Un día en. . . . . Tepoztlán

Vivir en una metrópoli como la Ciudad de México, esa vorágine de concreto y metal adornada con un manto de contaminación, cuya banda sonora se compone por las notas arrítmicas de las bocinas de los automóviles puede ser causa de esas enfermedades modernas que todos conocemos como el estrés, depresión y cotidianeidad (entendida la última como ser parte de una rutina cíclica que tiene un principio y un fin, para volver a empezar el día siguiente) suele presentar severos retos. El más simple de todos: encontrar tiempo libre para convivir con la naturaleza.

Tepoz2Los capitalinos anhelamos la llegada del fin de semana como un niño el 25 de diciembre. Desde el propio lunes vemos en el horizonte ese viernes que nos incita a salir de fiesta, descansar y, a otras personas, aprovechar para salir de la ciudad y visitar alguno de los espacios todavía vírgenes de la intromisión humana, o al menos en donde la huella de la naturaleza todavía predomina por encima de la depredación material. Estamos tan acostumbrados a la selva de asfalto, que cualquier contacto con lo natural nos devuelve esa capacidad de asombro que termina en el bote de la basura junto con el envoltorio del consumismo, y nos abruma hasta tal punto que tratamos por todos los medios posibles por llevarnos un “souvenir”, un breve recuerdo de aquello que en las ciudades está reservado para fotografías, la pintura y nuestras cuentas de instagram.

Espacios naturales abundan alrededor de la Ciudad de México. Uno de mis consentidos es Tepoztlán, el pueblo mágico ubicado en el estado de Morelos, a 74 kilómetros del Distrito Federal y 17 de Cuernavaca, que fusiona el pasado prehispánico con un estilo colonial, adornado con el Cerro del Tepozteco como postal de fondo. Es innegable que, más allá del nombre con el que fue bautizado por las autoridades (“pueblo mágico”), está lleno de esa magia que termina por llamar a los visitantes que cada fin de semana abarrotan el centro del pueblo, ya sea en búsqueda de alguna artesanía mientras bebe una de las famosas cervezas de litro que ayudan a mitigar el calor, o de un espacio en dónde descansar rodeado de naturaleza.

Existe también la posibilidad de subir el cerro del Tepozteco, un reto de 600 metros por encima del valle de Tepoztlán, alberga los vestigios de un lugar de adoración dedicado a los dioses guerreros mexicas. Por supuesto que la subida no es nada sencilla, mucho menos si el único esfuerzo físico que se realiza en el día es la abdominal obligatoria al despertar y levantarse de la cama, pero la recompensa del descanso y la tranquilidad física y emocional que se obtiene al llegar a la cima valen el esfuerzo.

Además, en Tepoztlán hay muy buenas opciones para comer o cenar: Los Colorines es una gran opción para comida casera mexicana en un sitio lleno de color típico del folclor nacional, mientras que el Ciruelo ofrece un lugar más relajado, alimentos de muy buena calidad y, lo mejor de todo, da la impresión de estar en las faldas del cerro del Tepozteco, lo cual le imprime una espectacularidad sobre todo al atardecer, cuando la caída del sol se combina con el paisaje dejando boquiabierto a más de uno.

Si planean pasar la noche en el pueblo y quieren un lugar para salir de fiesta, el Telón es una buena alternativa. Salsa cubana (casino) y una buena pizza acompañada de cervezas son el broche de oro perfecto para cerrar la noche antes de ir a descansar.

Opciones alrededor del Distrito Federal hay muchas, pero sin duda este pueblo mágico tiene que estar hasta arriba en su lista para próximas visitas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s