Mi cumpleaños

Mañana 1o de julio es mi cumpleaños. Por alguna extraña razón, desde que recuerdo, los días previos a esa fecha me inundan con un dejo de nostalgia y melancolía, mezcladas con mucho ánimo, expectativas positivas por el futuro y paz, sobre todo en los últimos años.

No suelo festejar mi cumpleaños. O, para explicarlo bien, normalmente no organizo grandes cosas para celebrarlo, a menos que la celebración involucre a alguien más, alguno de mis amigos que cumple años en estas fechas (que son varios, por cierto), pero nunca he sido un ávido organizador de eventos personales. La gente me critica un poco por ésto, pero deben entender que mi naturaleza es alejar, lo más que pueda, el foco de atención de mi persona, razón por la cual tampoco soy aficionado de partir pastel y que me canten las mañanitas, ni en mi casa ni mucho menos en el trabajo. Trato siempre de ayudar a la gente, estar ahí para ellos cuando lo necesitan, y organizar algo para mi me da la impresión -quizás errónea- que invitarlos a un evento mío pueda quitar un poco de su valioso tiempo que podrían invertir en algo más. Mi cumpleaños es un día, tan normal o especial como los otros 364 días del año.

Tampoco soy proclive a pedir regalos. Es más, me siendo un tanto incómodo cuando alguien me regala algo o me felicita, porque no sé como reaccionar. No miento, tengo una especie de “ansiedad social” que me pone de nervios cada que alguien me regala algo o me da un mensaje de buenos deseos. Lo único que sé decir y que verdaderamente siento es “gracias”. Desde mi perspectiva, no hay mejor regalo que un abrazo, una sonrisa, o pasar el tiempo con la gente que quiero (siempre y cuando yo no lo haya organizado).

Lo que sí me gusta, y mucho, es encontrar un momento a solas, reflexionar sobre lo que ha sido el año anterior y lo que quiero que sea el año que inicia. Aprovecho para agradecer lo que tengo y lo que vendrá, abrirme a nuevas experiencias y gente de la que aprenderé algo, seguramente. El año pasado -recuerdo muy bien- el 30 de junio cayó una tormenta que inundó las calles de la Ciudad de México mientras yo estaba en el gimnasio. Después de bañarme, pasé un rato en el bar del Club Alemán, con cerveza y libro en mano, y me propuse diversas metas para este año que se cierra, y con mucho orgullo puedo decir que prácticamente todas se están cumpliendo.

Algo que siempre he hecho y se ha vuelto una especie de tradición es comer con mi familia. Quizás no el día exacto de mi cumpleaños, pero unos días antes o después. Me encanta reunirme con ellos, platicar de cualquier cosa, reír y hablar sobre lo que vamos a hacer. Este año será especial por la llegada de un nuevo integrante que, sin duda, cambiará la dinámica pero la hará mucho más entretenida. No saldremos a comer a algún restaurante, pero estaremos en casa compartiendo, juntos, como debe ser.

Haciendo acopio de la referida ansiedad social y sentido de agradecimiento hacia los demás, no me queda sino recibir este año nuevo con los brazos abiertos, como un hombre distinto al que cumplió 34 años, y con mucha paz sobre lo que esté por venir. Tengo muchos planes de los que quizás iré platicando, tengo muchos sueños, ideas y anhelos con los que, estoy seguro, encontraré mi camino en cada paso que dé a partir de hoy y hasta cuando cumpla los 36.

Gracias infinitas.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. jorgeolguin dice:

    Tocayo, te mando un abrazo y comparto el sentimiento, lo mejor es que la pases en paz y feliz. Qué mejor regalo!!

    1. JRovelo dice:

      Gracias tocayo, abrazo!

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