Cierre de Ciclos

No son cosas sencillas de entender y mucho menos de vivir. Se llame trabajo, relación de pareja, renuncia a algo que se quiere, el ser humano ha sido educado de tal manera que nos sentimos apegados a todo aquello que pasa por nuestras vidas, sea gente o cosas materiales. Incluso nos apegamos tanto a un sentimiento que buscamos la manera de generarlo a través de factores externos, de manera “artificial” sin estar plenamente conscientes de que no hay peor decisión que buscar algo en dónde muy probablemente ya no esté. Apego a la gente, a cosas materiales, a sentimientos -incluso a los considerados “negativos”- es cosa de todos los días para muchas personas que, de cierta forma, no saben o no quieren dar cierre definitivo a algo que, por más que lo intenten, el universo ha dicho que hasta ahí llegó.

Y de eso se trata el apego, de hacer que no podamos desprendernos de algo que está destinado a quedarse en el pasado para dar lugar a algo nuevo, quizás mejor, pero sin duda diferente, porque nos da miedo lo desconocido. Tememos que lo que estamos a punto de dejar sea lo único bueno o lo último que podamos conseguir y preferimos quedarnos con eso, aunque sepamos que nos genera más perjuicio que beneficio por el simple miedo a lo que deparará el futuro.

Todo esto viene a cuento porque en semanas recientes se dio por terminada la relación de pareja con mi hoy ex-novia. Sí, ella de la que les hablé en algunos posts anteriores y de quien, a pesar de todo, no tengo sino cosas buenas que decir y mucho más que agradecer. No quisiera entrar en detalles específicos de por qué llegamos a este punto; lo único que puedo decir es que, en realidad, no sé como llegamos a esto, pero de lo único que sé es que aquí estamos y no hay más opción que seguir adelante cada uno con su vida. Y menciono que no sé cómo llegamos a esto porque, en realidad, ¡no lo sé! Así, tal cual, no encuentro una explicación contundente que pueda calmar las ansias de morbo de los pocos que lean esto. Sólo sé que en algún momento las cosas se salieron de su curso normal, llevaron la relación a un estado incómodo, incompleto, como si algo o alguien hubiera dicho: “es el momento de que se empiecen a despedir”.

A lo mejor es eso y no hay otra explicación lógica.

Por un lado, mi ego me dice, en respuesta a la sugerencia de gente con quien he platicado del tema, que busque respuesta a por qué está sucediendo esto. Que encuentre la razón por la que llegamos a este punto, para aprender de él y quizás resolverlo de ser necesario (si consideran que en el proceso de mudanza se llevaron hasta las cortinas del baño, podría suponer que la voluntad y las ganas de conciliar es lo que menos existe en este momento, pero las suposiciones no le hacen bien a nadie). Por el otro, mi yo espiritual, ese que está ganando día con día la batalla contra mi yo egoísta por ver de qué manera vivo mi vida, me dice que deje que las cosas fluyan de manera natural, que todo tiene una razón de ser y, por más que lo intente, en este momento las cosas no son ni serán de otra manera a como están sucediendo.

old love1¿Recuerdan este post en el que hablé de cómo el sistema en el que vivimos nos ha instruido a pensar que toda relación en la que nos involucramos TIENE que durar para siempre, y si no lo hace, se considera un fracaso? Premonición o no, mi manera de pensar sigue siendo la misma: todo tiene una razón de ser, nada de lo que sucede es una coincidencia y tampoco nada es bueno ni malo, sino simplemente es, y ya. La respuesta es simple: no le des más vueltas, no busques más una explicación. Fluye con lo que pasa, abandona el ego que todo lo quiere controlar y recibe las cosas que llegan a tu vida sin ponerles etiqueta alguna.

Tengo que reconocer que a poco de tiempo de lo sucedido, duele, lo suficiente como para pensar si  fue la decisión correcta, pero también para entender que todos en la vida pasamos por este tipo de cosas y que nadie ha muerto por desamor, y que lo mejor que puede uno hacer es dejar que el tiempo siga su curso, aprender las lecciones recibidas, valorar lo que se dejó en el camino y lo que se lleva uno de él, y crecer como ser humano, como individuo y como parte del grupo o comunidad en la que vivimos. ¿Duele? Claro. No soy de madera y, por el contrario, soy un ser humano que suele vivir los sentimientos a flor de piel, tan intensos como hasta ahora lo he permitido. Todo pasa con el tiempo, no ha sido nunca mi intención dejar que este sentimiento perdure; al contrario, dura cuanto tiempo yo decida que dure, pues si algo he aprendido es que yo manejo mis propios sentimientos y no al revés.

