Esas personas llamadas amigos

Muchos años atrás -por ahí de la secundaria- pasé por uno de esos episodios en los que volteas a tu alrededor, ahí en dónde antes estaban las personas que habías elegido como amigos, y no encuentras a nadie. Me lamenté, repartí culpas, y con todo y las probables huellas que un suceso así pudo dejar en una persona que atraviesa por plena adolescencia, decidí seguir adelante.

A pesar de haber generado en mi cierta inseguridad como persona, poco a poco encontré otros lugares donde la gente me recibía con los brazos abiertos. La lección -desde mi perspectiva- estaba aprendida: jamás volver a defraudar la confianza de aquellas personas que estaban conmigo no por que no quedara de otra, sino por decisión propia. Desde ese entonces hago todo lo posible por ser la mejor versión de mi, día con día, lográndolo sólo a base de humildad y entender que lo que yo haga, no sólo repercute en los demás, sino también en mi.

Conocer esta parte de mi historia es importante, porque desde ese entonces me considero afortunado de contar con gente a quien, a través de los años, llamo más hermano que amigo. Sí, sin duda mis padres y mi hermana estarán conmigo hasta nuestro último respiro, pero es este otro grupo de gente quien me ha ayudado a poner los pies en la tierra. Son ellos de quienes he adoptado la mejor parte de cada uno para hacerla mía, y así ser la mejor versión de Jorge, en las buenas y en las malas, y en las normales también, y son ellos quienes me hacen ver las cosas de manera más objetiva cuando la ocasión lo amerita. No puedo pedir más de ellos.

amigos2¿A qué viene a cuento todo esto? El miércoles pasado (9 de abril) me reuní con algunos de ellos, sin que mediara una ocasión especial, sino únicamente por el puro gusto de hacerlo. Sólo nosotros, los hombres, aquellos que desde hace años nos conocemos hasta los secretos más íntimos, y de quienes sabemos que podemos depender en caso de necesitarlo. ¿De qué hablamos? De todo y de nada. Puede pasar semanas sin vernos, y siempre hay algo de qué platicar: viajes, anécdotas recientes, incluso remembrar las pasadas también, para reírnos como si las hubiéramos vivido apenas días atrás. Lo importante es reunirnos, estar juntos, y a lo mejor estar callados un rato, compartiendo alguna cerveza o algo de cenar, de una u otra forma, siempre encontramos algo sobre qué hablar, quizás a veces banal, pero desde nuestra perspectiva siempre será algo relevante viniendo de alguno de nosotros.

Razones nunca faltan para vernos, y hoy más que nunca, después de algunas experiencias complicadas en los últimos meses. Estoy convencido que la compañía y el apoyo de los unos siempre ayudan a reconfortar a los otros, aun en el peor de los escenarios. No somos paleros entre nosotros, no estamos ahí para decir lo que los otros quieren escuchar. Simplemente somos honestos, como desde el día uno, y esa es razón más que suficiente para reunirnos de nuevo. Son el tipo de personas que puedes no decir nada, y saben perfectamente todo lo que estás pensando y, además, tienen, sino una solución, pero si palabra de aliento y un punto de vista objetivo que ayuda a poner las cosas en perspectiva cuando la situación lo requiere.

Estoy muy agradecido con ellos. Como lo dije, tomo lo mejor de cada uno y lo hago mío, porque si eso es lo que los hace ser grandes seres humanos, a eso aspiro yo también, y qué mejor que seguir los pasos de quienes están más avanzados en el camino.

Nunca den por sentada una amistad, es mi recomendación. Respétenla, procúrenla aun cuando, con los años, la frecuencia de las reuniones sera mucho menor. Quizás, como yo, no son los más comunicativos ni los que más mensajes de texto o llamadas hagan, pero cuando se trate de estar ahí, no duden ni tantito en hacerlo, porque estoy seguro que esas personas llamadas verdaderos amigos, no pensarán dos veces en acudir en su auxilio cuando lo necesiten. Cuando nos vamos de esta vida, lo hacemos alejados de todas las cosas materiales que acumulamos a lo largo de los años. No nos llevamos nada, pues nada nos pertenece; todo nos fue prestado, para aprender y llevarnos las mejores experiencias que pudimos tener durante el tiempo que vivimos aquí. Sin embargo, lo que sí nos llevamos son justo esas experiencias que vivimos, y siendo objetivos, la gran mayoría de ellas fue acompañados de esas personas que llamamos amigos. Claro, no hago menos a la pareja ni a la familia -a quienes, creo, también podemos llegar a considerar como amigos-, pero una gran parte de nuestra memoria está ocupada por esas personas con las que elegimos de manera voluntaria pasar nuestro tiempo.

A todos ustedes, muchas gracias por todo. Espero poder regresar en vida al menos una parte de todo lo que me han dado.

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