Gracias, señor presidente.

Desde que figuraba al frente del gobierno del Estado de México, Enrique Peña Nieto daba muestras de ser un político de plástico, un producto más de mercadotecnia, de esos que las televisoras preferidas de los mexicanos acostumbran a fabricar, con la intención de “cobrar las regalías” más adelante. Durante su campaña evidenció lo que todos sabemos: que ha llegado a los puestos que ha ocupado, no por pericia ni capacidad, sino a base de apadrinamientos e intercambio de favores, sobre todo con los medios de comunicación que, a modo, promueven una imagen distorsionada de lo que es y lo que hace (o no hace), con tal de vendernos un producto que, si atendemos a las reglas de la PROFECO, posee una publicidad engañosa.

Un hombre que no lee no tiene derecho a dirigir un país.
Un hombre que no lee no tiene derecho a dirigir un país.

Sí, Peña Nieto es el presidente de México, y no ha demostrado ni un solo día la capacidad para cargar con tal paquete. Es un hombre inculto (su pifia en la FIL Guadalajara en el 2011 al no poder nombrar los tres libros que han marcado su vida lo ha hecho famoso mundialmente), hecho a la medida por Televisa (¿qué creían, que su “relación” con Angélica Rivera es obra del mismísimo cupido?) y cobijado por las empresas energéticas y de telecomunicaciones cuyos intereses son protegidos por la cúpula príista, el señor está ocupando un lugar que, primero, no se merece y, segundo, carece de legitimidad por los múltiples escándalos durante el proceso electoral del 2012. En los anales de la historia, el nombre de Enrique Peña Nieto como titular del ejecutivo estará acompañado siempre por un asterisco, no sólo por la forma en la que ascendió al poder, sino por cómo se ha desempeñado al frente del mismo.

Error tras error en sus discursos, frases que terminan por revelar lo poco preparado que está para llevar a cabo de manera eficiente su papel, y los múltiples escándalos de corrupción que lo acompañan todos los días, son muestra de un problema mucho más grave: falta de conocimiento de su propio país. Sin embargo, esto no debería extrañarnos: cuando una persona sirve a los intereses de unos cuantos, el grueso de la comunidad es orillada al olvido. Claro que, gracias a la política de imagen que predomina en México, los Príistas creen que vivimos todavía en los años 60s y 70s, y que pueden engañarnos gracias a cantidades groseras de dinero gastadas en “comunicación social”, que no es otra cosa que publicidad y mercadotecnia que hacen de éste y muchos más personajes de la política (pregunten en Chiapas como les va con el impresentable de Manuel Velasco), simples mercancías ofrecidas a los mejores postores o, para ser más exactos, a los empresarios que puedan pagar favores con más favores.

Marcha 2Lo que es claro es que EPN no sabe o no le gusta la historia, y mucho menos la de México. Supongo que durante sus años estudiantiles pasó de noche cuando sus maestros explicaron lo sucedido en 1968, con la matanza de los estudiantes en Tlatelolco, a manos de sus ascendientes políticos Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría y, por lo tanto, se perdió una de las lecciones más importantes: No meterse con los estudiantes de este país.

Como es sabido –prácticamente en todo el mundo-, el pasado 26 de septiembre, alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, ubicada en la población de Ayotzinapa, en el Municipio de Tixtla, Guerrero, fueron atacados por la policía municipal, lo que derivó en la muerte de 3 estudiantes, 6 heridos y 43 desaparecidos. Un mes después, el “costo político” de tal acción ha generado la renuncia del gobernador de Guerrero, la fuga del Presidente Municipal de Iguala y su esposa –a quien se le achacan nexos con el narcotráfico-, y la caída estrepitosa en popularidad del presidente de la República. Como titular del poder ejecutivo, el presidente en turno ha hecho mínimas apariciones en público, y cuando lo hace, sus manifestaciones son tibias, de protocolo y sin proponer alguna acción en concreto que pueda ayudar a encontrar a los 43 normalistas desaparecidos.

La noticia ha dado, literal, la vuelta al mundo. Manifestaciones de repudio hacia lo sucedido con esos estudiantes, y el reproche de la comunidad internacional a Enrique Peña Nieto por sus omisiones en la conducción de la política de seguridad en México (se dice que en dos años de mandato, ha muerto más gente por conflictos con el narcotráfico que durante todo el sexenio de Felipe Calderón, cuya huella de su gestión era el combate a la violencia) han logrado lo que todos en su papel habían soñado: unir al país.

