Día del Padre

El pasado 19 de junio se celebró el día del Padre en México, y la rutina que ha hecho de esta ocasión todo un evento conmemorativo regresó a las calles de la Ciudad de México. Poco más de un mes después de haber celebrado el Día de las Madres toca recordar la labor hecha por ese otro 50%  necesario para la educación y desarrollo de un niño: el papá.

Todo inicia a las 6:00 am con la Carrera del Día del Padre. A alguien se le ocurrió que era buena idea desmañanar a los papás en su día para ponerlos a correr 21 kilómetros, porque claro, todo lo que hacen el resto del año no es suficiente chinga esfuerzo. Después de la carrera (y esperando se hayan ido a bañar los corredores), por lo general los restaurantes de la Ciudad de México suelen abarrotarse de comensales ávidos de compartir una tarde en en compañía de esa o esas personas que resultan pilares importante en el núcleo social. Padres, tíos y abuelos que comparten la dicha de tener hijos son el motivo de celebración cada tercer domingo del mes de junio.

A diferencia del día de las madres, el del Padre no tiene festejo alguno en las escuelas de quienes los hicieron merecedores de tal celebración. En mi época de estudiante de primaria hacíamos un regalo para los papás y hasta ahí, no había día libre ni bailes o juegos, nada de eso. Supongo que la equidad de género se apega a la letra pequeña de los mandatos sociales, porque aquí ni quien diga nada.

En mi caso, este domingo transcurrió como cualquier otro: ejercicio por la mañana mientras mi papá jugaba tenis con su grupo de amigos, desayuno, lectura y convivencia con mis padres durante unas horas, baño y a comer. Le comentaba a un amigo que el domingo del día del padre es un domingo cualquiera, porque prácticamente la misma dinámica la mayoría de los cincuenta y algo de domingos que tiene cada año. Unos podrían decir que somos apáticos, pero prefiero considerar que no necesitamos de un día en particular para convivir con nuestros seres queridos. Cuestión de perspectivas, supongo.

PadreSin embargo, al igual que con mi mamá, quiero reconocer la labor y el papel que ha tenido mi papá a lo largo de mis 34 años de vida. Con él me estrené como hijo, y conmigo el se graduó como padre (tengo/tuve una hermana mayor que nació sin vida, por lo que para efectos prácticos su graduación fue conmigo). Ha estado ahí desde el día uno sin chistar. Como todas las relaciones, hemos tenido altibajos, pero son más los momentos gratos sin duda. Con él comparto el interés por los deportes: es de los pocos con los que platico del fútbol y de los Pumas de la UNAM, quizás siendo la única razón por la que no haya perdido por completo el interés a un deporte otrora apasionante pero hoy más que nunca mediocre. Automovilismo, hockey sobre hielo, fútbol americano, nuestro gusto por las actividades deportivas no tiene límite alguno.

Mi papá es una de las dos personas a las que le cuento absolutamente todo lo que me pasa, y aunque pudiera recurrir a palabras que en la realidad actual están fuera de uso, sé perfectamente cual es su intención y la gran mayoría de las ocasiones las tomo como buen consejo. Mi papá es apasionado de la vida a su propia manera: se levanta temprano para hacer ejercicio, trabaja en su empresa durante el día, por la noche llega a la casa para descansar viendo TV, avanza un poco con el libro en turno, y duerme para iniciar de nuevo el día siguiente. Si vivir es su pasión, lo hace de la manera más pacífica y relajada que existe.

Pudiéramos no compartir el mismo interés por temas espirituales/holísticos, pero él es el mejor ejemplo de lo que cualquier religión debería pregonar: respeto y amabilidad por los demás. Escucha atentamente lo que mi mamá y yo platicamos, comparte su punto de vista desde su particular perspectiva, pero no se encarga de emitir juicios sobre nuestra manera de ver la vida. Mejor vida espiritual no hay.

