El sismo en México y el mensaje que nos está enviando el planeta

Ayer 07 de septiembre del 2017, aproximadamente a las 23:52 horas, tembló en la Ciudad de México, y en otras partes del país. Según los reportes existentes, la magnitud del sismo fue de 8.4 grados en la escala de Richter, haciendo de éste el más fuerte de los últimos 100 años, superando incluso al de septiembre de 1985, cuyos efectos devastadores quedan todavía grabados en la memoria de los que vivimos para contarlo.

Si bien en la CDMX no hay nada qué lamentar, otras partes del sur del país, como Chiapas, Tabasco y Oaxaca, han sufrido los efectos del temblor. Hasta ahora se reportan cinco muertos en los linderos Tabasco y Chiapas, así como el derrumbe de un hospital y el palacio municipal en Juchitán. Hay que reconocer que la alerta sísmica en la capital del país ha cumplido sus funciones, poniendo en aviso a los ciudadanos de lo que estaba por venir, dándonos unos segundos de ventaja para tomar las precauciones necesarias. Al parecer en el sur de México no corrieron con la misma suerte, y ahora nos toca a nosotros tenderles una mano y toda la ayuda posible.

Temblor
La gente salió a las calles como precaución ante el fuerte temblor

Después de 1985, la Ciudad de México -entonces Distrito Federal- supo cómo levantarse, con base en trabajo arduo y, sobre todo, un sentido de pertenencia a la comunidad como nunca se ha visto en el país. Aprendimos las lecciones, las construcciones son más fuertes y mejor planeadas, tenemos planes de protección civil y protocolos ante simulacros. En pocas palabras, estamos más preparados, y ayer dimos, como sociedad, la mejor muestra de los avances logrados. Sin embargo, hay hermanos al sur del país que están sufriendo y necesitan todo el apoyo que podamos dar. No basta con postear en redes sociales el #PrayForMexico con el que pretendemos mostrarnos sensibles ante los acontecimientos. Se requiere de ayuda real y tangible, ayudar a los que más lo necesitan porque, ustedes quizás no lo recuerden, pero ellos alguna vez nos ayudaron a nosotros cuando más vulnerables fuimos.

 

Es curioso cómo funciona la psique del mexicano ante eventos de esta naturaleza. No pasó un minuto del temblor cuando las redes sociales se inundaron de frases, chistes y los famosos memes reflejando el ingenio y buen sentido del humor que nos caracteriza. Desconozco si es negación ante la realidad o una manera de aligerar la carga emocional, pero si por algo nos hacemos notar es por el picaresco ánimo con el que enfrentamos tragedias, desgracias y malas noticias. Una vez que pasó el temblor, pasé cerca de 90 minutos viendo imágenes, noticias y comentarios humorísticos del temblor mientras lograba conciliar de nuevo el sueño. Ninguna otra raza como la nuestra para hacer frente y sobrellevar estos acontecimientos.

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Palacio Municipal de Juchitán, Oaxaca. Destruido por el temblor. Una persona colocó la bandera de México encima de los escombros

 

Si a eso sumamos las lluvias torrenciales que hemos padecido en la ciudad la última semana -y las inundaciones que conllevan- y los huracanes que han arrasado no solo ciudades como Houston y Miami, sino lugares como las islas caribeñas de Antigua y Barbuda, así como países asiáticos como India, Bangladesh y Nepal es difícil ignorar que el planeta en el que vivimos nos está enviando un claro mensaje que todos debemos escuchar.

 

La tierra es nuestra madre -de ahí que se le diga “Madre Tierra”-, y como buenos hijos rebeldes hemos incumplido nuestra obligación de respeto hacia ella. Nos sentimos dueños del mundo y creemos tener todos los derechos sobre él, incluso si eso significa arrasar con los recursos que nos provee en beneficio de saciar nuestra avaricia más que nuestras necesidades básicas. Ignoramos que, como nosotros, el planeta es un ser vivo, que respira como nosotros lo hacemos, y que siente cada uno de los actos que cometemos, sean o no bondadosos. De ella provenimos y a ella regresaremos, cuando nuestro cuerpo material haya cumplido su misión. La tierra vibra y siente las vibraciones de los que en ella vivimos, y como buen ser sintiente, reacciona ante lo que sucede a lo largo y ancho de su hermoso cuerpo.

Los humanos somos tan ególatras que olvidamos que estamos conectados a ella y a todos y cada uno de los seres que vivimos en el suelo que nos ha regalado. El aire que exhalamos es el mismo que inhalan los árboles. Nuestro cuerpo está compuesto en su mayoría de agua, tal como lo está también el del planeta. Nuestro origen es la misma fuente, y nuestro destino final también será compartido. ¿Cómo queremos respetar el mundo, si no somos capaces siquiera de volvernos sensibles ante el sufrimiento de nuestros congéneres? ¿Con qué cara queremos cuidar los recursos naturales, si no somos capaces de compartir nuestra riqueza con personas que carecen de servicios básicos y alimentos? Nos hemos vuelto una especie individualista, egoísta y carente de sentido de comunidad, y la tierra nos está devolviendo todo lo que en consecuencia hemos sembrado desde hace muchos años.

Temblor4Si no abrimos nuestra alma, mente y corazón a lo que nuestra madre nos quiere decir, estamos destinados a la aniquilación como especie. Harta del maltrato que padece, y cansada de las peleas entre sus hijos, está levantando la mano y llamándonos la atención a su más peculiar estilo. Aprendamos no solo a vivir en ella, sino a respetarla, a quererla y a hacernos conscientes de la energía que emitimos, porque será la misma que recibiremos. Cuidemos nuestros árboles, ríos, montañas, selvas y animales, porque somos uno con ellos, porque somos parte de un todo mucho más grande, y cualquier daño que infligimos en ellos repercute directamente en nosotros. ¿Quieren seguir tirando basura en la calle? Aténganse a las consecuencias que una coladera tapada conlleva.

Lamento muchísimo los trágicos eventos que han sucedido en las últimas semanas, pero que como humanidad nos sirva para despertar y reaccionar a lo que estamos haciendo, al daño -quizás irreparable- que estamos causando a nuestra madre que tanto ha aguantado pero que, como todos, también tiene un límite. Aprendamos a vivir en armonía y amor con todos los seres que aquí habitamos. Seamos uno mismo, una consciencia, un cuerpo, un pensamiento y salgamos de esta crisis existencial provocada por el egoísmo humano que tanto daña. Escuchemos al ser más sabio de este universo, el que tanto nos provee y que poco nos ha exigido. Es momento de cambiar nuestra consciencia. Es momento de despertar.

 

 

 

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