Cómo cambió mi vida, 1a Parte

Todo en este universo está en constante cambio, ya lo habíamos mencionado. Ver fotografías es como viajar al pasado: sabemos quién es la persona que aparece en la imagen, pero seguramente su forma de ser, la manera en cómo ve la vida y su ideología es completamente distinta a lo que es hoy. El cambio incluso sucede, literal, de la noche a la mañana, porque nuestras células se regeneran, nuestro cerebro almacenó información aprendida durante el día, y al despertar nos levantamos con un organismo distinto al que teníamos antes de dormir. Es la ley de la vida.

Algunos cambios suceden de manera natural, con la evolución propia del ser humano, y otros son alentados por factores externos. Lo importante de esos cambios es que nos lleven a ser mejores personas que las que éramos antes. Si no es así, entonces hay que dar marcha atrás y tomar el camino correcto. ¿Cómo sabemos cuál es ese camino? Sencillo, es aquél en el que encontramos menos obstáculos y, por lo tanto, transitamos con mayor facilidad en nuestro diario vivir.

En mi caso, puedo decir que una de las razones más importantes -si no la más- por las que he sentido ese cambio en mi persona es la meditación. A través de la práctica de esta actividad mi estado de ánimo, mi cuerpo y mi manera de ver la vida han dado un giro, y puedo decir sin miedo a equivocarme que soy una persona muy distinta a como era 6, 7 años atrás.

Pero vayamos por partes.

¿Qué es la meditación? No existe como tal una respuesta que defina de manera determinante qué es ésta práctica. Claro, existe la definición de la Real Academia Española de la Lengua, pero es demasiado conceptual, “fría” para entender qué es meditar. Además, es difícil dar una sola definición, porque meditar es tantas cosas que nos encontramos en una paradoja al querer establecer un absoluto, así que les daré lo que para mí es conforme a mi experiencia y aprendizaje, sirva o no como información contundente para los demás.
Meditar4La meditación es una actividad que me ha permitido encontrar un estado de paz en mi vida diaria, permitiéndome regresar a mi “centro” cuando me encuentro en una situación que me provoque ansiedad o un estado de ánimo alterado. Nada tiene que ver con que no encuentre exabruptos o situaciones incómodas en mi día a día. No, al ser actos de terceros externos a mi estarán ahí haga lo que haga. Sin embargo, la meditación me ha ayudado a estar en paz conmigo mismo sabiendo que lo que no provenga de mi está fuera de mi control.

Hace algunos años mi carácter era un tanto explosivo, y de manera constante mi mal genio tomaba las riendas cuando algo que no me gustaba o no se acomodaba a mi perspectiva -siendo ese “algo” un factor externo-, pretendiendo quizás que al mostrar mi enojo la situación cambiaría a como yo lo buscaba. Nada más falso que eso. En cambio, la meditación me ha ayudado a entender que siempre habrá cosas fuera de mi ámbito personal sobre las que no tengo control alguno. Entonces, ¿cómo puedo enojarme por eso que es ajeno a mi esfera de competencia? Sí, muchas cosas externas pueden ser una patada en el ánimo, pero hoy más que nunca entiendo que lo que pasó no podía haber sido de otra manera, y por lo tanto no la voy a cambiar por más berrinche que haga.

Meditar es observar sin juzgar. ¿Han pensado alguna vez cuántos juicios de valor -subjetivos todos, claro- hacemos ante las situaciones que se presentan en nuestras vidas? En términos generales, todo lo que nos pasa lo vemos como 1) bueno o 2) malo. A veces le damos un tono de gris pero siempre inclinados a valorarlo como bien o mal, dependiendo el efecto que tenga en nuestras vidas, además de la pre-conceptualización que tengamos de tal o cual conducta. Cuando uno medita se vuelve capaz de ver las cosas libres de etiquetas ni juicios de valor, entendiendo que las cosas tienen una razón de (y para) ser, y que esa razón se hará consciente una vez que estemos dispuestos a recibir los mensajes que venían encriptados, por decirlo de alguna forma, en las conductas y situaciones externas que se presentan día a día. Sí, fue un gancho a mi ego que me quitaran la beca en el ITAM, pero haber estudiado en el Tec de Monterrey fue lo mejor que me pudo haber pasado, y no lo supe sino años después.

