Esos milagros llamados coincidencias

¿Les ha pasado que durante el día traen a la memoria a una persona, y horas más tarde reciben una llamada o mensaje de él/ella? ¿O que no dejan de pensar en el dinero que les falta para hacer algo, y tiempo después reciben esa ayuda financiera en un momento y de una fuente inesperada? Todavía más, ¿han estado buscando la respuesta a un dilema por el que atraviesan, y la reciben de parte de una persona que nada tiene que ver con ese problema? La gente suele llamarles coincidencias. Yo, por otro lado, prefiero llamarlos (pequeños o grandes) milagros. De esos que esperamos provengan de una fuente divina, pero cuyo origen es más cercano del que imaginábamos.

Al igual que muchos de ustedes, fui de la idea, primero, que los milagros provenían solo de origen divino, de un ente metafísico superior a todos los seres humanos. Tiempo después creí que los milagros no existían, que eran producto de simples y afortunadas casualidades en las que el hombre carece de toda injerencia. Hoy puedo decirles que la experiencia, y una mente abierta, me han llevado a entender que los acontecimientos del día a día son todo menos accidentales, y que somos nosotros los responsables de “crear” esas afortunadas situaciones que seguimos atribuyendo a la suerte o al destino.

Para muchos es sabido la peculiar situación que he vivido con el habla durante más de la mitad de mi vida. Hablé un poco acerca de eso justo hace un año aquí. Hace algunos meses atravesaba por una etapa emocional un tanto complicada, y uno de los factores que abonaba para tal era la inseguridad que de tiempo en tiempo me genera me genero cuando me veo en una situación en la que preciso exponer mi punto de vista, pero el nerviosismo hace mella de mi y me resultaba complicado hacerlo.

milagro2Es sabido que tiempo atrás estuve “jugando” un rato a eso del tinder. Sí, no se espanten, es entretenido para conocer gente. Conocí a una niña -pongámosle de nombre para efectos prácticos Marcela- quien me llamó la atención, más que por el aspecto físico, porque platicando con ella dejó ver que piensa y siente el universo de la misma manera que yo lo hago. Nos encontramos en un bar en Coyoacán, pero decidimos salirnos e ir a caminar por ahí debido a que el lugar estaba a reventar. Platicando sentados en una banca, le conté que en días recientes me había sentido “menos” que el resto de la gente, por lo que les conté en el párrafo anterior. Sin exagerar, no más de 5 minutos después de haberle contado esto, se acercó un tipo al que nunca había visto en mi vida, era unos años más joven que yo, y traía consigo un bote de plástico lleno de piedras blancas. Después de disculparse por interrumpir nuestra plática, me dijo lo siguiente: “vengo a darte esta piedra junto con un mensaje: quiero que sepas eres una persona muy valiosa, igual que el resto de las personas que te rodean“. Marcela se volteó hacia mi para decir “ahí está tu respuesta”.

Ustedes podrán decir que fue una simple coincidencia, porque en una plaza como Coyoacán transita un gran número de personas todos los días, y siempre hay algún loco con ese tipo de ideas o actividades rondando por ahí. Esa es una manera de verlo. La otra, la que llama más mi atención es darme cuenta que (i) ese día conocí a alguien con la misma perspectiva de la vida que yo (ii) en un lugar del que tuvimos que salir por no haber espacio (iii) para ir a sentarnos en una de las decenas de bancas que hay en esa plaza (iv) a la que llegó una persona que jamás en mi vida había visto (v) para darme un mensaje sobre algo que justamente llevaba pensando algunos días.

¿Son demasiadas coincidencias para una misma situación, no? La piedra blanca que recibí la guardo en casa como recordatorio de aquél día, de ese mensaje, y de que no hay accidentes en la vida.

Lo más importante de esto, es saber que esos pequeños -o grandes- milagros son obra única y exclusivamente nuestra, de cada uno de nosotros. La frase “pídele al universo y se te dará” no es algo que aparezca solo en cajas de cereal o tarjetas de fin de año. Como seres humanos, hemos recibido la capacidad de crear nuestra propia realidad con nuestros pensamientos, con nuestra forma de actuar y de vivir. Si la actitud que tenemos frente a la vida es de derrota, viendo siempre el aspecto negativo incluso en lugares donde no lo debería haber, nuestra mente está generando esa realidad, negativa y siempre con situaciones adversas para nosotros.

¿Cuántas veces han tomado una decisión después de haberla razonado y desmenuzado en todos sus aspectos? ¿Escucharon acaso lo que su mente -corazón- tenía que decir al respecto cuando iban a decidir? Son esos pequeños mensajes que vemos como simples casualidades los que dictan la pauta de qué debemos tomar al emprender una actividad o cuando vamos a tomar una decisión, sobre todo esas que sabemos el impacto que seguramente tendrán en nuestras vidas.

milagro1El día que los seres humanos nos demos cuenta de lo poderosamente creativos que somos, cambiaremos la percepción que tenemos de todas esas casualidades que por el azar supuestamente suceden en nuestras vidas, y asumiremos el control de la realidad del mundo que nos rodea, creando nuestro propio mundo en consonancia con los ideales de la naturaleza y del universo del que formamos parte, y así alcanzar el fin último de toda persona: ser feliz.

Aprendamos a abrir los ojos, a agudizar nuestros sentidos y poner más atención en las cosas que pasan a nuestro alrededor, por más pequeñas que sean. Cuando nos volvamos sensibles ante los pequeños sucesos que tienen lugar a cada minuto de nuestra existencia, nos daremos cuenta que ninguno de ellos es un evento aislado, por el contrario, es parte de una cadena de cosas creadas por nosotros, que adquirimos la capacidad de generar esos milagros en pos de una mejor vida. Entonces sí, dejaremos de asumir como algo accidental algo que tiene una plena razón de ser, estaremos abiertos a aceptar todo lo que acontece en nuestra vida diaria, para darnos cuenta que todo, absolutamente todo, tiene una razón de ser, y que más allá de ser una simple casualidad, es un pequeño milagro que nosotros mismos hemos creado, o que contiene un mensaje que nos guiará en el rumbo que para nosotros ha sido marcado.

Hagan el ejercicio: traigan a su mente algo que estén viviendo en estos momentos, y después viajen momentáneamente al pasado, con la única finalidad de “ligar” dos eventos que, de primera impresión, parecieran ser independientes uno del otro. Cada día que seamos conscientes de esto que pasa a cada minuto, asumiremos nuestra responsabilidad en la creación de nuestro propio universo. Esta es lo que resalta la importancia de atraer a nuestra mente pensamientos positivos, día a día y minuto a minuto, porque lo que pensamos, lo creamos. Así que si todo el tiempo estamos generando pensamientos negativos, de disgusto con el mundo, eso continuaremos atrayendo a nuestras vidas, por mucho que cada año nuevo listemos 12 propósitos que, en realidad, solo duran en tanto se termina la cena y el recalentado del día siguiente.

Seamos conscientes de nuestra responsabilidad ante la situación del planeta, cambiemos nuestra perspectiva de las cosas, y aprendamos a crear esos pequeños milagros que, juntos, son el origen de uno mucho mayor: una forma de vida más tranquila y pacífica. Al final, una vez que asumamos nuestro rol de creadores de nuestra realidad, terminaremos por darnos cuenta, primero, que los milagros sí existen; segundo, que su origen está en cada uno de nosotros y, tercero, que asumiendo nuestra capacidad creadora, somos uno con Dios.

Al final, nos daremos cuenta que el origen de los milagros sí es divino.

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