Perdón, Mara

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La semana pasada México fue sacudido con una de esas noticias que nadie quiere escuchar, pero que se han vuelto tan comunes en este país donde cada quien tiene que velar por su propia vida: Mara Castilla, una niña de 19 años fue asesinada durante la madrugada del ocho de septiembre, cuando regresaba a su casa después de haber pasado la noche con sus amigas en un antro.

Ríos de tinta han corrido hablando de este tema. Las reacciones de la sociedad no se han hecho esperar, y existe una diversidad de opiniones en un país que está harto de la violencia en contra de la mujer, pero que sigue mostrando huellas de la misoginia que lo ha caracterizado a lo largo de la historia. Mi opinión es tan solo eso, una opinión no sólo acerca del infame homicidio de una mujer, sino de la realidad que vivimos los mexicanos, país cuya realidad pinta más que desoladora por la actuación de unos cuantos y la indiferencia de muchos.

Tengo que empezar pidiéndote perdón, Mara, porque vivimos en un país cuya sociedad ha fracasado en su labor de generar un ambiente de paz y tranquilidad, porque unos cuantos se encargan de cometer actos atroces como el que te quitó la vida, ante la indiferencia de las autoridades que, aparentemente, tienen cosas más “importantes” qué atender. Si proteger la vida de un ser humano no es importante, entonces no sé que pueda serlo.

Perdón, Mara, porque  te tocó vivir en un país en el que los hombres les hemos fallado las mujeres. Porque hemos el peor lugar en el que ustedes pudieran vivir: no sabemos respetarlas, mucho menos cuidarlas. Perdón, porque las vemos en un plano inferior, fundamentada en esa falsa creencia heredada de tiempos ancestrales de que el papel de la mujer es menos relevante que el del hombre, por considerarlas como el sexo débil.

Perdón, Mara, porque te tocó vivir en un país en el que tenemos que enseñar a las mujeres a cuidarse de los hombres, en lugar de enseñar a los hombres a respetar y cuidar a las mujeres. Perdón, porque no supimos cuidarte cuando más vulnerable eras, y tampoco supimos como poner un alto a la gente que cree que ustedes son un simple objeto con el cual pueden hacer lo que les venga en gana, sin importar el daño que pueda causarles.

Perdón, Mara, porque te tocó vivir entre personas que queremos hacerle creer a los que estamos molestos con tu asesinato que la culpable eres tú, por haber salido con tus amigas a divertirte, y porque regresaste a altas horas en la madrugada a tu casa, cuando “las niñas bien no se desvelan”. O al menos esa era la intención. Perdónanos, no hemos logrado entender que tienes el mismo derecho que tus prójimos hombres a salir, a divertirte y a regresar a la hora que te venga en gana, con la seguridad de que llegarás sana y salva a tu casa.

Su muerte es un recordatorio de todo lo que está mal en esta sociedad machista que es la mexicana. Es un recordatorio de que la mujer no tiene cabida aquí, y si pretende pelear por uno, tendrá que luchar titánicamente no sólo contra el sistema, sino contra la misoginia que abunda en cada esquina por la que camine. Si se nos había olvidado lo difícil que es ser mujer en México, esto seguramente nos refrescará la memoria, porque no pasa un solo día sin que alguna mujer sea acosada, agredida o violada, pero se ha vuelto algo tan común en el imaginario mexicano que volteamos la mirada sin remordimiento alguno.

Que su muerte sirva para recordar a todos los hombres hijos de puta que viven en este país que las mujeres no son un objeto, que no tienen por qué vivir con un miedo perenne y siempre alertas a que algo malo pudiera suceder. Que sirva para entender que hombres y mujeres no somos enemigos, sino complementos. Que sirva para, por fin, promover una educación basada en valores de igualdad de género, en la que las mujeres tengan el mismo valor que los hombres. Una sociedad en la que puedan salir a la calle sin tener que voltear sobre su hombro ni cambiar de banqueta si hay un grupo de hombres más adelante. Una sociedad que permita a la mujer vestir falda y escote sin la preocupación de los juicios ajenos, miradas lascivas y comentarios insultantes. Una sociedad en la que las mujeres puedan vivir con tranquilidad, llenas de paz, y sin temer por su integridad. Una sociedad en la que podamos deshacernos de esa misoginia que tanto lastima y que hoy, una vez más, ha arrebatado una vida.

Puto coraje. Maldita gente. Maldita sociedad.

Perdón, Mara.

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