Entre mirreyes te veas

México es un país gobernado por y para la clase alta. Es un país en el que, si tienes dinero, no será necesario que cumplas con las obligaciones que todos los ciudadanos tienen a su cargo. Además, el poder adquisitivo es capaz de comprar libertad, favores y muchos beneficios para ti y tu familia.

En pocas palabras, es un país de y para mirreyes.

El pasado fin de semana -en el que se celebró el día del padre- se llevó a cabo la graduación de preparatoria del Instituto Cumbres, escuela perteneciente a los Legionarios de Cristo, y reconocida en la sociedad mexicana como una de las escuelas que tienen entre sus alumnos a hijos de prominentes figuras de la política nacional. Desde hace un par de años la graduación de estos jóvenes se ha vuelto notoria por los videos que producen y muestran en la fiesta de graduación, cuyo contenido suele mostrar, primordialmente, actitudes de opulencia, mamonería y misoginia.

No obstante, la fiesta del 2017 se volvió viral por una pelea entre jóvenes alumnos y exalumnos del Cumbres y del Colegio Irlandés, institución educativa “hermana” de la primera, al pertenecer también a los Legionarios de Cristo. Hay que recordar que esta orden religiosa fue fundada por Marcial Maciel, acusado de pederastia y encubrimiento de pederastia, por parte de miembros de dicha orden. En su columna del 22 de junio, el periodista Ricardo Raphael refiere muy bien cómo los Legionarios de Cristo son responsables de este tipo de actitudes de los jóvenes estudiantes de sus colegios, pues promueven no sólo una vida de opulencia -entre los requisitos de admisión off the record está el tener una cartera abundante, con la que alcance a pagar las estratosféricas colegiaturas-, sino también impunidad, corrupción y misoginia, actitudes todas reflejadas, año con año, en los videos de sus alumnos. Como si ese video fuera el trabajo final de todo lo aprendido en las aulas de clases durante sus años en esas instituciones.

Nadie sabe a ciencia cierta qué pasó exactamente en la fiesta, y como fue que una celebración terminó en trifulca, no solo entre alumnos de una y otra institución, sino entre sus guardaespaldas también. Es probable que otro requisito de admisión sea tener, al menos, un guardaespaldas al cual puedan recurrir si otro estudiante “los vio feo”. Lo único que se sabe es que una semana atrás, estudiantes del Irlandés mostraron -durante su graduación- un video en el que se mofan de otras escuelas “rivales”, entre ellas el Cumbres.

Considerando que en la graduación de esta última había alumnos de ambas escuelas, aparentemente las burlas hacia uno y otro lado se salieron de control, y como a los mirreyes no les gusta que nadie se burle de ellos -ni siquiera otro mirrey, pues entre bomberos no se pisan las mangueras-, tenían que defender su honor, por lo que empezaron a soltar golpes hasta que se dieron cuenta que la ropa se les arruinaría, dando paso a la intervención de los siempre fieles escuderillos que los esperaban afuera en lujosas camionetas.

Este pleito es tan solo el epítome de la realidad que impera en México, una realidad que vemos todos los días en las noticias con el gobierno que tenemos. Un gobierno corrupto, inclinado hacia la impunidad y que busca beneficiar exclusivamente a los miembros de su círculo social. Los egresados del Cumbres y el Irlandés, con ese dejo de opulencia y misoginia, son aquellos que en algunos años ocuparán cargos públicos, de “elección popular”. Son aquellos que heredarán de sus padres el manejo de las riendas de nuestro país, perpetuando el círculo vicioso que tanto daño genera a un país en el que cada vez es más marcada la desigualdad social, profundizada por este tipo de juniors cuyos valores se forjan en escuelas que promueven la prepotencia de la que somos testigos –y en ocasiones víctimas-, y de la que, pareciera, no hay interés alguno en erradicar.

Si la principal educación que reciben los niños y jóvenes proviene de los valores inculcados en casa, y estos alumnos son hijos de prominentes figuras de la esfera política y empresarial mexicana, queda claro que quienes están encargados de decidir sobre el rumbo de este país, están fallando en su labor, no sólo como líderes de una nación a la deriva, sino como padres de unos hijos que, como ellos, evitarán a toda costa romper con el círculo vicioso que se encarga de recordarnos día con día que México es y será un país gobernado por y para mirreyes.

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