La Fórmula 1 regresó a México

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El pasado fin de semana (30 octubre – 1 noviembre) se llevó a cabo el Gran Premio de México de la Fórmula 1. Tras 23 años de ausencia en nuestro país, la máxima categoría del automovilismo regresó al Autódromo Hermanos Rodríguez, que tras una exhaustiva remodelación, quedó listo para hacer del fin de semana una gran fiesta. Y a decir verdad, no decepcionó, para beneplácito de las más de 140 mil personas que tuvimos la oportunidad de ver un evento único en su tipo, sobre todo para aquellos que somos aficionados al deporte motor, porque no se trata solamente de ver 20 autos de carreras dar vueltas sin sentido alguno, sino escuchar el ruido de los motores, el olor a gasolina y frenos, y todo lo que rodea a la Fórmula 1.

formula12Vale la pena señalar que soy aficionado a la F1 desde niño. Quizás no sea el fan #1, pero siempre he seguido “de cerca” este deporte, más desde que llegaron a la máxima categoría los representantes mexicanos: Sergio “Checo” Pérez y Esteban Gutiérrez. Recuerdo usar los tapetes de la sala en casa de mis papás como pista para mis carritos miniatura, simulando un Gran Premio en el que constantemente el ganador era Alain Prost. Así que la expectativa por el fin de semana del GP de México era mucha, sobre todo por vivir algo que durante tantos años la gran mayoría de nosotros solo veíamos por televisión.

Viernes 30 y Sábado 31 – Sesiones de Prácticas y Calificación

El fin de semana empezó el viernes temprano, con las puertas abiertas minutos antes de las 9 a.m. (aun cuando el boleto decía 8 a.m., pero dejaremos pasar ese pequeño detalle). La expectación por ver la pista, seguida de la emoción por saber que el podio estaba justo en la zona de gradas donde estaría sentado todo el fin de semana, hizo del viernes un día especial. Cabe aclarar que, contrario al resto de los Grandres Premios, en donde el podio de ganadores está en la zona de la recta principal, en México lo colocaron dentro del Foro Sol, ante más de 30 mil espectadores. Además, estar en un Autódromo de primer nivel, con los accesos muy bien controlados, sirvieron de antesala al encendido de los motores para que los pilotos salieran a la pista para las primeras dos sesiones de prácticas libres.

La emoción llegó a tope cuando Sergio Pérez salió a bordo de su VJM08 de Force India para dar la primera vuelta al circuito. Ver un mexicano en el máximo nivel del automovilismo mundial resultó ser un ingrediente fundamental para lo que se vaticinaba con un gran fin de semana.

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Vista desde arriba del podio, durante la celebración de N. Rosberg, L. Hamilton y V. Bottas. La afición del Foro Sol como fondo.

Cada día tuvo un elemento adicional al ir acompañado el viernes de un gran amigo y verdadero conocedor de la Fórmula 1, quien enriqueció la poca o mucha información que tenía acerca del deporte, y el sábado de un tío que tuvo la oportunidad de ir al Autódromo hace más de 25 años, por lo que la nostalgia seguramente hizo mella en él, en especial cuando salieron a la pista los automóviles de la categoría Masters Historic Racing, cuyos modelos de antaño traía más de un recuerdo para todos aquellas personas que, como él, tuvo la oportunidad de asistir a una carrera antes del impasse de 23 años de automovilismo en México.

La calificación duró menos que las prácticas libres, y a pesar de lo que uno pensaría, no es tan complicado seguirle la pista a los lugares que ocupan los pilotos en clasificación. Cada quien tenía sus favoritos, y la afición mexicana se encargó de hacerles saber que tenían todo el apoyo y cariño de la gente, aun cuando no fueran nuestros connacionales. Después de “Checo”, los más aplaudidos fueron Sebastian Vettel y Lewis Hamilton.

Domingo 31 – La Carrera

Por fin, llegó el día de la carrera. El más esperado por todos, el que la gente más anticipaba, y sin duda el que más emoción provocó a los asistentes al Autódromo Hermanos Rodríguez. Para la jornada dominical fui acompañado de mi papá, con quien suelo platicar acerca de los resultados de calificación y/o carrera en cada Gran Premio, enfocados, claro, en los puntos obtenidos por Sergio Pérez y el lugar que ocupa en la clasificación general.

