Final de la Champions League

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A menos que vivan debajo de una roca no se habrán enterado que el pasado sábado 3 de junio se llevó a cabo en Cardiff, Gales, la final de la Champions League. El llamado mejor fútbol del mundo llegó a su fin con el duelo entre el Real Madrid y la Juventus de Turín. Pocos eventos durante el año congregan tanta gente al mismo tiempo, y éste es uno de ellos, en especial porque el equipo español es uno de los pocos que atrae aficionados de todos los rincones del mundo, siendo México uno de los principales.

Mi mundo no deja de girar con un partido de fútbol, pero soy especialmente afecto a la “Vecchia Signora”, por lo que verla en una final de este torneo siempre es especial. Estando fuera el fin de semana, interrumpí la vacación por un par de horas para…ver perder a mi equipo.

Es triste ver como los colores que apoyas se desmoronan con el paso de los minutos. Emociona ver una gran jugada, pero rompe el corazón como cesan en su esfuerzo tan solo unos minutos después. El (señor) gol de Mandzukic generó una gran ilusión, la cual duró hasta el término del entre-tiempo, porque los segundos 45 minutos pertenecieron exclusivamente al equipo con el uniforme morado. Dybala fue invisible, Higuaín se perdió todo el juego, la contundente defensa BBC (Barzagli, Bonucci y Chiellini) se vio infinitamente rebasada por los embates del mejor jugador del mundo, acompañado de la mejor orquesta de mediocampistas que un equipo puede tener.

Pjanic nada pudo hacer frente al monstruo que es Modric; Khedira fue una simple sombra de Kroos, y la experiencia de Dani Alves nada pudo hacer para levantar a un equipo que, junto con su ánimo, terminó por los suelos. Pero lo siento muchísimo más por la figura emblemática de la Juve, aquél que ha estado en las mejores y en las peores (incluso en Serie B). El que representa todo lo que ese gran equipo es: Gianluigi Buffon. El hombre vive y muere por los colores de la Juventus. No se hizo ahí, pero desde que llegó del Parma, hizo de su uniforme su propia piel, y hoy es el referente de uno de los equipos con más historia del mundo, y el más exitoso al menos en Italia.

Algunos dicen que la Juventus no está hecha para ganar la Champions League (antes la Copa de Europa), pero dudo que sea así de dilapidante la situación. La realidad es que enfrentaron a un monstruo de equipo, dirigidos por una de las mentes más brillantes que haya jugado jamás: Zinedine Zidane. Pero estoy seguro que será en esta vida cuando tenga la oportunidad de ver a uno de los equipos de mis amores coronarse en la máxima competición de su deporte. Tienen la capacidad, los recursos y las ganas de lograrlo, y nada puede vencer a alguien que pone su alma y corazón en un objetivo.

Lo bueno: la decepción deportiva dura mientras el juego no haya terminado. La vida continúa, y tras el silbatazo final, no hay tristeza que dure cinco minutos cuando la acompañas de una cerveza, sol, un poco de mar y la mejor compañía. Al final, es solo un juego, y de esos juegos es que está hecha la vida. Tenemos que aprender que nunca se pierde, solo se aprende, y que en las tribulaciones es cuando nos hacemos grandes.

Gracias a la Vecchia Signora por una gran temporada. Y como dirían en Torino: Fino Alla Fine! Forza Juve! Juventus, storia di un grande amore.

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