Todos tenemos nuestro “huso horario”

Tiempo

A mis casi 35 años, estoy en una etapa de vida en la que mis amigos y gente cercana tienen una dinámica de vida muy particular, o al menos la mayoría de ellos. Algunos han logrado cosas que otros no, y viceversa. Matrimonio, hijos, compra de casa o departamento, divorcios, viajes, cambio de residencia. Hay de todo.

Esta situación también varía con la edad. Hace algunos años, las amigas de una ex estaban prácticamente todas casadas -o en vías de- a sus 25 años. Al conocer a otro grupo generacional, solo unos cuantos estaban en esa situación. ¿De mis amigos? La mayoría están casados y el número de hijos ya es considerable. Mientras tanto, yo sigo soltero, compartiendo mi vida con alguien y haciendo cosas que, quizás, muchos de mi edad ya ven como algo del pasado.

Al respecto, pareciera como si la sociedad operara bajo un manual que establece que todos tenemos que hacer ciertas cosas y, además, lograrlas a determinada edad: graduarte de la universidad a los 22, estudiar una maestría para conseguir un buen trabajo el que, por cierto, tenías que haber conseguido desde la universidad; casarte a los 28 años y tener hijos a los 30. Lo peor de todo es cuando, sino cumples con esos “estándares” preestablecidos, eres objeto de miradas sospechosas y juicios por parte de todos aquellos que, cabalmente, han cumplido con lo que se nos inculca, como si haber hecho todo eso en el tiempo indicado fuera el detonante de la felicidad que todos buscamos en esta vida.

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Línea de meta más adelante

Bajo esta premisa, es obvio que todos aquellos que no encuadramos en los supuestos socialmente impuestos somos bichos raros, parias sociales e infelices, porque no cumplimos con los estándares establecidos quien sabe por quién. Tomo mi ejemplo: tengo 34 años y no estoy casado, y mucho menos tengo hijos. Todavía no vivo en una casa o departamento de lujo ni tengo automóviles de hiper-marca. Los voy a tener, estoy haciendo todo lo que en mi persona está para manifestarlos en mi vida, pero simplemente ahorita estoy enfocado en otras cosas y quehaceres que tenía ganas de experimentar pero mi anterior dinámica personal no me lo permitía.

¿Eso me hace raro? No, en lo mínimo. Al menos no a los ojos de la persona que más me importa y que es la única que me puede juzgar: yo mismo. El problema está cuando dejamos que la opinión de otras personas nos afecte, que equivaldría a darle a alguien más el poder de manejar mi vida. Hace algunos años, quien entonces era mi amiga más cercana, dijo -palabras más, palabras menos- que ya no me buscaba mucho porque no estoy en la misma etapa que ella, y no entendería lo que hace y lo que vive. Nuestra relación al día de hoy no es sino la sombra de lo que fue en ese entonces, y solo hemos hablado una vez en los últimos tres o cuatro años.

Lo que quiero decir es, no dejemos que la vida de alguien más sea nuestra vida. No pretendamos emular nuestra dinámica a la de alguien más, simplemente porque son personas allegadas a nosotros. Si quieren experimentar muchas otras cosas distintas a las que la “gente normal” vive, está perfecto, vívanlo. Si su intención es clara con respecto al trabajo, residencia, vida de pareja y de familia, pongan su alma en esas metas y recorran el camino que los llevará hasta allá.

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No importa si sus amigos y familiares ya llegaron a ese punto, nadie dijo que fuera competencia. Vivan su vida, disfruten el presente y cada una de las cosas que Dios les pone en su camino. Al final, son exactamente esos pequeños obstáculos y desvíos en el camino los que los llevarán a su destino final, con la suficiente experiencia de haber aprendido las lecciones necesarias para llegar a ese justo momento, aun siendo antes o después de sus mejores amigos o de sus hermanos.

Nadie dicta el ritmo de vida de los demás, así como tampoco tenemos el derecho de juzgar ni la obligación de permitir a otros que juzguen qué, cómo y cuándo vivimos nuestras vidas. No por andar más rápido seremos felices, al contrario, cuando apresuramos las cosas el resultado suele ser perturbador, difícil y alejado de lo que realmente queremos (convirtiéndose, al final, en una gran lección de vida). Si a unos les ha llegado la hora de casarse y tener hijos y tú no ves para cuando, no te preocupes, tu hora llegará, tu tiempo vendrá pronto. Dice el cliché que cada cabeza es un mundo, y parafraseándolo yo diría: cada individuo es un mundo, y tenemos husos horarios distintos. ¿Qué importa si eres el único soltero en la reunión? ¿Qué tiene de malo si eres el único que sigue rentando, en lugar de comprar? ¿Tu coche es un Toyota, cuando el de los demás es Audi? ¿Qué tiene de relevante?

El que alguien más haya logrado lo que tú tanto anhelas unos años antes que tú no significa que seas un fracaso en la vida, sino que tienes que experimentar muchas cosas distintas para llegar a ese punto. Disfruta el viaje, aprecia el camino, el aprendizaje y las personas que conozcas en el trayecto, pues son todos ellos los que te llevarán a la plenitud de vida que necesitas para disfrutar todo lo que anhelas sin miramientos, sin arrepentirte de lo vivido, y sabiendo que, hoy más que nunca, estás listo para eso.

Abrazo

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