Un día en…COYOACÁN, durante el grito de Independencia

El lunes anterior fue 15 de septiembre y, como cada año, personajes de la política de los tres niveles de gobierno a lo largo y ancho del país continuaron con la tradición de dar el famoso “grito de independencia” en la plaza principal de su comunidad, rodeados –supongo- de un gran número de personas que gustan de celebrar año con año nuestra fiesta nacional.

Y sí, me refiero a ella como una fiesta porque, a pesar de las circunstancias en las que se encuentre inmerso el país, pareciera que a la gran mayoría de las personas no les afecta el entorno y se dejan llevar por la euforia de la ocasión. O, quizás, sólo es un pretexto más para reunirse con amigos y familiares en algún lugar y festejar como si fuera nuestro cumpleaños, sólo que el motivo de la reunión se llena de los colores patrios: verde, blanco y rojo.

En mi caso, suelo reunirme en casa de algún amigo o familiar como buena excusa para convivir. Sin embargo, este año fue diferente ya que, contrario a mis costumbres, no tenía nada planeado hasta la hora de la comida, en la que decidimos ir a una de las plazas más concurridas del Distrito Federal: Coyoacán. La decisión se tomó considerando que un día antes había llegado desde Alemania la prima de un amigo y, por qué no, decidimos mostrarle cómo se vive un día de aniversario de la independencia en la capital del país. He de confesar que siempre trataba de huir de ese tipo de lugares en fechas como ésta. Sin embargo, hoy puedo decir que fue la mejor decisión que pudimos tomar, y no sólo por la distinguida visitante, sino por nosotros mismos, al darnos la oportunidad de vivir de cerca un evento como éste, al que concurre una gran cantidad de gente con la única intención de conmemorar, como cada año, el aniversario del grito con el que se inició la guerra de independencia, que en este 2014 se cumplieron 204 años de aquél suceso.

Jardín Hidalgo, en Coyoacán, durante la verbena por las fiestas patrias.
Jardín Hidalgo, en Coyoacán, durante la verbena por las fiestas patrias.

Si, como yo, son de los que reniegan de acudir a plazas públicas para estos eventos, los invito a que se den la oportunidad de vivirlo aunque sea una vez, para que puedan conocer como es una fiesta mexicana rodeados de, valga la redundancia, mexicanos cuya memoria selectiva decide omitir los problemas de todo un año para dar rienda suelta a su nacionalismo, aunque sea un día al año. Es un gran espectáculo, no sólo el que dan las personalidades que desfilan en el escenario para tocar música, cantar, presentar artistas, presidir la ceremonia y, por supuesto, para dar el grito acompañado del repique de las campanas con el que simbólicamente se llama “a las armas” a todas las personas, sino también todo lo que se mueve en torno al evento: mercado de comida –obviamente mexicana- expuesta ante los ojos de mexicanos y extranjeros que, curiosos, tratan de probar todo lo que se cruce en su camino.

No puede faltar, tampoco, el folklor de la vestimenta mexicana: niños y adultos vestidos con alguna prenda representativa de México, sea sombrero, jorongo, falda o botas. Se hacen también presentes pelucas con los colores de la bandera nacional, así como “maquillaje” verde, blanco y rojo para exhibir nuestro fervor mexicano en el rostro, además de bigotes falsos al más puro estilo de Emiliano Zapata que, valga el comentario, apareció en la escena nacional cien años después de haber iniciado la guerra de independencia, nimiedad técnica que se pasa por alto para mostrar otro aspecto de nuestra mexicanidad.

Una vez instalados en un local ubicado justo a un costado de la iglesia, y acompañados de algunas cervezas y tequilas, llegaba la hora del grito en el que el hoy infame presidente de México aparecía en la televisión para cumplir con el protocolo de la entrega de bandera, presentarse en el balcón presidencial de Palacio Nacional, y dar el grito acompañado del repiqueteo de la campana. Sin embargo, en el lugar en donde nos encontrábamos tuvieron el acierto de callar el sonido de la televisión y poner una de las tantas canciones con las que la banda mexicana llamada MOLOTOV suele manifestar su descontento ante la situación social que se vive al momento de escribirla: la de “PUTO”. Con la mirada puesta en el cielo para admirar los fuegos artificiales, no podía evitar pensar en todas y cada una de las canciones de ese grupo que podrían formar parte del soundtrack que los mexicanos podríamos elegir para acompañar la vida política nacional: Hit me, Gimme the power, Voto Latino, Ánimo Delincuencia y Chinga tu madre son apenas algunas de las que podrían formar parte de la banda sonora de nuestro país.

