Día de las madres

Hoy 10 de mayo se  celebra en México el día de las madres. Año con año los maestros se empeñan en producir un festival en el que los niños muestran sus dotes artísticas y de baile para beneplácito de las mamás que, emocionadas hasta el tope, ven a sus pequeños retoños bailar y cantar al ritmo de canciones de moda o que Denise de Kalafe estoy seguro se arrepiente de haber hecho suya sabiendo que no la dejarían descansar el resto de su vida.

Es también el día en el que un ramo de rosas cuesta igual que un diamante; los restaurantes están hasta el tope de reservaciones y es imposible asegurar un lugar si llegas desprevenido. Y, es el día en el que absolutamente TODOS nos portamos bien con nuestras mamás como consolación de que el resto del año somos un verdadero dolor de muelas con ellas.

madreY aun así, nuestras mamás siempre están ahí. Llueve, truene o relampaguee, seamos unos verdaderos patanes o los mejores hijos del mundo, si hay un amor verdaderamente incondicional entre los seres humanos es el de una madre a sus hijos. Ni siquiera el amor de pareja puede igualar ese sentimiento que llevan las mamás incluso desde antes de habernos conocido: nos cargaron durante casi nueve meses en los cuales no hicieron más que darnos todo su amor, cariño y dedicación sin antes ver nuestro rostro o escuchado nuestro llanto. Sí, nos dieron ese amor infinito, cosa que jamás han dejado de hacer a lo largo de nuestra existencia.

Todas las religiones dicen que Dios es quien dice ser por ser quien da la vida. Sí, venimos a este planeta por “obra y gracia del señor”. Si lo vemos objetivamente, todos y cada uno de nosotros estamos vivos porque un día nuestras madres, después de llevarnos durante semanas en su vientre, atravesaron por un momento de dolor que precedió a nuestra vida. Una especie de big bang humano. Si ellas nos dieron la vida, entonces hay que reconocer que ustedes, mujeres, son diosas por el simple hecho de tener la capacidad de dar vida a otro ser humano.

Con mi madre llevo una buena relación. No es la mejor, sin dudas, lo cual es un tanto doloroso pero también entendible, sin justificarlo. Su forma de pensar y de ser dista mucho de la mía, y casi siempre hay malentendidos entre lo que decimos y lo que quisimos decir. Mi mamá ha aguantado malos tratos, indiferencias, reclamos y berrinches. Y aún así ha decidido mantenerse a mi lado 33 años. Toda una heroína. Anhelo que un día llegue ese día en que podamos llevarnos como dos personas normales, no como madre e hijo, pues dicen que los mejores maestros de los unos somos los otros.

madre2Sin duda, mi mamá es la persona que más ha influido en mi. Si me preguntaran por qué soy de tal o cual manera, mi respuesta probablemente me lleve al seno materno, y de una u otra forma todo se lo debo a ella. Es la persona más importante en mi vida; sin embargo, es la persona con la que más roces puedo tener. Cuesta trabajo aceptar a los demás, pero nos creemos con autoridad que la vida adulta supuestamente da para reprenderla si no actúa de forma que nos satisfaga su conducta.

Pero no, no debiera ser así. Mi esfuerzo está día con día en derribar eso que sé nos mantiene de cierta forma alejados. No es egoísmo, ni soberbia, sino simplemente reconocer en ella la individualidad y búsqueda de identidad por la que todos pasamos a lo largo de nuestros años de vida. Mi madre tiene una historia que la ha llevado hasta donde está, y de cierta forma esa historia la ha forjado como la mujer que es hoy. No obstante, ese pasado no la hace menos que nadie más, y simplemente tenemos que ayudar a que encuentre “eso” que la haga estar feliz y en paz.

madre4Mamá, muchas gracias por tu amor incondicional. Por esas noches de desvelo cuando me enfermaba o cuando llegaba tarde de la fiesta. Por esperarme hasta tarde afuera de la pista de hielo resistiendo el frío mientras yo terminaba de convivir con mis amigos. Por apoyarme en cada juego, en cada examen, y por defenderme en cada desamor, aun cuando pudiera no haber tenido la razón. Gracias por siempre estar ahí, silenciosa y paciente como francotirador para responder ante mis llamados de auxilio. Gracias por escucharme, por interesarte en mis cosas, y sobre todo por abrirte a lo que tuviera que decir sin importar el tema. Gracias por tolerar mis tatuajes, mis modos y mis respuestas. Gracias por lavar mi ropa y hacerme de comer. Gracias por hacer todo eso que una madre hace, pero hacerlo mejor que nadie más.

Gracias por haberme elegido como tu hijo en aquella dimensión, a pesar de todos los dolores que te he causado en esta. Estoy seguro que allá estamos uno al lado del otro, abrazados y riéndonos de las tonterías por las que pasamos acá, pero que tan necesarias han sido para nuestro crecimiento. Gracias por sonreír cada que me ves, y por despedirme cada que me voy.

Te amo. Gracias por siempre.

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