Un día en…una boda en Oaxaca

El fin del 14 al 16 de octubre llegó, y con él la anticipada boda de una muy querida amiga de la universidad. Ella tiene varios años viviendo en Phoenix, Arizona, en los Estados Unidos, y desde el minuto uno que me dijo que estaba invitado para asistir a tan importante fecha me apunté, tanto por verla a ella y a su hoy esposo, como por visitar uno de los estados más atractivos de la República Mexicana. Además, si agregan que me reencontré con varios amigos con los que compartí salones de clases y que no había visto en mucho tiempo, el fin de semana pintaba exactamente para lo que resultó ser: extraordinario.

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El paisaje de Oaxaca es único

Todo comenzó el viernes 14, cuando desde el aeropuerto algunos de los invitados (amigos de la novia de lugares distintos a la universidad) nos organizamos para el traslado a los hoteles, y de ahí organizar la famosa “visita de las siete casas”, con la idea de recorrer diversos bares del centro de Oaxaca y aprovechar lo más que se pudiera la noche libre que tendríamos. Llegué solamente a cinco bares, todos de distintas características, y en cada uno probé una bebida distinta a base de mezcal -a donde fueres haz lo que vieres, o algo así- para decidir a la 1:30 am que era buena hora de ir a descansar y estar fresco para la boda. Mezcal derecho en un bar que parecía de motel, mezcalini de tamarindo en el “Desestresse“, mezclado con jamaica en una terraza cuyas lámparas eran cubetas rojas, Mezcal en frappé con maracuyá en un bar estilo bohemio que invita para ir a leer mientras bebes algo y Mezcal Ocho Coyote en Zicanda, lugar que resultó ser de un viejo amigo que conocí gracias a una ex-novia, dueño también de la marca del Mezcal que tuvimos a bien probar.

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El traslado a la recepción

El sábado 15 llegó el día esperado. A las 12:30 nos recogió en el hotel una van que nos llevaría al municipio de San Andrés Huayapam, a media hora de la ciudad de Oaxaca, donde tendrían lugar tanto la ceremonia como la recepción. La primera se llevó a cabo en casa de la mamá de Sandra, mi amiga, y fue oficiada por un amigo en común de los novios al más puro estilo estadounidense, con votos (vows) de cada uno de ellos, para cerrar al ritmo del mariachi que emocionó a más de uno, sobre todo a aquellos visitantes extranjeros que pocas veces pueden ser testigos de la música tradicional mexicana. El traslado al sitio donde se llevaría a cabo la recepción se hizo al estilo de una Calenda. Si no han oído de ellas, es una festividad Oaxaqueña que busca exaltar la alegría, además de unir lazos entre familiares y miembros de la comunidad. Consiste básicamente en caminar acompañados de música de banda en vivo, mientras mujeres ajuareadas con ropa tradicional del lugar (huipiles) bailan al ritmo de la música y sirven mezcal a los que participan en la fiesta. La comitiva iba liderada por un globo de color blanco con los nombres de los novios, así como por dos “monos de calenda”, muñecos/títeres gigantes vestidos de novios para anunciar al pueblo del importante acontecimiento.

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Mujeres vistiendo huipiles

Es de llamar la atención que el propósito de la Calenda, entre otros, es compartir con la gente la alegría de la fiesta, lo cual en San Andrés Huayapam cumple su cometido: los vecinos que habitan en las casas de las calles por las que caminábamos se asomaban para saludar, no sólo a los novios, sino a familiares y amigos que, incrédulos, conocíamos una más de las bellas y folclóricas costumbres de nuestro culturalmente rico país. Toda una experiencia para los cerca de 80 invitados a la boda.

La recepción fue todo un acontecimiento, con cada detalle finamente cuidado: probamos el famoso Tejate, nos regalaron alebrijes miniatura a cada uno de los invitados, mesa de dulces delicadamente puesta para beneplácito de todos, la atención de los meseros impecable, la música en todo momento tenía a la gente de uno y otro país bailando, y la comida…dios mío, impresionante. Típica comida oaxaqueña que sirvió para seguir presumiendo la riqueza de uno de los estados más bonitos y representativos de la cultura tradicional mexicana. En lo personal, poder platicar, reír, beber y bailar con mis amigos de la universidad fue una linda experiencia, además de tener la oportunidad de conocer a los papás, hermano y amigos del novio, que si bien a él lo había visto en ocasiones anteriores, a su gente cercana no tenía todavía el gusto, y vaya que fue una gran experiencia. He de resaltar la emoción con la que algunos de ellos desearon el mayor de los éxitos a la selección femenil de hockey sobre hielo de la que hasta hace unos meses tenía el placer y el honor de formar parte, además de escuchar por ahí, durante una conversación, decir a alguien que “él (refiriéndose a mi) es definitivamente mi preferido”. Fiesta inolvidable, sin lugar a dudas entra en la definición de “una de las mejores bodas a las que he ido”.

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Monos de calenda

Al día siguiente, el domingo 16, los novios organizaron una “tornaboda” en casa de la mamá de Sandra. Considerando que muchos iban con lentes obscuros, sus movimientos estaban limitados únicamente a llevar alimento a la boca y el silencio predominaba en las mesas, podíamos concluir que la noche anterior había sido una gran fiesta. El ambiente seguía siendo el mismo de camaradería del día anterior, incluso entre la gente de distintas nacionalidades. No hay mejor manera de unir a personas de contextos distintos que a través de muestras de amor y felicidad entre seres queridos. No había uno solo que no sonriera a alguien más, y la plática continuó de forma tan amena que era imposible no sentirse parte de un nuevo círculo social que gira alrededor de dos persona que son la muestra implacable de que, sin importar las circunstancias, dos almas gemelas siempre terminan por encontrarse.

Nuestro fin de semana cerró con un breve paseo por el centro de Oaxaca, y con un gran número de recuerdos para llevarnos a casa. Un par de botellas de mezcal de regalo, cansancio acumulado del día anterior, pero muchas ganas de regresar a un estado que tiene mucho que ofrecer, pero también mucho que perdonar a su gente. Y no sé, quizás también volver para completar la visita de las 7 casas que dejamos pendiente, pero ahora en distintos lugares.

Abrazo.

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