Hemos hecho de México un país no apto para mujeres

Imaginen la siguiente escena: una mujer sentada en la barra de un bar mientras observa un partido de su deporte favorito. Un hombre se le acerca, galante, con la intención de sacarle la plática y, quizás, conseguir algo más, ya sea esa u otra noche. La mujer en cuestión, amablemente acepta la conversación pero rechaza la intención de su interlocutor, porque simplemente quiere terminar de ver el juego e irse a casa, no le interesa nada más. En México, el resultado de ese encuentro será una derrota para la mujer: si acepta la insinuación del hombre, éste la calificará de “fácil” por haber accedido sin más ni más; si la rechaza, el individuo cuestionará su presencia en un bar, sola y sin ánimo alguno de conseguir sexo fácil. “Apretada” o “puta” -también- le dirá, porque por alguna razón muchos hombres en este país no saben lidiar con el rechazo. AL final, la imagen de la mujer quedará mancillada por una falsa idea de superioridad del hombre y la perspectiva de la mujer como si fuera su propiedad.

Podrá parecer exagerada, pero así de drástica es la situación en nuestro país. Ser mujer en México es difícil, de una u otra manera, cuando se trate de algún encuentro, debate o conflicto con el hombre, es más probable que la mujer pierda, ya sea en forma de insulto, de calificativo o de discriminación, pero desde que nace, la mujer está en una clara desventaja frente al hombre. A las niñas se les califica como “bonitas”, “princesas”, “delicadas”, pero nunca les enseñamos a ser valientes, aventureras e intrépidas. Las oportunidades laborales son mucho menores en cantidad y calidad para las mujeres, y no se diga la desigualdad existente en temas de remuneración. Está comprobado que un hombre gana considerablemente más que una mujer en un mismo puesto, por el simple hecho de haber nacido hombre. ¿Violencia de género? Es un tema de moda en México (si a la violencia podemos llamar “moda”). y muy común cuando de parejas se trata. Todos los días nos enteramos en las noticias de algún caso de violencia en contra de alguna mujer, y lo más grave de todo (por si los casos en sí fuera poco) es que no hay discriminación por edad: las mujeres sufren por igual sin importar en qué etapa de su vida se encuentren.

No sé si fue la religión un falso sentido de poder el que nos ha permitido a los hombres, no solo tolerar sino ser artífices de todos los actos deleznables en contra de la mujer. ¿Por qué menciono la religión? Porque la doctrina católico-cristiana es paternalista: la iglesia está y estará siempre encabezada por un hombre; cuando nos referimos a “Dios”, siempre es en masculino, nunca en femenino. Una mujer que pretende aspirar a una carrera dentro del seno de la iglesia sabe que habrá niveles a los que nunca podrá optar, porque está reservados exclusivamente para los hombres. Lo que es peor, la misma biblia se encargó de personificar a la mismísima esposa de Jesús como una prostituta. ¿Por qué? La respuesta es simple: porque según ellos, la mujer es menos valiosa que el hombre.

Existe, también, la falsa idea de que la naturaleza femenina está en desventaja frente a la masculina. Sí, el hombre podrá tener mayor fortaleza física, pero la fuerza nada tiene que ver con la capacidad mental, pero el hombre, de alguna forma, se ha encargado de hacer sentir que fuerza e intelecto son lo mismo y, por lo tanto, si te falta la primera no podrás desempeñar labores que necesitan la segunda. Tremenda estupidez.

Nos extraña que el feminismo haya dejado de ser lo que de origen se pretendía, pero cuando uno entiende que ser mujer en México no es cosa sencilla, es que logramos entender por qué el movimiento en pro de la mujer ha llegado a niveles nunca antes vistos.

El machismo se aprende en casa, en la televisión, en la misma escuela. Si los valores infundidos en el seno familiar no son lo suficientemente fuertes y contundentes, los hijos se verán bombardeados y fuertemente influenciados por imágenes de inferioridad femenina como nunca hemos visto. La música hoy más que nunca se encarga de ensalzar al hombre y menospreciar a la mujer. ¿Han escuchado las canciones de moda de reggaetón y bachata? Esa es la música que los jóvenes bailan y cantan todos los días a todas horas. Si los papás viven con el machismo arraigado, no es de sorprender que sus hijos actúen igual. Hasta que alguien decida romper  con ese  círculo vicioso que tanto daña a la sociedad, seguiremos enterándonos de tantos casos como los que todos los días vemos en las noticias: las muertas de Juárez, niñas violadas y la ridícula respuesta de las autoridades. Todo, absolutamente todo está dispuesto para hacer menos a la mujer.

El día que el hombre entienda que esa mujer en el bar, o la mujer que violó, golpeó o discriminó por el simple hecho de ser mujer puede ser su mamá, esposa, hermana o hija, probablemente las cosas cambien para bien. Porque está bien cuando ellos lo hacen, pero está mal cuando es alguien cercano, ¿cierto? Porque según él está bien hacerlo cuando es una desconocida, pero aguas si es alguien cercano a él, porque seguro sí “brinca”.

Así de irónica es la sociedad mexicana. Y estoy seguro que en la mayor parte del mundo no es distinto.

 

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