¿Qué es el éxito?

Por un lado, está el joven de la metrópoli entrando en sus treintas, con título universitario y posgrados, que viste trajes de marcas de reconocidos diseñadores, maneja autos último modelo y vive sólo en un condominio de las zonas exclusivas de la ciudad. Por el otro, está el que vive con dos personas más en un departamento sencillo, en la playa, y por la mañana viste jeans roídos y playeras estampadas, tenis converse de algunos años de uso, y su atuendo laboral incluye trunks como traje de baño, flip-flops y la misma playera con la que llegó al muelle. Uno trabaja en un banco de inversión con oficinas en todo el mundo, mientras el otro se dedica a pasear turistas para que puedan observar y nadar a los tiburones ballena y demás fauna que habita en el mar frente a la costa del caribe.

Seguramente uno de ellos gana mucho más dinero que el otro, aunque éste lo compensa con más tiempo libre al término de sus labores diarias. Al caer la noche, los dos duermen plácidamente, cada quien en su cama, para amanecer al día siguiente y emprender una vez más las actividades que les corresponde día con día.

¿Cuál de los dos es más exitoso?

Algunos dirán que el joven de la metrópoli es más exitoso, mientras que otros dirán que el que vive en la playa lo es más que el primero. La realidad es que no se sabe, o al menos no hay un parámetro establecido para determinar quién es más exitoso y con base en qué hacemos esos cálculos. Creo que, al final, todo depende de cómo se mire.

éxito2Hagamos un ejercicio: coloquen una mano por encima de su cabeza, cierren el puño y extiendan únicamente el dedo índice. Ahora, empiecen a dibujar círculos con el dedo índice en el sentido de las manecillas del reloj, y observen su dedo mientras lo hacen. Después, bajen poco a poco la mano hasta que la tengan por debajo de su cabeza, y vuelvan a observar: ¿en qué sentido gira su dedo?

Ese es el punto crucial que quiero demostrar: el éxito depende de la perspectiva con la que se mire. Habrá gente que considera el éxito como ganar mucho dinero, mientras habrá otros para los que el éxito es tener mucho tiempo disponible para hacer las actividades que quieren, sean remuneradas o no.

Claro que no podemos olvidar el rol que juega la sociedad en la que vivimos, esa que nos ha vendido como imagen del éxito aquella de la persona que tiene la posibilidad de acceder a todos los lujos imaginables, esos que vemos una y otra vez en películas y series de televisión, reforzadas por las imágenes que nos muestran en la publicidad de todos los productos que las marcas hacen que necesitemos, pero que en realidad podemos sobrevivir sin ellas. El famoso consumismo (o materialismo, como le llaman algunos) pareciera dictar los estándares del éxito en los últimos años.

Sin embargo, es importante no perder de vista que el propio consumismo es una falsa ilusión, una manera de conseguir felicidad por un motivo, misma que puede desaparecer, ya sea al momento de obtener ese objeto de nuestro deseo, y al tenerlo ya no lo deseamos más, o porque tiempo después aparece un objeto más novedoso que acapara nuestra atención, y volvemos a un estado de ansiedad entre tanto no lo tengamos en nuestras manos. Un círculo vicioso cuyo centro se tambalea, dependiendo de en qué enfoquemos nuestro deseo para obtener felicidad.

Es por esto que, hoy más que nunca, creo que el éxito no radica en el número o naturaleza de las cosas a las que podamos acceder gracias a la cantidad de dinero que ganemos, haciendo mucho menos válidas las comparaciones con respecto a la gente que nos rodea. Todo por una simple razón: ese éxito es efímero, material, y corremos el riesgo de considerarnos –a nosotros mismos- como un fracaso, si por designios de dios dejamos de percibir esa cantidad de dinero que nos permite obtener todos los bienes sobre los que basamos nuestra idea de éxito.

Desde mi muy personal punto de vista, creo que el éxito consiste en hacer aquello que nos hace ser feliz, sin incluir en la ecuación la cantidad de dinero o dividendos materiales que pudiera dejarnos. Seamos banqueros inversionistas o guías de turistas, las dos personas pueden considerarse igualmente exitosos si los dos hacen lo que les apasiona, sin miramientos por la cantidad de dinero o las marcas que uno trae en su ropa. El éxito lo atraemos nosotros mismos a nuestra esfera, cuando dejamos a un lado aquello que nos ha sido impuesto por terceras personas, y emprendemos nuestro propio camino, sea el que sea, pero siempre con el gusto de disfrutar la actividad a la que nos dediquemos.

éxito3¿Resultado? Tendríamos que dejar de juzgar a unos y otros por lo que hacen, pues no sabemos si están ahí porque no encontraron otra opción, o si lo hacen por el simple gusto de hacerlo, porque es su pasión y porque disfrutan esa actividad. Como el ejercicio del dedo por encima y por debajo de la cabeza, la perspectiva de éxito puede variar de persona a persona, y no por eso unos son más que otros. Al contrario, si todos hiciéramos lo que realmente nos apasiona, nadie tendría que preocuparse por lo que hacen los demás, ni tendríamos la posibilidad por sentirnos más o menos que otros. Al final, el éxito radicaría en nuestro interior, al estar haciendo eso que tanto nos apasiona.

Quizás les pude haber ahorrado toda esta letanía sobre qué se considera éxito, si tan sólo hubiéramos acudido al diccionario de la Real Academia Española, que lo define como:

  1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.
  2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.
  3. m. p. us. Fin o terminación de un negocio o asunto.
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