¿Cuál es nuestra realidad?

¿Cuántas veces hemos ido de vacaciones y, al regresar, nos pesa saber que uno o dos días después regresaremos a las actividades normales? Sea escuela o trabajo, todas las personas hemos dicho alguna vez, a manera de queja, el típico “de vuelta a la realidad”. Sí, la vida diaria puede volverse tan complicada como lo queramos, y son esos los pequeños espacios en el calendario los que nos permiten salir de viaje y despejarnos del ajetreo diario que  implica cumplir con nuestros deberes en nuestro lugar de residencia.

Sin embargo, pareciera ser un malestar común regresar de esas vacaciones -por breves que sean-, porque todos, alguna vez, hemos expresado nuestra inconformidad con retomar las actividades normales con el típico “de vuelta a la realidad”, como si despertáramos involuntariamente de un sueño que no queremos dejar atrás. Una vez despiertos es hora de reiniciar nuestra rutina diaria: casa-oficina/escuela-casa. Una y otra vez hasta que volvamos a saborear los tonos dulces de esos días de esparcimiento alejados de la ciudad.

realidad1He llegado a la conclusión que esa frase expresa mucho más que una simple queja por volver al trabajo. No es una simple queja, y va más allá de un simple cliché para hacer saber cuánto disfrutamos nuestras vacaciones.

Es un síntoma de lo pervertida que está la dinámica social en un mundo donde el éxito se mide en el dinero que ganamos, las cosas que compramos y los lujos que poseemos. Mientras más acumulemos, la imagen que proyectamos ante los demás es de éxito. “Ya la hicimos”, solemos decir. En consecuencia, la sociedad dicta que para alcanzar ese éxito, lo normal es trabajar de lunes a viernes de 9 a 6 pm (o cualquier variante similar) si queremos obtener cierto status, pero un “extra” nunca está de más si la intención es llegar hasta la cima del ámbito en el que nos movamos. Obviamente, frente a ese ímpetu empresarial, nuestra vida es eso que pasa entre cuatro paredes preparando reportes, listas de clientes, cartas, contratos, prospectos, fórmulas, diseños, cotizaciones, resultados y resúmenes de lo que sea que hagamos en nuestro trabajo.

Lo que hemos olvidado, y que incluso las escuelas omiten enseñarnos, es que el dinero no es más que un pedazo de papel o de metal que le da valor a la porción de vida que gastamos en una oficina trabajando para alguien más. No es más que una creación del hombre para dar valor a nuestro esfuerzo, además de ser el medio para acceder a todas esas cosas que nos han hecho creer que necesitamos para ser felices. Analizándolo de manera objetiva, el dinero es una ficción social que nos hace creer cuánto vale nuestra vida, y uno de los premios que obtenemos al acumular cierta cantidad de esa ficción es irnos de vacaciones a algún lugar que por determinadas circunstancias nos llame la atención o sea de nuestro agrado.

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Soy un pedazo de papel y controlo tu vida entera

Desconozco con exactitud en qué año se creó el dinero como tal, pero ese fue el día que las personas empezamos a valer por lo que tenemos y no por lo que somos. Le pusimos un precio a nuestra felicidad y es nuestro deber trabajar hasta alcanzarla.

Sin embargo, el dinero no ha acompañado al ser humano desde su aparición en este planeta. Si es una ficción relativamente reciente, significa que el modo de vida de la comunidad tenía fundamento en algo distinto al dinero, y que la obtención de la felicidad radicaba no en lo que acumulaban, sino en lo que hacían. Sí, en la prehistoria todos debían aportar su conocimiento o esfuerzo para el bien de los demás, sabiendo que los demás actuaban con esa misma idea en mente, pero el tiempo que tenían de esparcimiento era mucho más que el que invertían en los trabajos que les eran asignados.

Por lo tanto, significa que el tiempo libre era la regla y no la excepción, y que nuestros ancestros pasaban más tiempo “de vacaciones” que en sus respectivos oficios. Si esto era característico de la sociedad de ese entonces, ¿por qué hoy tendría que ser distinto? Claro, la respuesta está en la importancia que le hemos dado a los satisfactores materiales a los que accedemos si acumulamos cierta cantidad de dinero.

OJO, no digo que el dinero sea algo maligno o del mismísimo demonio (mis amigos cristianos estarían muy orgullosos de mi si leen estas dos líneas). Al contrario, si la energía que le damos al dinero para alcanzar ciertos fines es la correcta, puede ser un instrumento muy útil para lograr nuestros objetivos. Pero el problema es que hoy en día las personas estamos al servicio del dinero, y no al revés, el dinero al servicio de las personas.

realidad3En consecuencia, bajo la premisa que el tiempo libre solía ser la regla y no la excepción, y que el dinero es una simple ficción social, el resultado de este silogismo es que la realidad del ser humano debería ser -y digo debería como ideal- vivir día a día una vida en paz y en compañía de nuestros seres queridos y más allegados, y sólo acudir al cumplimiento de nuestros deberes laborales cuando la necesidad así lo determine para eliminar carestías en alimentos, bebidas y necesidades básicas para sobrevivir. Es decir, nuestra realidad tendría que ser vivir una vida de esparcimiento que nos permita continuar con esa búsqueda de lo realmente importante: la paz y la felicidad absoluta alejado de factores materiales, y esporádicamente enfocar nuestros esfuerzos en cumplir nuestro rol dentro de la comunidad para permitir que todos tengan acceso a los benefactores mínimos necesarios.

De esta forma, la frase “de vuelta a la realidad” la usaríamos al regresar del trabajo, no de las vacaciones, para volver al estado de esparcimiento normal del ser humano, alejados de la preocupación que se ha vuelto acumular una ficción creada por unos cuantos para controlar a todos y para distraernos de lo realmente importante: hacer lo que nos apasiona, cambiar el mundo, compartir nuestros gustos y pasiones con los seres queridos, vivir en un estado de paz y felicidad permanente. VIVIR.

“Estamos aquí para cambiar el mundo y ser felices, no para seguir reglas, ganar dinero, pagar las cuentas y morir”.

                                                  -Anónimo-

 

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