Eso sí, no se les ocurra observar los fuegos artificiales apartados de algo que cubra su cabeza, porque seguro serán blanco de los cientos de proyectiles que de ellos salen disparados después de haber sido parte del espectáculo. Lo aprendí esa noche, y a la mala.

Nuestro flamante presidente y su (desangelado) grito de Independencia
Nuestro flamante presidente y su (desangelado) grito de Independencia

No sé ustedes, pero desde hace muchos años soy un desencantado con la política mexicana, por los escándalos de corrupción, impunidad, abuso del poder, escándalos y demás notas que sólo proporcionan al mexicano un motivo más para ubicar a los políticos –sin distinción alguna de color o partido- en la escala más baja de la sociedad: estamos los mexicanos y, muy por debajo de nosotros, ahí en donde se localizan las heces fecales de perros, gatos y demás animales, apenas empatados con la basura que todavía en el siglo XXI seguimos tirando en la calles, están bien pertrechados los políticos, gracias a todas las gracias –redundancia permitida- con las que logran llenar páginas de periódicos y cientos de videos exponiendo el desparpajo con el que manejan los asuntos propios del ejercicio del poder.

Sí, como podrán ver, alucino a los políticos mexicanos, en especial a los partidarios del PRI que, nos guste o no, tanto daño han hecho a este gran país.

Y bueno, no me gustaría ahondar tanto en el tema de nuestro flamante presidente y su desangelado grito –otra vez-, o de cómo tuvo que llenar su estacionamiento –perdón-, la plancha del Zócalo capitalino con los ya acostumbrados acarreados (parte también del folklor mexicano) para tratar de opacar los gritos de rechazo hacia él con porras alentadas por una torta y un refresco, ni mucho menos de cómo se tomó la brillante decisión –como todas las de él- de revisar incluso a los niños que iban en carriola (o mejor conocido como “basculear”), ya saben, por cuestiones de seguridad debido al inmenso miedo que tiene de que alguien le vaya a hacer algo, aunque no entiendo por qué, si ha sido todo un paladín de la democracia y todo en aras del bienestar de unos cuantos –err- perdón, de todos los mexicanos. Lo que sí quisiera recalcar es, considerando el parecido que tienen los hijos de nuestro flamante presidente con su papá (los biológicos, claro, no los regalados por televisa), quiero suponer que el propio mandatario se ha de parecer también un chingo a su madre, aunque todavía está por confirmarse.

En efecto, no quería quedarme con las ganas de decirlo.

Para Terminar

Unos apuntes acerca del grito:

  • El grito original lo dio Miguel Hidalgo el 16 de septiembre, pero Porfirio Díaz decidió cambiarlo al 15, fecha en la que cumplía años.
  • El cura Miguel Hidalgo fue elegido para dar el grito, por lo que representaba su figura para los indígenas mexicanos, quienes se sentían más identificados con él que con Ignacio Allende y Juan Aldama, verdaderos operadores detrás de la guerra de independencia, y quienes encabezaban el movimiento insurgente.
  • Paradoja histórica: el grito de dolores era un proclama de sumisión a la Corona Española. “Viva la Virgen de Guadalupe. Viva Fernando VII, muera el mal gobierno”. De independencia, nada.

Espero que ustedes hayan pasado un gran día de fiesta nacional, y que en futuras ocasiones consideren acudir a un lugar público, para conocer la verdadera identidad de mi querido México, rodeados de gente y del folklor que nos caracteriza en esta época de fiestas patrias. Para los extranjeros, gracias por visitarnos y más en esta época en la que todos estamos de fiesta, a pesar de las pendejadas de nuestros pendejos políticos y su manera pendeja de manejar este país. ¡Son más que bienvenidos (ustedes, no la bola de pendejos que tenemos como gobernantes)!.

Perdón, lo volví a hacer.

#EPNvsMexico        #NoMasPoderAlPoder       #ConMexicoNoSeJuega          #ContraElSilencioMX

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