No soporto el “small talk” (plática trivial)

Soy una persona a la que le gusta hablar. No seré el mejor haciéndolo, ni el más elegante (suelo decir muchas pinches groserías), pero me gusta. Sin embargo, me gusta hacerlo cuando es una plática interesante, de esas que te hace aprender algo nuevo o ahondar en un tema que conoces, pero del que nunca está de más nutrirte. Quien sabe, quizás en alguna ocasión mi interlocutor pueda decir que aprendió algo de hablar conmigo unos minutos.

Esto viene a cuento porque todos los días cuando llego a la oficina tengo que utilizar un elevador para subir hasta el piso 18, y como buen edificio corporativo, normalmente comparto el elevador en su mayoría con desconocidos. El problema se genera cuando me toca subir con alguien que conozco por temas laborales, pero con quien no comparto nada más allá de una oficina. Considerando que la premisa básica de cualquier lugar en el que trabajo es que vengo a trabajar, no a hacer amigos -todo un antisocial, lo sé-, es probable que normalmente suba con meros conocidos, lo cual me genera el siguiente dilema: ¿lo saludo y aguanto la consecuente plática trivial de elevador, o lo saludo y finjo que no existe sabiendo que probablemente dirán que soy un mamón?

La respuesta es sencilla, por supuesto: decido ignorarlo. Nada tiene que ver si me parece una persona agradable o no, estoy seguro que todos lo son, aun en el fondo. El problema es que nueve de cada diez personas parecieran contemplar como obligación el platicar para hacer más ameno el camino (ascendente, claro) a la oficina, y preguntan cosas como ¿qué calor hace verdad? o ¿mucho trabajo? Si para la mayoría de la gente su vida gira alrededor de lo que hacen para ganarse la vida, tendrán que disculparme pero discrepo totalmente de esa actitud ante la vida. ¿Qué acaso la gente no puede permanecer 3 minutos en silencio sin sentir la obligación de platicar algo tan obvio como qué pinche calor hace aun a medio otoño?

Por alguna extraña razón nos han infundido la idea de que el silencio suele ser incómodo. ¿De dónde salió esa estupidez? No tengo la menor idea, pero soy de la firme idea que si la gente no puede estar unos minutos en silencio consigo mismo es porque tiene severos problemas de autoestima o, dicho en otras palabras, no les gusta la persona que son.

Insisto, me gusta platicar, pero si lo vamos a hacer, que sea sobre lo que te apasiona, lo que hiciste la noche anterior o el fin de semana que te hace valorar tanto la vida que eres capaz de pasar ocho horas al día sentado frente a una computadora con tal de hacer lo que mueve tu mundo. Hablemos del universo, de ideas, del éxito de la gente, de planes a futuro, de música, películas, de cosas que alimenten el alma. Pero por el amor de dios, no me pregunten de si tengo o no calor cuando me ven sudando la gota gorda, o de si tengo mucho trabajo -lo cual, técnicamente, no les incumbe-. Probablemente les conteste con un somero “sí” y me quede absorto en el universo paralelo que imagino que existe en ese mismo espacio que por azares del destino nos tocó compartir.

Odio las pláticas triviales. Alucino que rompan el preciado silencio con cosas que resultan obvias y que en nada enriquecen a la gente. Hablemos, pero hagámoslo con sustancia, con sentido, con una finalidad honesta, no simplemente por evitar pasar dos minutos incómodos en un elevador.

Advertidos están.

 

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2 thoughts on “No soporto el “small talk” (plática trivial)

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