Entre mexicanos hay un cliché, que dice que los eventos deportivos suelen ser una gran fiesta. Uno no lo cree hasta que no la vive en carne propia. La carrera del GP de México fue literalmente una fiesta, de inicio a fin. Cuando llegamos, sobre la pista estaba la carrera de categoría Masters Historic Racing, por lo que decidimos verla a nivel de pista justo debajo de las gradas donde aguardaba nuestro lugar. Pudimos observar de cerca, a tan solo unos metros, los autos utilizados por Jackie Stewart, James Hunt y otros grandes del automovilismo de hace muchos años.

formula13Cerveza en mano, pasamos un rato en la terraza del Beer Garden de Modelo, escondiéndonos un poco de los rayos del sol mientras llegaba la hora del desfile de los pilotos, la ceremonia del himno nacional y el previo de la carrera. Una vez que llegamos a este punto es donde todo se volvió una verdadera locura. El mariachi se apoderó del sonido local, y al ritmo de la música tradicional mexicana los oficiales de pista ambientaban el Foro Sol animando a los espectadores con banderas de México que pusieron la piel chinita en muchos de nosotros.

Si hubo desfile de pilotos o no, nunca lo sabremos. En el instante que Checo Pérez entró a la zona del Foro Sol, descendió del auto clásico en el que venía, agradeció a todos los aficionados presentes su apoyo, y con voz entrecortada (estoy seguro que quería llorar) señaló lo importante que era ese día en su carrera, correr ante su gente en un escenario que ha sido histórico en México (en el aniverario luctuoso de Ricardo Rodríguez, nada menos). Con la música de mariachi de fondo, se acercó hacia la zona sur de las gradas, y empezó a regalar gorras entre la gente que se encontraba arremolinada en la reja que separa la pista del público, para finalmente tomarse una selfie con su celular, con los aficionados de fondo. Subió al automóvil con el que recorrió el circuito, no sin antes despedirse de todo el público llevando una mano al aire y otra a su pecho, señalando en la parte del corazón.

Muchos opinan que la carrera no fue tan emocionante, que estuvo un tanto aburrida incluso. Puede ser, pero viviéndola dentro del propio Autódromo era imposible no sentir esa emoción que, estoy seguro, todos los que estuvimos ahí compartimos. Fueron 71 vueltas de ovaciones para Checo, aplausos y muestras de cariño para Vettel hasta el momento en el que abandonó, pero la máxima emoción llegó -en partida doble- cuando los aficionados en la parte del Foro Sol presenciamos las dos maniobras de Checo Pérez para rebasar, primero a Carlos Sainz Jr., y después a Max Verstappen, justo en la frenada llegando al estadio. La gente “olvidó” que el primer rebase estaba de alguna manera concertado, por un mal movimiento que Sainz había realizado algunos metros atrás, y lo festejamos en grande.

formula16El final de la carrera pudo no haber sido el esperado, con el mexicano terminando en 8vo lugar. No obstante, el podio (Rosberg – Hamilton – Bottas) no estuvo exento de celebración y festejo, más cuando la gente ovacionó a Nico Rosberg cuando se paró sobre su automóvil para saludar al público, y posteriormente cuando éste le devolvió el gesto con el cántico de Olé olé olé olé Nico! Nico! Dominó todo el fin de semana, y se ganó a pulso el cariño de la afición mexicana.

México es, una vez más, anfitrión de uno de los mejores eventos deportivos, y creo que tanto organizadores como público estuvimos a la altura de la ocasión. Es increíble lo cambiado que está el Autódromo Hermanos Rodríguez, la logística para la entrada a cada una de las zonas. Quizás el único tache es el tiempo de espera en las filas para pagar y luego recoger los alimentos y bebidas, pero como en todo, siempre habrá áreas de oportunidad en las que se pueda mejorar la experiencia. Los pilotos no paraban de manifestar su beneplácito por estar de visita en nuestro país, además de agradecer el recibimiento de los mexicanos, totalmente inesperado. Con un mínimo de bemoles, creo que el fin de semana fue todo un éxito.

En lo personal, fue un gran fin de semana, por haberlo compartido con gente querida, además de haber tenido la oportunidad de experimentar un espectáculo que hace 5 años jamás hubiera imaginado hacerlo, menos en mi propia ciudad. Lo mejor de todo fue ver que la gente que me acompañó lo disfrutó tanto, cada quien a su manera, eso sí, pero ninguna menos valiosa que la otra. En particular -por supuesto- mi papá, que desde el inicio hizo suyo todo el evento tomando fotos, videos, y además no cesaba en su emoción cada vez que pasaba Checo Pérez por el Foro Sol, al grado de voltear a su derecha e izquierda para comentar algún suceso de carrera, ya fuera conmigo o con el vecino de gradas. Él mismo lo dijo, unos días antes del Gran Premio: es un evento que vale la pena ver en vivo cuando menos una vez en la vida.

La cuestión es que, después de este fin de semana, una vez quizás no sea suficiente.

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