Ser mejor vs ser feliz

“No importa lo que decidas ser o hacer en esta vida, trata siempre de ser el mejor”. Palabras más, palabras menos, son incontables los recuerdos de mi infancia que me vienen a la mente con esta frase que una y otra vez escuché de boca de mis padres, cuando platicaba sobre mis ilusiones sobre lo que quería ser de grande. Bombero, jugador de fútbol, actor de doblaje de películas, reportero, dueño de un gimnasio y coach de un equipo de basketball eran, entre otras, las profesiones a las que como niño solía aspirar cuando llegara el momento de elegir qué haría con la llegada de la vida adulta.

VEstrésivimos en una sociedad en la que se promueve el individualismo, que nos dicta que para ser alguien en esta vida tenemos que cumplir con ciertas condiciones que nos otorgarán un status dentro de la sociedad: estudios, trabajo, estado civil, hijos, vivir en tal o cual lugar, traer determinado coche, usar cierta ropa de marca, relojes, viajes, y una lista extensa de etcéteras. Claro que, en un mundo en el que se necesita del dinero para poder acceder a todos esos “bienes”, la forma de obtener ese dinero es ocupando un puesto con cierto nivel para el cual la competencia suele ser muy cerrada, motivo por el que la gente se ve en la necesidad de especializarse más allá de los estudios universitarios que hayan elegido. Especialidades, diplomados, maestrías, doctorados y post-doctorados son, muchas veces, los que hacen la diferencia entre llegar a un puesto gerencial o quedarse en el camino.

El punto importante aquí es que este tipo de exigencias profesionales genera una competencia en la que las personas nos vemos obligadas a tomar una postura individualista en la que tenemos que vencer, sí o sí, a nuestro prójimo, haciendo de esta sociedad una que piensa de manera menos colectiva y, por el contrario, mucho más egoísta.

Además, es innegable que la misma sociedad se encarga de recordarnos que tenemos que lograr determinadas cosas o llegar a ciertas metas para “ser alguien” en esta vida, lo cual genera una presión por parte de todas aquellas personas que quieren ver en nosotros una persona triunfadora y de éxito, lo que indirectamente propicia que dejemos de disfrutar el camino pensando que la felicidad estará en la meta del éxito. Si no me creen, piensen acerca de cual es la enfermedad emblemática del siglo XXI: el estrés. Sí, el estrés como lo conocemos, es una enfermedad, aunque es tan común en el mundo corporativo en el que vivimos, que la hemos menospreciado como tal, para caracterizarla como un simple rasgo común de la vida diaria, sin saber que el estrés desencadena muchos malestares que nos desgastan hasta el punto de derivar en otras enfermedades cuyo origen nos parece desconocido.

Estrés2Todo esto viene a cuento porque hace unos días platicaba con una de las niñas del equipo de hockey con el que entreno acerca de la época de exámenes finales que se aproxima en las universidades, y lo difícil que resulta conjuntar las actividades extra-curriculares con los estudios, y más al nivel en el que estas niñas lo hacen. Ella manifestaba su preocupación por lo difícil que pudiera ser sacar buenas calificaciones, ante el obvio escrutinio de la gente alrededor y la correspondiente exigencia de la gente que le rodea de sacar las mejores calificaciones. ¿El resultado? Angustia, preocupación y hacer a un lado el vivir tranquila, todo por tener que esforzarse por conseguir un número proporcionado por alguien cuya autoridad le permite juzgar a los estudiantes de conformidad con estándares establecidos de manera aleatoria, sobre una base que carece de todo sustento pues, en la vida laboral, no importará tanto las calificaciones que haya obtenido en su vida estudiantil sino la capacidad que demuestre de cumplir con las metas, objetivos y exigencias laborales, así como el deseo de sobresalir en cualquier actividad en la que se enfoque, situaciones todas para las cuales una “calificación” es completamente irrelevante.

Considerando que en ocasiones nos toca jugar un papel distinto a simplemente ser quien las dirija en el hielo, el único consejo que me vino a la mente fue decirle que no se preocupe tanto por el número que obtenga, sino por el simple hecho de cumplir con las normas establecidas por la universidad en la que estudia. En otras palabras, que se enfoque en pasar el examen y que goce el proceso de hacerlo, más allá de tratar de conseguir una calificación que dice absolutamente nada acerca de ella y su capacidad.

En resumen, que trate de ser feliz en su vida como estudiante. Que no se preocupe por ser la mejor, porque un simple número (o varios) no es el reflejo de la capacidad de un individuo, sino por ser feliz en el proceso de terminar la universidad. Hay una frase por ahí que refleja más o menos esto, y palabras más o menos, dice: “la felicidad no se trata tanto de llegar a la meta, sino de disfrutar el camino hacia ella”.

Estrés4¿Estaré mal al pensar así? Quizás, dependiendo de quien provenga el juicio. Para la sociedad en la que vivimos, ser una persona exitosa significa obtener las mejores calificaciones posibles, pensando que un número alto nos garantizará el acceso a puestos directivos en empresas de renombre (si es que aspiramos a llegar a ellos). Si queremos hacer las cosas diferentes y, sobre todo, si queremos vivir una vida plena, mi mejor consejo es poner más atención en el proceso de llegar a donde queramos, en lugar de enfocarnos en el punto final del camino, pues esto implicaría perdernos de todo lo bueno que el trayecto nos puede ofrecer, haciendo omiso de oportunidades y experiencias de vida que nos enriquecerían mucho más que un simple número en un registro universitario que quedará solo para el recuerdo.

Y ojo, lo que digo no significa que no hagan su mayor esfuerzo en la búsqueda de salir adelante. Al contrario, un mínimo esfuerzo seguramente no nos hará felices. Pero, si damos todo lo que nuestras habilidades nos permiten, seguramente estaremos satisfechos con nosotros mismos independientemente del número que alguien nos haya asignado.

Por eso, mi mejor consejo en este momento es, no traten de ser el mejor en lo que hacen, sólo traten de ser felices, y lo otro se dará en automático. El estrés y la angustia por cumplir con expectativas y sueños de terceros será prácticamente nulo si se apegan a sus propios sueños e ideales, y además, si aprenden a disfrutar el camino que seguramente los llevará a lugares mucho más altos de aquellos que su mayor preocupación era obtener un número que dice absolutamente nada de ellos.

Traten de ser felices, no los mejores. El resultado será el mismo, pero el proceso -y la vida- será mucho más placentero.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s