Gracias, niñas (o de como nos fue en el mundial de hockey sobre hielo)

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El pasado sábado 14 de marzo regresé de un viaje de casi 15 días por Europa, en el que, junto con el equipo de hockey sobre hielo femenil de México -acerca del cuál les hablé anteriormente- visitamos primero la ciudad de Chamonix, en Francia para posteriormente trasladarnos a Jaca, en la provincia española de Aragón, sede del campeonato femenil de hockey sobre hielo en la División II B, en la que el equipo de México competiría contra Islandia, Bélgica, Eslovenia, Australia y la local España por la medalla de oro y, en consecuencia, por la oportunidad de subir de división a la II A.

la foto1Pero vamos por partes. La idea de pasar unos días en Chamonix no atendió a ningún plan vacacional, ni mucho menos. Las niñas fueron invitadas a participar en una serie de dos juegos contra el equipo femenil de Chamonix, las Chamexpress Rebelles el cual, nos comentaron, es el segundo mejor equipo de la liga femenil de Francia, lo que auguraba que tuviéramos una buena preparación para la justa mundialista de unos días después, además de liberarnos del famoso jet lag que suele afectar a toda la gente que cambia de huso horario, y más con un compromiso tan importante como el nuestro unos días después. Nuestra estancia en Chamonix, si bien placentera, fue un tanto… ¿cómo decirlo?… improvisada. Meter a 27 personas en un hostal lleno de esquiadores extranjeros, trasladarnos en transporte público sin saber qué autobús nos llevaría del hostal a la pista y de regreso, y tratar de pedir una coca-cola en un idioma que muy pocos de nosotros dominamos –de hecho solo una de las 20 niñas hablaba bien francés-, hizo de nuestro viaje un capítulo de los looney tunes. Sin embargo, esto no sería sino un buen augurio de lo que pasaría en nuestros 4 días en ese lugar: dos triunfos en dos partidos, uno en tiempo extra 2-1 y el otro 6-2 en un juego en el que las niñas demostraron el verdadero nivel que el equipo ha alcanzado.

El trayecto a Jaca no estuvo libre de caos: una de las porteras perdió su pasaporte en el aeropuerto de Ginebra, la maleta de otra portera no llegó en nuestro vuelo a Barcelona, sino en uno posterior y eso porque lograron encontrarla, y a algunos les tocó presenciar como la policía española arrestaba a un pasajero para posteriormente esposarlo y ponerlo en un vuelo de regreso a su casa –supongo-. Una vez en Jaca, con maletas de hockey depositadas en nuestro vestidor, llegamos al hotel que sería nuestro hogar por los siguientes 10 días, el Reina Felicia. La bienvenida nos la dio el par de anfitrionas que había acompañado en el mismo rol al equipo varonil que visitó esa misma ciudad un año atrás. Tipazas las dos, siempre al tanto de nosotros, compartieron las mismas risas, corajes y alegrías que como equipo nos tocó vivir.

la foto3¿Cómo nos fue en el mundial? Islandia nos ganó en shootouts (1-2), vencimos a Bélgica (5-0), dimos contra Eslovenia uno de los mejores juegos de hockey que les he visto a las niñas en los 9 meses que llevo en este proyecto (3-0), nos rompimos nuestro propio corazón contra Australia en un partido al que no llegamos debidamente mentalizadas (1-3), y logramos silenciar a los aficionados españoles en un partido muy cerrado pero lleno de emociones en el que vencimos a las locales (3-2), anotando el gol del triunfo restando 40 segundos en el reloj. Resultado final: medalla de plata, sólo por debajo de Eslovenia a quien, valga la reiteración, habíamos vencido, sino cómodamente, pero sí dando muestras de lo que México es capaz, a pesar de ser el equipo “nuevo” en la división. Al final del torneo, nuestra portera titular fue nombrada la mejor del torneo, que si bien no es irónico para nosotros porque, sin lugar a dudas, era nuestra mayor fortaleza, si lo fue para el resto de los rivales que consideraban nuestra portería como el “punto débil” de México. Nada más lejos de la realidad.

