Bienvenido Emiliano

El pasado 10 de junio del 2017 llegó a este mundo Emiliano, el hijo de mi hermana, el primer nieto de mis papás y, por ende, el primer sobrino nuclear que tengo. Y digo nuclear porque tengo la fortuna de tener el título de manera “honoraria” con los hijos de algunos amigos cercanos, además de contar con varios sobrinos en ambos lados de mi familia. Pero con el perdón de todos ellos, Emiliano es el más cercano y, entenderán, no puedo estar más emocionado.

El viernes anterior estaba en una reunión en Polanco con los amigos de BAE, y aproximadamente a las 10:30 pm recibí un mensaje de mi papá diciendo “mañana amaneces siendo tío”. Fue una gran sorpresa -mi cara lo decía todo- porque mi hermana me había contado que esperaban el parto hasta la otra semana, así que no me quedó de otra que pedir una cerveza y brindar porque en un ratito más Emiliano llegaría a nuestras vidas.

Y así lo hizo, exactamente a las 00:24 del sábado. Pesó 2.4 kilos, midió 46 centímetros y, de acuerdo con sus médicos, está en perfectas condiciones físicas, lo cual es asombroso para un bebé que llegó con 20 días de anticipación. Pequeñito pero fuerte. Ah, eso sí, con unos dedos de las manos laaaargos, como los de su abuelo y, dicen algunos, como los de su tío.

Emiliano1

Me considero una persona sensible, que no trata de ocultar sus sentimientos, a pesar de lo que la sociedad típicamente machista mexicana ha dictado: que los hombres no lloran. Horas después, de regreso en el hospital, no pasaron más de tres segundos de tenerlo en mis manos para que empezara a llorar, supongo de la emoción, o de esa sensación de alegría y amor puro que transmiten los bebés recién nacidos. Con las piernas temblando, no logré articular ni una sola palabra por el shock en el que me encontraba. Sin embargo, en esos momentos, hablar es innecesario. El bebé entiende con la vibra que uno emita, y basta con estar en contacto para que entienda todo lo que quería decirle.

Los niños son los seres más maravillosos que habitan este planeta. Su inocencia no tienen paralelos y lo único que conocen al llegar es el amor. Si alguna vez han estado en presencia de un bebé -recién nacido o no-, esa “ternura” que sienten, ese sentimiento de paz que irradia es el amor en su estado más natural. Cada ruidito que emiten, cada gesto que hacen o movimiento que realizan puede iluminar el día de cualquiera, por muy complicado que haya sido. Es por eso que como adultos “conscientes” tenemos que aprender a elegir muy bien lo que decimos, porque son nuestros más grandes traumas y miedos los que dan forma a la ideología que ese niño llevará consigo el resto de sus vidas.

Los niños dan tanto amor, que los adultos estamos obligados a ser mejores personas simplemente para merecerlo.

Así que, brindo por ti, Emiliano. Que en esta vida aprendas muchas cosas; que ilumines la vida de todos los que te rodeamos y de aquellos que conocerás a lo largo del camino. Te pido perdón en nombre de todos los adultos por los miedos y traumas que cada uno de nosotros tenemos, porque no son tuyos, tenemos una gran labor que hacer para ser merecedores de eso que tú vives, que tú eres. Que vivas muy feliz, que siempre estés en paz no importa las circunstancias de vida en las que te encuentres en este camino, y que nunca abandones ese estado de amor puro que nos atrae hacia ti como la misma gravedad.

Abrazo

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