Perdona

Los seres humanos no somos perfectos, pero sí perfectibles. Todos cometemos errores. Corrijo, todos hacemos cosas que los demás podrán calificar como malas o buenas, dependiendo su propia historia, valores e ideología. Pero también tenemos la capacidad de aprender de cada una de las experiencias que vivamos a lo largo de nuestra existencia, y a actuar en consecuencia.

Perdón5Cuando hacemos algo -cualquier cosa-, lo hacemos desde nuestra trinchera, a partir de la historia que hemos vivido, y pocas veces nos detenemos a pensar si lo que estamos a punto de hacer tendrá algún efecto en alguien o algo más. Si lo hacemos nosotros, seguramente los demás también, y no podemos culparlos. Nadie nos ha enseñado a vivir, ni existe una receta definitiva para hacerlo. Simplemente aprendemos en el camino y corregimos el rumbo al percatarnos que tal o cual situación no genera ningún beneficio. Es más, la naturaleza humana es tan cambiante que lo que hace un año considerábamos normal, hoy lo vemos completamente fuera de lugar. Y lo mismo pasa con las demás personas. Es probable que alguien, en algún momento de nuestras vidas haya hecho algo que nos hirió, que consideramos inapropiado, o que simplemente no encuadra en nuestra escala de valores, pero no por eso tenemos la excusa ideal para hacerles al vida imposible, o para dejar de mostrarles el respeto que todos y cada uno de los seres humanos que hemos habitado este planeta merecemos.

Por alguna razón, los humanos estamos acostumbrados a darle rienda suelta a nuestro ego, y nos sentimos lastimados cuando alguien no hace algo con lo que nuestro ego no está de acuerdo. Hemos dejado crecer tanto a nuestro ego que somos incapaces de dejar atrás aquello que supuestamente “nos hirió”, y arrastramos ese sentimiento a donde sea que vayamos, y se vuelve mucho más intenso cuando el artífice de la conducta se vuelve visible, o cuando lo traemos a nuestra mente. Somos incapaces de soltar eso que fue lastimero a nuestro ego, y creemos que si guardamos cierto rencor en nuestro interior, cuando algo similar vuelva a suceder no nos lastimarán, cuando en realidad lo que nos hace daño es guardar ese rencor.

En otras palabras, somos incapaces de perdonar.

Nos han enseñado que perdonar nos hace débiles y nos expone a que el abuso a nuestra persona se vuelva constante. Hemos aprendido a decir “perdón”, pero no a sentirlo, y mucho menos a vivirlo. Creemos que perdonar a alguien que nos hirió es bajar la guardia y abrir la puerta para que vuelva a pasar. ¿Han sentido coraje o rencor en contra de alguien? ¿Recuerdan como se siente, sobre todo en su pecho, cada vez que se acuerdan de alguien con quien siguen enojados, tiempo después de lo sucedido?

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Perdonar no es simplemente expresar unas cuantas palabras, y creer que nuestro mundo cambiará por eso. Podemos decirle a alguien que lo perdonamos, pero nuestro ego seguirá exigiendo que recordemos aquello que esa persona nos hizo sentir, y seguirá creando un conflicto muy dentro de nuestro ser. Su recuerdo perdurará en nuestra mente, y las palabras o la conducta lastimosa las recordaremos con el detalle más insignificante que veamos en nuestra casa, oficina o en otro lugar un día cualquiera.

Perdonar es entender que la otra persona actúa desde su propia historia, que tiene defectos y virtudes -como nosotros-, que cuando alguien nos agrede o “le caemos mal”, en realidad a quien no soporta es a él mismo. Hay un cliché que dice algo así como “lo que te  choca, te checa”, y es verdad. Cuando despreciamos a alguien, en realidad es como vernos en un espejo, y el rasgo de la otra persona que nos causa molestia es algo que nosotros hacemos y con lo que no podemos vivir. Cuando entiendes que lo que los demás hablan de ti es SU punto de vista, SU perspectiva y NADA tiene que ver con la realidad de lo que tú vives, es que eres capaz de hacer a un lado esa crítica y perdonar todo lo que digan. Perdonar es liberar al otro de aquello que le pesa y tanto daño le causa.

Cuando permitimos que lo que alguien más dijo o hizo en nuestra contra nos afecte, le damos el control sobre nuestra vida, y permitimos que la maneje a su antojo, con cada palabra, cada acción, terminamos cediendo nuestra individualidad a esa persona. Por lo tanto, perdonar es liberarnos de ese yugo, es romper la cadena bajo la que vivíamos por haberle permitido a alguien más ser dueño de nuestro destino, nuestra vida y, sobre todo, de nuestro bienestar. Retomando el tema del rencor, vivir con odio en contra de alguien equivale a tomar veneno y pretender que le haga daño al otro, así de ridículo.

Perdón3Perdonar es amar a esa otra persona es vivir en amor hacia ella, desear que deje de sufrir por todo aquello que le aqueja y que le hace reaccionar así ante la vida. Perdonar es ser uno mismo y desear que los demás sean libre de todo dolor y todo sufrimiento, sin importar lo que hayan hecho, porque claramente lo hacen desde una posición de incomodidad, de sufrimiento por lo que han experimentado a lo largo de su existencia.

¿Toma tiempo? Claro que sí, tanto como nosotros decidamos. Hay algunos ejercicios que pueden ayudar a acelerar el proceso de perdonar: a) Escribir una carta dirigida a la persona que nos hirió, en la que decimos todo aquello que tanto tiempo hemos guardado y que frena nuestro proceso evolutivo. Pueden entregársela, o si prefieren, quémenla para que de manera simbólica se deshagan del coraje o rencor que tienen hacia él o ella; b) Hablarlo de frente. No hay nada mejor que aclarar las cosas uno a uno, siempre en un ambiente de respeto y entendiendo que será liberador para los dos. c) Hablar con uno mismo. En un parque o en algún lugar donde puedan estar solos, hablen (griten si es necesario) como si tuvieran a esa persona de frente, y díganle todo lo que los lastimó, cómo los hicieron sentir.

Al final, perdonar es un acto de amor hacia uno mismo. Es amarnos lo suficiente como para liberarnos de todo aquello que cargamos con nosotros y que nos causa daño. Las personas que nos lastimaron probablemente ni siquiera sepan que seguimos enojados con ellos -aunque pensemos lo contrario-, y el daño generado va de nosotros hacia nosotros. ¿Por qué no hacer eso a un lado y vivir una vida plena, en paz?

Abrazo

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