Feminismo

Hablar del feminismo no es cosa fácil. Genera tanta polémica como partidarios hay de ella. Algunos se oponen, otros lo desprecian, y por supuesto muchos opinan a favor de dicho fenómeno. Pero el problema que enfrenta es tan básico que apenas podemos percibirlo. Nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste o qué pretende el feminismo.

En internet se define como la doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres. Aun cuando es un buen punto de partida, no hay como tal una definición “oficial” del movimiento feminista. Unos hablan de igualdad, otros de contrarrestar los abusos padecidos por el género femenino por parte del masculino, y hay quienes se refieren a él como la exaltación de la mujer en un mundo machista.

Sea por la religión, por el “rol” que se le reservaba a la mujer desde tiempos inmemoriales, así como la absurda idea de que es el sexo débil, queda claro que es necesario eliminar todas esas nociones que hemos heredado generación tras generación, y devolver a la mujer al plano que le corresponde. Pero aquí nos enfrentamos con otro problema. ¿Cuál es ese plano?

Hace algunos días vi en redes sociales que una prima publicó una imagen de una mujer sosteniendo un cartel color rosa que decía -en inglés- “el futuro es femenino”. Al inicio me gustó, porque reconozco la lucha que ha sido para la mujer darse su lugar en la sociedad. Sin embargo, reflexionando sobre el mensaje, le pregunté ¿por qué tiene que ser femenino únicamente, y no masculino Y femenino?

Hablar de igualdad entre hombres y mujeres es imposible. Para empezar, somos físicamente distintos. Desconozco si, como se dice, ellas son más débiles que ellos, pero que existen diferencias fisiológicas entre unos y otras es obvio. Una mujer tiene la capacidad natural de concebir, gestar y dar a luz a un ser humano, situación que, para el hombre, será imposible por su propia naturaleza. Además, hombres y mujeres tenemos distintas percepciones sensoriales: escuchamos de forma distinta, observamos de manera diferente, y no por eso unos somos menos que los otros.

Es claro que hombres y mujeres debemos tener las mismas oportunidades para desarrollarnos en el ámbito laboral, y por supuesto que debe haber un serio enfoque en la labor del gobierno para erradicar la violencia contra la mujer. Si queremos vivir en una sociedad, y ser parte de una comunidad sana, todas y cada una de las personas que vivimos en ella deberíamos tener la seguridad de que nuestro lugar será, no solo garantizado, sino respetado. Y todo empieza por erradicar mensajes o ideas como que el lugar de las mujeres está en casa, cuidando a los niños y atendiendo el hogar. O también que no son capaces de ocupar puestos de elección popular ni posiciones ejecutivas en una empresa.

La respuesta a esta incógnita de qué lugar le corresponde a la mujer está fundamentado en la equidad, en reconocer y celebrar las diferencias entre hombres y mujeres, pero también en otorgar los mismos derechos a todos, en la misma medida.

El problema que veo con el feminismo es que está llegando al punto de buscar colocar a la mujer, no en un plano de equidad, sino de superioridad frente al hombre, como si se tratara de una lucha del género masculino contra el femenino. He sido testigo de la ira de una mujer -feminista- por que una de sus amigas utilizó un término que hace alusión al falo masculino para manifestar su disgusto: “está del rifle”. Según ella, usar términos coloquiales a manera de analogías del órgano reproductor masculino enaltece al hombre y coloca a la mujer en un plano inferior. ¿Qué debemos decir entonces, que algo está “de la vulva”?

Si el proceso de llevar al género femenino a un lugar superior frente al masculino es la intención, lo único que se logrará es continuar con el círculo vicioso en el que vivimos. Tenemos que entender que nada ganamos resaltando las diferencias entre unos y otros, si a la vez no las celebramos. Porque no tiene nada de malo ser diferentes, siempre y cuando seamos capaces de entender que diferente no es igual a inferior. Luchar por poner a uno u otro género por encima del otro solo ahondaría en el problema que arrastramos hoy desde hace tantos años. Claro que hay muchas acciones que ayudan a lograr ese equilibrio, pero si esas acciones enaltecen solo a uno de los géneros -sea el que sea-, no estaremos logrando lo que se necesita para alcanzar una sociedad más equitativa y justa.

Festejo a todas las personas que son capaces de ver las diferencias sin menospreciar las características individuales de la mujer o del hombre. Pero no puedo hacer lo mismo con aquellas personas que tratan de colocar a uno arriba del otro bajo el argumento de recuperar los derechos perdidos.

Al final, nunca supe qué me contestó mi prima -porque recibí una notificación-. No me dio tiempo siquiera de leer su respuesta, pues más se tardó en escribir que en borrar la publicación.

Arriba la humanidad.

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