Estás a una decisión de cambiar tu vida

Todo en esta vida son decisiones. Desde el momento en el que nos despertamos hasta cuando cerramos los ojos para dormir, nos encontramos con el dilema de qué hacer ante distintas situaciones que, al final, nos habrán guiado a través del camino elegido hasta nuestro destino final. El fruto de nuestras elecciones se puede apreciar de manera inmediata en algunos casos, o a largo plazo en otros. La única constante es que todo -absolutamente TODO- es resultado de las decisiones que tomamos a cada momento.

Mucha gente dice que cuando tomamos una decisión, al mismo tiempo hacemos un sacrificio. Elegir implica que hay, cuando menos, dos opciones: A o B. O quizás sea solamente A, pero tenemos la libertad de tomar A o no hacerlo. Al contrario de lo que se piensa, en lo personal no considero que hacer una elección implique forzosamente un sacrificio. Al contrario, hay una razón por la que elegimos una de las opciones que se nos presenta, ya sea porque es la mejor para nosotros, para alguien más o simplemente es la que más nos atrae. Hacer un sacrificio significaría que, de las dos (o más) opciones, elegimos una distinta a la que más nos conviene o a la que consideramos la mejor.

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“Una mejor vida”

Al final, todo lo que hacemos día con día es tomar decisiones: tan simples como elegir levantarnos de la cama o seguir acostados 5 minutos más; caminar a la oficina o ir en automóvil; comer ensalada o pasta; ver la película de acción o la romántica; leer o ver algo en la televisión antes de dormir. Pero también hay decisiones tan determinantes que marcan nuestra vida de una u otra forma, a mediano y largo plazo: elegir qué carrera estudiar; a qué universidad asistir; en qué momento dejar de vivir con los papás; a qué lugar viajar de vacaciones; no ir al médico por un simple malestar de estómago (y afrontar las consecuencias que eso conlleva después).

De una u otra forma, todas esas decisiones nos han llevado al lugar (y estado) en el que nos encontramos hoy. De esa dimensión es la relevancia de cada una de las elecciones que hacemos en nuestras vidas. Pero en el mismo tenor, somos nosotros los que dictamos el rumbo que queremos tomar, asumiendo las consecuencias que eso conlleva.

Todos tenemos sueños, anhelos qué cumplir, lugares a los que ir y cosas por hacer, pero tomamos decisiones que parecieran las más cómodas, aunque nos alejen de todo aquello que deseamos o nos hemos imaginado. ¿Quieres dedicarte a la pintura? En tus manos está tomar la decisión para encaminar tu vida hacia ese destino. ¿Quieres vivir en Europa? Basta que tengas un poquito de determinación, investigues lo necesario y emprendas el viaje. Siempre hay formas de hacerlo, y si pensamos que la falta de dinero es lo único que evita que hagamos las cosas, entonces estamos viendo la situación desde una perspectiva errónea, porque quien piensa desde la escasez solo atraerá escasez.

Decisión1Otro obstáculo que ponemos en el camino para tomar las decisiones que cambiarán nuestra vida hacia el rumbo que queremos es hacer caso a las opiniones externas, a los juicios de aquellas personas que, por determinada razón tiene cierta influencia en nuestras vidas, y como damos peso a los juicios que ellos hacen (sin vivir la vida como la vivimos nosotros), creemos que lo que ellos dicen o sienten es ley de vida. Es más, creemos que la experiencia ajena será exactamente la misma que la nuestra, ¡y eso es falso! Nadie vive lo mismo, nunca ha pasado y nunca pasará. Cada detalle de nuestro diario vivir forja un camino distinto para cada individuo, y no podemos tomar el ejemplo de alguien más como visión de lo que será nuestra vida en un futuro.

¿Qué nos lleva a dejar de tomar una decisión? Sencillo: el miedo. Miedo a lo desconocido; miedo al “qué dirán”; miedo a un fracaso ilusorio que solo alimenta nuestro ego y sentido de permanencia en el lugar en donde estamos; miedo a que las cosas no resulten como son. El miedo paraliza, evita que nos movamos a otro lugar, quizás a ese que tanto hemos soñado, pero que por el miedo a lo desconocido preferimos no movernos de lugar por muy descontentos que estemos en él. Por miedo tomamos decisiones cómodas, en lugar de aventurarnos a lo que hemos imaginado pero que no queremos ver.

Hace algún tiempo decidí poner fin a la vida de abogado de despacho que llevaba ejerciendo 10 años. Sí, es una carrera bien remunerada pero muy ingrata en términos de tiempo libre y calidad de vida. Hoy estoy en un lugar cuyo crecimiento es relativamente más lento que en un despacho, pero que me da el tiempo libre necesario para emprender actividades que quería pero no podía por falta de tiempo: lectura, cine, yoga, meditación, tiempo de calidad con la gente que quiero. Al principio dudaba dar ese brinco, porque muchos decían que era un retroceso profesional; otros opinaban que el elemento económico sería menos satisfactorio que en un despacho. No obstante, cuando dejé de escuchar a los demás y puse atención a lo que mi vocecita interna decía es que puse todo mi empeño, esfuerzo y alma en moverme a un lugar que me diera mejor calidad de vida y una abundancia que me permita vivir de manera cómoda, satisfaciendo mis gustos y preferencias.

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“Elige el amor en lugar del miedo”

Y hoy no puedo estar en un mejor lugar ni en una mejor situación. Hago lo que me apasiona más allá de la oficina -incluso dentro de ella-, tengo tiempo libre suficiente para ir a cenar, al cine, jugar boliche, ir a clases de yoga, meditar, leer, ver series, caminar. Vivir.

He recibido comentarios de ex-colegas que aprecio mucho, diciendo que envidian mi vida. Mi respuesta siempre es la misma: no la envidies, toma la decisión de cambiar de estilo de vida. Su vida está, literalmente, a una decisión de distancia de ser todo aquello que ha soñado. La vida de cada uno de nosotros está a una decisión de ser lo que queremos si ponemos nuestra mente y nuestro corazón en ello. Estamos a una decisión de distancia de hacer lo que tanto hemos soñado, y de tener la vida que anhelamos. Hagamos a un lado el miedo disfrazado de practicidad, ese miedo que paraliza, y tomemos la decisión que nos llevará a una vida mucho mejor.

Jim Carrey, en este extracto de su hermoso discurso en una universidad de los Estados Unidos de América, lo dijo mejor que yo.

Abrazo.

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