Cabe mencionar que, durante una de las dinámicas que hicimos con el equipo justo antes de iniciar el mundial, en la que cada integrante exponía cual sería su compromiso con el equipo para lograr los objetivos planteados, les prometí a las niñas dos cosas: i) ayudarlas en todo lo que en mis manos estuviera para llegar a la meta, y ii) darles un speech al final si ganábamos la medalla de oro. Como algunos sabrán, mi fuerte no es precisamente hablar en público, pero siempre he tenido muchas cosas que decir, así que, tomando en consideración la emotividad que acarrearía un buen resultado en el campeonato, quisiera pensar que mi promesa fue un aliciente para que se esforzaran por conseguir un buen resultado, aunque no me considero lo suficientemente egoísta ni TAN importante como para pensar que tendría algún efecto alentador en ellas. El último juego llegó a su fin, y con la medalla de plata colgando del cuello sería mi turno decirles algo en el vestidor. Tantas cosas habría que decir, pero el tiempo era muy limitado sabiendo que nuestro autobús partiría un par de horas después hacia Barcelona para emprender el camino de vuelta a casa.

Sin embargo, recurriendo a algo en lo que me considero un tanto bueno como lo es escribir, aquí está, mi discurso final, para ese grupo de mujeres que tanto me ha dado en tan poco tiempo:

la foto4Niñas: color de medalla aparte, no puedo sino estar muy orgulloso de ustedes. Me llena de alegría ver hasta dónde han llegado y en lo que se han convertido en estos 9 meses que llevo con el equipo. Hace mucho no disfrutaba tanto un viaje como éste, en el que no paré de sonreír al verlas hacer lo que tanto aman, en el que disfruté cada uno de sus goles, de sus risas, de sus enojos, tristezas, eructos, olores y siempre buenos tratos. El camino es todavía largo, pero nunca como hoy los pasos que están dando habían inspirado a tanta gente a lograr lo que quiere, yo incluido. Si bien mi rol ha sido un tanto secundario al de todas ustedes, quiero que sepan que he puesto todo mi empeño en ayudarles a lograr lo que todos queremos: trascender, dejar de ser el típico mexicano que se queda en el “ya merito”; demostrar a nuestra gente que, a pesar de las circunstancias, hay un grupo de personas dispuestas a dar un extra de lo que cualquier persona común quiere dar, y a hacer todo aquello que los demás no quieren hacer, sea por desidia o por miedo a ser esa luz que guíe el camino del resto de la gente. Quiero decirles, también, que las admiro. Y mucho. Sin embargo, mi admiración va más allá de 90 minutos de entrenamiento o de 60 (a veces más) minutos de juego efectivo en un mundial. Las admiro porque todas ustedes han logrado combinar su vida “común” con una disciplina que exige desvelos, lesiones, cansancio y sacrificio de compromisos personales. Eso, niñas, las hace diferentes al resto de nosotros. Siempre habrá gente que no entienda lo que hacen, y mucho menos lo que persiguen, pero es esa misma gente la que se queda sentada en el sillón de sus casas esperando que las cosas sucedan, mientras ustedes han logrado entender que para trascender se requiere actuar, avanzar sin detenerse y sin importar lo que los demás opinen al respecto, de tal manera que dejen de ser una más del montón y se conviertan en líderes, de esos que este país tanto necesita, y que me inspiran a seguir adelante en cualquier cosa que me proponga. No existe excusa alguna para dejar este equipo que tanto me ha dado. Si en algún momento cruzó por mi mente retirarme al terminar el mundial, hoy más que nunca sé que encontraré la manera de organizar mi vida y seguir adelante, hasta donde todos decidamos llegar. Gracias a todas aquellas que en lo personal me manifestaron su deseo de que continúe en el equipo; quiero que sepan valoro más sus palabras que cualquier medalla que cuelgue de mi cuello.

Una vez más, estoy muy agradecido con todas y cada una de ustedes, por todo lo que me han enseñado en estos meses. Ánimo, que todavía falta mucho por andar, pero quiero que estén seguras de algo: hacia donde sea que vayan, ahí estaré, empujándolas para que sean unos monstruos como jugadoras de hockey, y ayudándoles para lograr las metas que se propongan, mientras ustedes me hacen ser una mejor persona.

Como siempre, muchas gracias.

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