Stephen Hawking – Breve Historia del Tiempo (un compañero del lector)

Hace algunos días por fin logré terminar el libro cuyo título encabeza este post. Y digo que “por fin logré terminar” porque empecé a leerlo a inicios de marzo como parte del viaje que hice a Europa y del cuál les hablé aquí, pensando que tendría suficiente tiempo libre para entretenerme con él, pero no fue así. Sin embargo, heme aquí, reseñándolo a mi más limitado pero sincero estilo.

Reconozco que la cosquilla de leer cualquiera de las obras de Stephen Hawking fue como resultado de haber visto la película La Teoría del Todo, nominación a los premios de la academia incluida. Nunca me había cruzado por la mente asomarme a uno de los libros cuya autoría es de los que la gente considera como uno de los más grandes y brillantes científicos de la historia de la humanidad.

Hawking2Breve Historia del Tiempo – Un compañero del lector es una compilación de entrevistas realizadas a gente que fue o ha sido muy cercana a Stephen Hawking a lo largo de su vida: desde su madre hasta sus alumnos en la Universidad, pasando por sus compañeros del doctorado, el libro reúne la perspectiva de aquellos con los que Hawking compartió una parte de su vida en determinado momento, permitiendo a quien lo lee conocerlo no como el Doctor Hawking, sino como Stephen, abordando incluso el tema de la enfermedad que hasta hoy en día lo aqueja.

De hecho, es exactamente el tema de su enfermedad (Esclerosis Lateral Amiotrófica o ELA, mejor conocida como la enfermedad de Lou Gehrig –aquel entrañable jugador de béisbol de los Yankees de Nueva York de la década de los 30- una parte medular de este libro, y es que no sólo refiere como la gente que no era cercana a Stephen desconocía a ciencia cierta lo que tenía, haciéndolo objeto de burla en muchas ocasiones, sino también como el hecho de que perdiera la capacidad motora de su cuerpo, junto con la amenaza de recortar considerablemente su expectativa de vida, hicieron que Hawking “acelerara” su trabajo de investigación, en ocasiones brincándose el proceso de cálculo y demostración de sus teorías, para llegar al resultado deseado a base de intuición y conocimiento que iba más allá de lo meramente científico. Además, el hecho de tener que hacer un esfuerzo considerable para comunicarse con el resto de la gente hacía que toda su concentración se focalizara en lograr demostrar o llevar a buen puerto sus investigaciones e hipótesis, lo que hizo aún más meritorio su esfuerzo, al enfrentarse a retos que los demás no conocían por obvias razones, pero siempre abordándolos con un sentido del humor muy ligero y que hacía de él mismo su principal fuente de bromas. Incluso Stephen Hawking ha accedido a participar en algunas series de televisión y entrevistas que distan mucho de relacionarse con su área de trabajo, tal y como se muestra en este clip, y en esta entrevista con el comediante John Oliver.

Hawking3¿Cuántas personas conocen que deciden darse por vencidas ante un reto, teniendo la décima parte de las dificultades de Stephen Hawking? Sí, es un cliché, pero no solamente ha logrado en materia científica lo que muchos quisieran, sino que logró vencer todas las expectativas de vida que los médicos le habían dado, llevando a cabo una vida tan plena como el lo ha permitido tomando en cuenta los inconvenientes que una enfermedad como ELA trae consigo.

Antes de terminar, voy a transcribir una de las que considero como partes favoritas del libro, en la que se hace referencia a temas científicos pero tan básicos como lo es el tiempo, y que Stephen Hawking explica de manera magistral, pero sencilla y entendible para la mente común y corriente, como la mía:

Con el fin de predecir la manera en que se inició el universo, se necesitan leyes que funcionen en el principio del tiempo. En el tiempo real, sólo existen dos posibilidades: o el tiempo sigue hacia el pasado para siempre o el tiempo tiene un principio en una singularidad. Se puede imaginar al tiempo real como una línea que va desde el big bang hasta el big crunch. Pero también se puede considerar otra dirección del tiempo en ángulos rectos del tiempo real. A esto se le llama la dirección imaginaria del tiempo. En ésta, no necesita haber singularidades que formen un principio o un fin del universo.

            En el tiempo imaginario, no habría singularidad en que las leyes de la ciencia dejen de funcionar, ni orilla del universo en la que se pudiera apelar a Dios. El universo no se crearía ni se destruiría. Sólo es.

            Probablemente el tiempo imaginario es en realidad el tiempo real, y aquello a lo que llamamos tiempo real sólo es un invento de nuestra imaginación. En el tiempo real, el universo tiene un principio y un fin. Pero en el tiempo imaginario, no hay singularidades ni límites. Así que quizás lo que llamamos tiempo imaginario en realidad es más básico y aquello que llamamos tiempo real sólo es una idea que inventamos para ayudarnos a describir cómo pensamos que es el universo.

 

La enseñanza que nos han dado durante toda nuestra vida se basa en una noción lineal del tiempo, en el que podemos asumir que hubo un inicio, para llegar a un final, que probablemente no conoceremos, pero del que estamos seguros que existirá, tomando en cuenta que el tiempo creado por el hombre es una noción lineal que va de un extremo a otro: de principio a fin. Sin embargo, la idea de Stephen Hawking es demostrar que el tiempo es una herramienta inventada por el ser humano para llevar registro de los sucesos de los que somos testigos como humanidad. Sin embargo, es una noción limitada y, de cierto modo, vacía, porque limita nuestra capacidad sensorial a un solo sentido que va de un punto a otro. No obstante, el tiempo imaginario quizás tenga profundidad, y en lugar de una sola dimensión, quizás abarque muchas más a las que nuestros sentidos no han tenido acceso por lo limitados que los hemos hecho, lo cual podría derivar en entender que, como tal, las cosas como las conocemos no tienen un inicio ni un fin, sino que simplemente son. Es más, yendo un tanto más allá, podríamos decir que las cosas que conocemos no existen, sino son simplemente una noción de nuestra imaginación en un universo tridimensional, sabiendo –pero no reconociendo ni queriéndolo aceptar- que existen otros universos a los que no tenemos acceso a través de los medios sensoriales típicos. ¿Quién es el valiente que diría que en el que vivimos es el único universo que existe?

Quizás no sea tan sencillo como parece (o yo lo hice más complicado). Sin embargo, la idea de Stephen Hawking es argumentar que el universo no tuvo un inicio y quizás no tenga un final. Es decir, que el universo, por sí solo, es, y nada podrá cambiarlo.

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