alguna baja causada por el mareo, emprendimos el camino rumbo a Isla Mujeres para comer y descansar un poco ahí, antes de dirigirnos a nuestro destino final: el muelle de Punta Sam, y de ahí cada quien a su respectivos hoteles.

Les comparto esto para que se den la oportunidad de realizar esta actividad en cualquiera de sus futuras visitas a Cancún/Playa del Carmen. Ayuda, sin lugar a dudas, para recordarnos en donde estamos parados en este inmenso lugar que es el planeta tierra y, aún más, en el universo. Conozco mucha gente que se cree el centro del universo, pero colocarnos a un lado de estos magníficos seres vivos, y poder contemplar la inmensidad del océano mientras durante nuestros traslados te pone en perspectiva de en dónde estás como parte de todo el universo que conformamos los seres vivos. 

#EPNvsMéxico      #NoMásPoderAlPoder         #ContraElSilencioMX      #ConMéxicoNoSeJuega

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