Meditar5Meditar es liberarnos de la prisión sensorial con la que vivimos los seres humanos a través del gusto, el tacto, el oído, la vista y el olfato. Nuestra “realidad” ha sido definida por todo aquello que podemos probar, tocar, oír, ver y oler, y se nos ha instruido para pensar que, fuera de eso no existe nada más (lo curioso es que todos creen que existe un Dios, aunque nadie lo haya visto, tocado, oído, visto, olido y -espero- probado). Si algo me ha dejado el meditar es hacerme consciente de que allá afuera existe un universo tan vasto que los problemas “terrenales” son tan nimios que pueden resolverse de forma sencilla. Además, también he aprendido a “escuchar” a mi voz interna cuando estoy por tomar una decisión tan simple o compleja como sea, sabiendo que la respuesta que obtenga será siempre la correcta. Hace un par de días iba camino a nadar después del trabajo, pero todo el trayecto había señales que parecían indicarme que no debía ir, o que era preferible ir al gimnasio. En algún momento pensé claudicar, pensando que esos múltiples obstáculos para llegar eran simple obra de la casualidad sí como no, darme vuelta e ir a ver a unos amigos en su trabajo -coaches de hockey sobre hielo-, pero mi ego pudo más y nadé por espacio de media hora. Esa noche fue una de las peores que he pasado en los últimos años: fiebre, tos y una gripa que todavía arrastro. No obstante, entendí que de haber escuchado esa voz interna que me invitaba a no hacer lo que al final hice, hoy no estaría como fábrica de mocos líquido nasal respirando peor que bulldog francés.

Meditar es vaciar la mente de todos aquellos pensamientos que nos transportan al pasado y que nos causan algún estado de ánimo decaído por algo que ya pasó, pero que seguimos acarreando con nosotros, así como de las expectativas de futuro que nos generan estrés y angustia por algo que todavía no ha pasado y, sobre todo, no sabemos si en realidad va a pasar. Vivimos en un estado constante de ansiedad por circunstancias pasadas y expectativas de futuro que pasan por encima del presente, momento que debemos atesorar y del cual es nuestro deber hacernos conscientes, so pena de olvidarnos de gozar la vida que vivimos en este preciso instante.

Meditar es hacerle entender al ego que las cosas se hacen por amor, en paz, y no simplemente porque “tengo que lograrlo” o porque “tengo que ser el mejor” o por cualquier otra explicación semejante que se les pueda ocurrir. Vivimos en una época en la que el ego de las personas domina el mundo, y hacemos las cosas pensando que es lo mejor para nosotros, o porque simplemente tenemos que hacerlas. Después de meditar he entendido que todo lo que proviene del ego

Meditar es encontrar una respuesta para todo. Con relación a seguir esa voz interior, he aprendido a confiar en mi cuando tengo una pregunta o duda existencial, y a saber esperar una respuesta aún en los lugares y momentos más inesperados. Creemos que recurrir a nuestros seres queridos y personas cercanas nos dará una perspectiva distinta a la nuestra, y puede que sea cierto, pero al final estará sujeta a la cárcel sensorial de la que hablaba antes. El universo tiene infinitas posibilidades, pero siempre nos dará la respuesta adecuada para nuestra inquietud, y para acceder a planos superiores, a esa deidad con la que estamos conectados, basta con recurrir a la práctica de la meditación.

Meditar3La gente tiene un concepto un tanto erróneo sobre lo que es meditar. La gente imagina que es necesario retorcerse como pretzel, usar turbantes al estilo del Maharajah de Pocajú (si no vieron Don Gato y su pandilla no sabrán de qué estoy hablando) y emitir sonidos raros mientras está aislado en un bosque de Asia. Pueden hacerlo, claro, pero no existe como tal una receta absoluta que nos diga como meditar de mejor manera. Basta con sentarse en una silla en una posición cómoda, poner las manos sobre las piernas, relajarse, respirar a ritmo normal….y dejarse ir. No es necesario hacerlo durante una hora (es recomendable, claro), pero basta hacerlo 5 minutos al día, o un minuto estando en la oficina. Es más, en pleno tráfico se puede lograr. No sé con precisión cuántas veces al día respiramos, pero si son 1,500 entonces tenemos 1,500 oportunidades de meditar al día. La idea es hacerse conscientes de la respiración, estar en el momento presente y hacer a un lado todo lo demás en ese instante.

No puedo sino invitarlos a que lo hagan, en verdad. Si tienen 10 minutos para revisar sus redes sociales, también lo tienen para meditar, y no se necesita gran ciencia. No se desesperen, puede ser tan fácil o tan difícil como uno quiera, pero los beneficios que uno obtiene de meditar son infinitos, literal. Hay mucha información en internet, cursos y sesiones de meditación que los pueden guiar en esta práctica y hacerse conscientes de donde están y hacia donde van.

Abrazo.

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