Junto con mi mamá, mi papá ha estado conmigo en cada momento relevante de mi vida: graduación de universidad, juegos de hockey, fiestas de cumpleaños, accidentes y demás, siempre con la mano lista para prestar ayuda o para estrecharla en símbolo de aceptación y reconocimiento. Se emociona con el equipo de las niñas del que soy coach de la misma forma que cuando yo estaba dentro del hielo. Pero si hay un recuerdo que llevaré conmigo durante muchos años es la carrera de autos de Fórmula 1 en el GP de México del 2015. El boleto adicional que había comprado estaba pensado para mi ex. Sin embargo, en el momento en que tomamos rumbos distintos, el primero que me vino a la mente para invitar fue, sin lugar a dudas, mi papá. Su afición por el automovilismo desde la llegada de “Checo” Pérez a Sauber hace algunos años solo se incrementó desde que el piloto empezó a subir de nivel con Force India, y si bien decidió no ir los tres días, por supuesto que le guardé el lugar para el mejor de todos: el domingo de la carrera.

Padre2
Un padre es el mayor fan de sus hijos, aún cuando estos se equivocan.

Mi emoción iba dando tumbos entre el sonido de los motores, la vista de los autos que pasaban frente a nosotros dentro del Foro Sol y el asombro de mi papá ante cada cosa que veíamos ya fuera en pista o en las pantallas. Tomó fotos, celebraba cada que Checo pasaba por nuestro sector -y más cuando realizó cada uno de los dos rebases del día- y festejó el triunfo de Rosberg como si fuera compatriota nuestro. El día lo coronó con un video/collage de las fotos que tomó durante el evento que, me permito decir, me pone la piel chinita cada vez que lo veo. De ese día me quedo con una frase que dijo al final: “en la vida me habría imaginado venir a un evento de este tipo“. Sí, a sus 61 años sigue teniendo la capacidad de asombro de un niño de ocho, lo cual es de admirar y envidiar.

Muchas gracias a ti, papá, ejemplo de vida y superación. Porque sin hacer alarde de lo que has logrado, eres el vivo ejemplo de lo que mi hermana y yo queremos y a lo que aspiramos. Porque tu manera de ser taimada impone más respeto que aquél que grita o da manotazos para imponer su voluntad. Por que todavía pones empeño para ayudar a cambiar llantas, cuidarnos en enfermedades y darnos sustento -sin vivir bajo el mismo techo- que como si fuéramos adolescentes. Porque te das el lujo de llorar cuando la vida lo amerita sin miedo al “qué dirán”, pero siempre te encargas de que las cosas sucedan como tienen que suceder.

Gracias por siempre estar ahí, por ser mi modelo a seguir y sobre todo por ser el mejor modelo a seguir que existe. Todos solemos presumir que tenemos al mejor papá, al padre perfecto. No sé como podemos hacer tales comparaciones, pero lo único que sé es que eres el padre perfecto para mi. Al igual que lo hice con mi mamá, si tuviera que elegir una vez más, te elegiría con los ojos cerrados. Si algún día tengo la dicha de estar en tu lugar, procuraré buscar ser como tú, porque no encuentro mejor ejemplo de vida al que seguir.

Jorge.

 

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2 respuestas a “Día del Padre

  1. HOY MIERCOLES 17 DE AGOSTO, “MI ESPECIAL DIA DEL PADRE”, ABRI UNOS DE LOS MAS HERMOSOS REGALOS QUE EN MIS 61 AÑOS HE RECIBIDO, NO SABES COMO AGRADEZCO A MI DIOS CREADOR (COMO DICEN USTEDES) LO QUE TENGO, TE PUEDO DECIR QUE DIA A DIA TRATO DE SER FELIZ; PERO ESTE ES UNO DE LOS MOMENTOS MAS ESPECIALES EN LO QUE HASTA HOY HA SIDO MI PASO POR ESTA VIDA Y SABES QUE? POR ESTO HA VALIDO LA PENA. NO SABES COMO AGRADEZCO TUS PALABRAS, NO ME DA PENA DECIR QUE ME SALIERON LAS LAGRIMAS, PERO DE UNA ENORME EMOCIÖN Y FELICIDAD. GRACIAS, MUCHAS GRACIAS HIJO

    TE QUIERO MUCHO

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