Un año de practicar yoga

Hace unos días cumplí un año de trabajar en la empresa donde estoy, y una de las mejores consecuencias de haber dado ese giro es, sin duda, la oportunidad de practicar yoga, algo que quería desde hacía algún tiempo, pero que por cuestiones de horario y dinámica laboral, no encontraba la oportunidad adecuada. Pero vayamos por partes.

Desde el día uno que entré aquí busqué diferentes opciones para la práctica de yoga: estudios, gimnasios y similares. Sin embargo, la mejor alternativa que encontré fue el Centro Budista de la Ciudad de México, en Coyoacán. El Centro Budista lo conocía de antemano porque asistía ahí semanalmente a sesiones de meditación, y preferí emprender esta actividad en un sitio que conociera y, sobre todo, que me ayudar a abordar este tema desde una perspectiva mucho más espiritual que física. No porque ambos estén peleados, sino porque la práctica de yoga va mucho más allá de simplemente el esfuerzo físico, la flexibilidad, etc.

Yoga1No sé en el resto del mundo, pero al menos en la Ciudad de México, la práctica de yoga está en boga. Con esta moda de vivir una vida más sana a través de la alimentación orgánica, los tés y el mindfulness, la yoga forma parte de esa oleada de actividades que enriquecen al ser humano. Sin embargo, muchas personas lo abordan desde un plano meramente físico, como una alternativa a la falta de opciones para hacer ejercicio en una metrópoli enfocada en el crecimiento urbano a través de desarrollos inmobiliarios, poniendo a los parques y áreas verdes en el sótano de las prioridades.

Como alguna vez lo mencioné, practicar yoga va más allá de hacer el cuerpo flexible y de obtener una buena condición física. Lo que busca es el dominio de la mente a través de enfocarnos en nuestro cuerpo y en nuestra respiración. La mente -el ego- es un cúmulo de ideas que van y vienen generando en nosotros un estado de ánimo diferente, dependiendo del contenido de esas ideas. Recordemos, además, que las ideas no tienen sustancia, sino que son simplemente construcciones de nuestra mente con base en nuestra experiencia y en las cosas que hemos vivido. De esta forma, cuando las ideas nos transportan mucho al pasado nos genera tristeza, enojo o cualquier sentimiento que asociemos con esa imagen pasada. Por otro lado, cuando nos transporta al futuro nos genera ansiedad por lo desconocido, al enfrentar la incertidumbre de “lo que vendrá”. Y de esa forma, nuestra mente va y viene del pasado al futuro, brincándose siempre el presente, ignorándolo al punto de olvidarnos disfrutar lo que estamos viviendo aquí y ahora.

Lo que la yoga busca es dominar nuestra mente, hacerla a un lado para enfocarnos en nuestro cuerpo y nuestra respiración. Es una especie de meditación en la que la atención al cuerpo presente hace a un lado aquellas ideas que nos generan tristeza, enojo o ansiedad. Cuando la práctica de enfocarnos en el presente la llevamos a nuestro día a día, habremos experimentado la paz que todo ser humano busca en este trayecto llamado vida, y entenderemos que la realidad forjada en nuestra mente no es otra cosa que una ficción, una imagen falsa de lo que es real.

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Centro Budista de la Ciudad de México

Llevo un año viviendo esto, tratando de vivir el presente aun escribiendo estas líneas, en la oficina, con Eli, con mis amigos y mi familia. Entendiendo que, en efecto, practicar yoga me hará más flexible, pero no solamente del cuerpo sino de la mente también. Y así, desde mi trinchera puedo decir que mi estado de ánimo ha cambiado, que soy una persona distinta a la que llegó hace un año a esta empresa, y que, si bien no poseo la capacidad de controlar lo que sucede en el mundo, sí estoy en control de mis reacciones ante dichos sucesos, y eso es lo que puede traerme paz.

Justo ayer platicaba con alguien del Centro Budista y le decía que, contrario a la mayoría de la gente, inicio mis lunes con mucha alegría porque sé que por la noche iré a clase de yoga. Cuando haces lo que te apasiona, no importa que día sea, vivirás en paz y la vida tendrá una perspectiva completamente distinta. En ocasiones he pensado en cambiar de lugar para practicar yoga, para estar más cerca de la oficina y de mi casa, pero al final la vida me sigue llevando a Coyoacán. Sea por apego o por el simple gusto, seguiré ahí hasta que me empujen hacia otro sitio.

Gracias al Centro Budista de la Ciudad de México – Coyoacán por recibirme tan bien todo este año. Gracias a Nadia por hacer la clase de los lunes tan amena y relajada, y por considerarme “avanzado” cuando soy de las personas menos flexibles que he visto en la vida. Gracias a Yessi por ser tan meticulosa en sus clases, por ese instinto “maternal” que tiene con sus alumnos para guiarlos en cada una de las asanas. Gracias por enseñarme que la vida se vive ahorita, en este instante, y que más allá de haber mejorado mi flexibilidad y condición física, me siento mucho mejor anímicamente, lleno de paz.

Abrazo.

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