Lo sucedido con los normalistas de Ayotzinapa es la chispa que necesitaba el país para despertar.
Lo sucedido con los normalistas de Ayotzinapa es la chispa que necesitaba el país para despertar.

Lo malo de esto –para el gobierno de EPN y los infames Príistas-, es que el ingrediente principal de la cohesión de la sociedad mexicana es, justamente, el repudio al propio presidente y la exigencia de obtener resultados contundentes e inmediatos a este problema. Como en 1968, el ambiente en el país es muy tenso, bajo la idea de que este conflicto no es sólo de los familiares de los normalistas desaparecidos, sino de la sociedad en general en contra del corrupto e ineficiente gobierno del producto televisivo llamado Enrique Peña Nieto. Y para muestra, basta un botón: el 5 de noviembre se llevó una serie de manifestaciones sociales, no sólo en distintas ciudades de la República Mexicana, sino alrededor del mundo, en protesta contra el gobierno mexicano, por la falta de acción y de respuestas ante un problema tan grave. Y es que no todo quedó en los 43 normalistas desaparecidos, sino que, derivado de las “investigaciones” realizadas por el gobierno, han aparecido innumerables fosas en los alrededores de Iguala con un gran número de cuerpos enterrados en ellas.

Y si no fuera suficiente, el gobierno del inepto de EPN ha tratado de minimizar las manifestaciones que han tenido lugar en todo el mundo, tratando de aparentar que en México todo marcha bien, cuando la realidad es otra, completamente opuesta.

Todo lo anterior ha derivado, eso sí, en el cumplimiento de una de las múltiples promesas de campaña de Peña Nieto: mover a México.

S

Contingente de la marcha del #5deNoviembre
Contingente de la marcha del #5deNoviembre

eñor presidente: lo logró. Lo que tanto prometió durante su campaña electoral hoy es una realidad: México se mueve, gracias a usted y a pesar de usted. Hoy, como no se veía desde 1968, la sociedad mexicana es homogénea, y ha decidido dar la espalda a todos los factores que tanto la dividen, para volverse una, en contra de usted y de los políticos como usted. Entienda algo, señor presidente: el país está despertando de un letargo autoinducido, porque ya está harto de ver como las personas en el poder, como usted, abusan de su posición en favor de intereses personales o de unos cuantos. Estamos hartos de colocarlos en una posición de privilegio, para que al llegar a ella nos dé la espalda. Estamos cansados del sistema, de la partidocracia, de la política y, sobre todo, de los políticos. Estamos agotados de ver como cometen, uno tras otro, actos de corrupción sin obtener el castigo que cualquier mortal recibiría si incurriera en lo mismo. Estamos hartos de ver como arruinan la juventud mexicana, esa en la que tanto ponen sus esperanzas para construir un mejor país, pero a la que oprimen ante el primer acto de reproche hacia su gestión. Estamos hartos de que priístas, panistas, perredistas y demás se burlen del pueblo en su propia cara.

Marcha 7El pasado 5 de noviembre por fin se movió México, en un mismo sentido y bajo una misma bandera: ya basta de represión, basta de abuso del poder, y basta de la narcopolítica, esa que tanto daño hace a los mexicanos, pero de la los políticos que se enriquecen a manos llenas. Basta de un sistema podrido, en donde el dinero de unos cuantos marca el rumbo que toma el país. Basta de querer ocultar una realidad recurriendo a la televisión mexicana, esa que, también, tanto daño hace a los mexicanos. Gracias a usted, hoy los mexicanos sabemos la verdad: que es usted un mal presidente, que no tiene la capacidad para gobernar a un país como México y, señor presidente, le tengo malas noticias: NO LO QUEREMOS. Renuncie. El artículo 86 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos prevé la posibilidad de que el presidente renuncie, cuando medie causa grave. ¿Qué más causa grave necesita que los niveles desbordados de violencia en el país? ¿Cuál otra sino que el propio Estado mexicano está matando a su juventud, hipotecando así su futuro? ¿Quiere más? Corrupción como hace mucho no se veía, gasto desmedido del presupuesto para hacer oficinas y comprar aviones; el ejército realizando ejecuciones sumarias, y un sinnúmero de políticos con nexos con el crimen organizado.

Gracias, señor presidente, porque logró lo que todos habíamos soñado: unir a México, a los mexicanos, para que nos moviéramos en un mismo rumbo: contra usted.

#EPNvsMéxico       #AcciónGlobalAyotzinapa         #RenunciaEPN

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