El racismo es un problema mundial, no sólo de los Estados Unidos

Resulta imposible mantenerse al margen de algo así. Ante lo acontecido este fin de semana en Charlottesville, Estados Unidos, desviar la vista y fingir que todo está bien es una falta de respeto y consideración, no solo hacia las víctimas, sino al mundo entero.

Muchos criticarán que me refiera a un evento que tuvo lugar en el extranjero, como si México no tuviera suficientes problemas por los cuáles levantar la voz. En un país en el que la pobreza, la corrupción, los altos niveles de inseguridad, la inequidad y violencia de género son cosa de todos los días, es imposible poner atención únicamente a un síntoma de algo mucho más grande, que etiqueta y clasifica a los ciudadanos según diversos factores que, en su mayoría, ni siquiera tuvieron la oportunidad de elegir. Sin embargo, el hecho de no recibir cotidianamente noticias de este tipo no significa que no tengamos el mismo problema.

México es un país racista, dicho así de simple. Aún cuando la nación fue fundada sobre la base de un pasado puramente indígena, existe gente que se siente superior por tener un tono de piel claro, como si lo obscuro significara inferioridad. Nos quejamos amargamente del trato que los norteamericanos dan a nuestros connacionales en su paso por la frontera, pero miramos con desdén cuando un centroamericano entra a nuestro país. Ostentamos en el extranjero nuestro orgulloso pasado prehispánico, pero el mayor de los insultos que proferimos es llamar a alguien “indio”, como si fuera la última vergüenza.

Y no hablemos del clasismo: juzgamos a primera vista por la simple apariencia del individuo. Negamos el acceso a sitios “de moda” a todos aquellos que no encajen en el prototipo europeo: blanco, caucásico. Nos prestamos a ayudar a quienes su apariencia es “amable” a nuestros ojos, pero volteamos la vista tan pronto alguien “distinto” pide ayuda, incluso a gritos. Juzgamos por el color de la piel, como si existiera un catálogo de tonalidades políticamente correctas. Cuando en redes sociales se publica un video que causa indignación generalizada somos los primeros en reclamar airadamente a través de un comentario, mientras en casa apretamos más fuerte el pie en la garganta del personal doméstico, el chofer, el vigilante y el jardinero. Hablo figuradamente, pero no dudo que todavía haya gente que los trate así.

Que en los medios de comunicación mexicanos no se hable de asesinatos promovidos desde la esfera racial no quiere decir que seamos ajenos a situaciones así. Por alguna extraña razón, los medios en Estados Unidos hacen mucho énfasis en eventos de esta tesitura, aunque es imposible negar que de cierta forma pudieran tener su propia agenda en detrimento de una o varias personas en específico. Con esto no digo que su actual líder sea inocente de todo lo que se achaca, pues su actitud de niño maleducado no hace sino hundirlo cada vez un poco más, por mucho que su retórica se enfoque en demostrar la agenda secreta de los medios masivos de comunicación.

Sin embargo, México y América latina padece la misma enfermedad, si bien los síntomas son distintos. Tampoco Europa está exento de este mal, teniendo a cuenta de ellos uno de los peores episodios que la raza humana pudo haber padecido, en la figura del holocausto. Con esto tenemos la obligación de buscar el problema más allá de una simple figura política o líder de opinión. El problema es sistémico, y se funda en la absurda idea de que existe una raza superior a todas las demás, y cuyos principales factores diferenciadores son el color de piel y el origen étnico-nacional.

Hasta que no entendamos que todos los seres humanos somos eso, justamente -humanos-, no importa cuánta indignación mostremos en público, si segundos después nos volteamos y hacemos un comentario denigrante en contra de nuestro vecino. El falso sentido de indignación que mostramos en nuestras redes sociales se queda vacío, ni siquiera en papel, si no tenemos la capacidad de emitir valores con base en factores que ni siquiera podemos elegir, como si hubiéramos cometido un error por nacer con cierto color de piel.

¡Basta ya con la hipócrita superioridad moral de quienes se indignan desde un escritorio! Pongamos un alto a un problema sistémico que dista mucho de ser ajeno a países como el nuestro. Todos somos parte de este desorden, de esta enfermedad que está acabando con la sociedad en sentido estricto, pues lo único que hacemos es aislarnos los unos de los otros, en lugar de tender puentes que nos unan cada vez más frente a este tipo de irracionalidades. Lo pongo así de simple: cuando insultan a uno, nos insultan a todos.

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Va en la naturaleza humana
    Tod@s tenemos algo de racistas, no solo el color, clase social …
    Aunque nos lo callemos
    Saludos

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