Sin embargo, no todo es malo. A ella le agradezco que su mejor versión hizo que saliera a relucir mi mejor versión. En palabras de mis amigos, nunca me habían visto tan contento, tan pleno ni tan realizado como individuo. Y tienen razón, ella llegó para ayudarme a que yo mismo trabajara y conociera mi mejor versión, esa que tanto bien me ha hecho, y en la cual pretendo seguir gracias al aprendizaje recibido durante este tiempo a su lado. ¿Nada mal, no? Saber que te esforzaste por ser tu mejor versión para estar a la altura de la mejor versión de alguien es lo menos que puedo continuar haciendo gracias a ella, al tiempo a su lado; a mi vida junto a ella. Sería estúpido pensar que por haber tomado caminos distintos dejaría de ser esa mejor versión de Jorge así, de la nada. Si tantas cosas buenas me trajo, ¿por qué no continuar transitando el mismo rumbo? La gente llega a nuestras vidas por una razón (o varias) en específico, y pretendo hacer de esto algo que perdure hasta en tanto encuentre otra parte de mi que me haga superar el yo que soy en estos momentos.

¿Qué sigue? Lo mismo que he hecho día con día desde hace algunos años: vivir en paz, seguir aprendiendo, ser feliz, tratar de cambiar mi mundo para cambiar el mundo de allá afuera, ayudar a otros. Trascender. La vida continúa; con un cierre siempre viene la apertura de algo nuevo. No sé si eso sea mejor que lo anterior, sólo sé que es diferente, y que llegará a mi vida en el tiempo justo y para las razones justas. De lo contrario, no sería capaz de recibirlo. Mientras tanto, no me queda más que seguir adelante, estar eternamente agradecido con ella, por lo que me enseñó, por lo que me dejó y por lo que permitió llevarme. Cada vez que voltee hacia atrás -sólo para recordar, pues hay que vivir en el presente- veré lo bueno que viví con ella. ¿Lo malo? No vale la pena, hay cosas mucho más valiosas que tratar de entender por qué llegamos hasta aquí, como saber que a ella le debo mucho de lo que hoy conozco y he aprendido.

Además, uno nunca sabe qué le depara el futuro (tampoco es como que me la viva pensando en eso; prefiero enfocarme en lo que estoy viviendo ahorita). Quizás en algunos meses o años, con la marea de emociones más tranquila, más maduros y habiendo aprendido las lecciones que este episodio nos dejó, nos reencontremos de nuevo -nuestra historia compartida empezó 15 años después de la graduación de secundaria- y todavía exista esa chispa y las ganas de volver a estar juntos como alguna vez lo estuvimos. ¿Que eso no pasa? Denle una mirada a este video, y juzguen con sus propios ojos. ¿O qué, nunca han pensado qué pasaría si se reencontraran con algún viejo amor a quien no han visto desde hace muchos años?

A ti, que seguramente no estarás leyendo esto: gracias por todo, por nuestro tiempo juntos, por haber sido una gran compañera de vida en mi mejor época. Gracias por todo el apoyo en momentos difíciles, por caminar juntos, por enseñarme humildad y amabilidad, por hacer de mi casa un verdadero hogar, y por haberme permitido conocerte durante este ciclo. No pude haber encontrado mejor ser humano que tú en todo este tiempo. Te deseo lo mejor, nada menos mereces, y que como yo sonrías cada vez que recuerdes lo que pasamos juntos, pues eso es lo más valioso de lo que ha sucedido todo este tiempo.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. jorgeolguin dice:

    Tocayo, tu yo espiritual es todo lo que te debo decir… Fuerte abrazo

    1. JRovelo dice:

      En esas estoy tocayo, es la opción más fiable, muchas gracias! Abrazo de vuelta

  2. Jorge Rovelo dice:

    Aunque un poco tarde, pero te quiero decir que cada día me sorprendes más y más; que bárbaro que forma de llevar a los siguientes niveles las situaciones cotidianas, felicidades y todo mi cariño

  3. Natalia Rovelo dice:

    Hola hijo , al leer esto me doy cuenta de la capacidad que tienes para dar , ese gran corazón y sobre todo esos sentimientos que te permiten hacer y ser una gran persona . Te quiero , mamá

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