Un día en…San Miguel de Allende. ¡Feliz 2018!

O un fin. El fin de Año Nuevo. El chiste es que estuve ahí y, para empezar el año con honestidad, estuvo simplemente bien, a secas.

Un grupo de amigos y yo planeamos pasar el 31 de Diciembre en San Miguel de Allende, uno de los destinos turísticos más famosos de México y, según dicen, del mundo. Nos hospedamos en una casa tipo hacienda a las afueras del centro de San Miguel, a unos tres kilómetros de distancia. La casa tipo colonial está dentro de un terreno INMENSO, con caballerizas y mucho terreno libre, al parecer en espera de ser ocupado por otras personas con intención de construir una casa de campo en un lugar tan histórico como lo es Guanajuato.

Los highlights del fin de semana son pocos pero muy valiosos: pasar una noche con Eli en otra ciudad, cenar juntos en el centro histórico de San Miguel de Allende, convivir con amigos que conozco desde hace aproximadamente 20 años, tener la oportunidad de visitar un increíble sitio como lo es el zócalo de la ciudad, y visitar por segunda ocasión el viñedo Cuna de Tierra.

SMA2Si no han ido a San Miguel de Allende, agenden una visita pronto, es un lugar espectacular, con muy buenos restaurantes y unas vistas hermosas. El centro de la ciudad estaba repleto de turistas ávidos por absorber el espíritu festivo, acompañados por la música popular cortesía -supongo- del gobierno municipal, a la voz de quien parecía ser una parodia de Jenni Rivera -o BaJenni Rivera, para ser más precisos-, y era complicado conseguir un lugar donde comer/cenar con tanto visitante rondando las mesas en tiempos de hambre. El toque histórico que lleva impreso la ciudad se respira en cada esquina, con sus calles empedradas y banquetas que impiden a dos personas caminar juntas. Pero admirar los edificios antiguos, absorber la historia mexicana en todo su esplendor, y recorrer los mismos caminos que personajes épicos de la independencia de México hace que cualquier visita a San Miguel de Allende sea especial.

Inconvenientes hubo muchos, tensión emocional, disgustos, momentos de ocio previos a la cena que tornó la víspera de año nuevo un poco incómoda, pero al final, como todo en la vida, el objetivo es enfocarse en lo bueno que trae cada experiencia, entender que las cosas suceden por alguna razón y que las cosas sucedieron de la manera en que tenían que suceder. Sin embargo, enfocándonos en lo bueno, este inicio de ciclo es la oportunidad simbólica para que la gente inicie con nuevos bríos cualquier  cosa que se proponga. La vida es la misma el 1° de enero y el 31 de diciembre, pero el ánimo y el espíritu pueden evolucionar, y con ello la intención que pongamos a nuestras vidas.

Por mi parte, empezar así el 2018 -de viaje- es indicio de lo que vendrá, lo creo con todo mi corazón. Gente va y viene, experiencias las obtenemos todos los días, y aprendizaje lo recibiremos en cada rincón del mundo al que nos movamos. El objetivo de la vida es encontrar ese gozo que, acumulado una y otra vez, se convierte en la felicidad que la gente persigue durante toda su existencia. Hagan todo aquello que les apasiona, retomen los sueños abandonados y continúen con aquellos aun vigentes. Sonrían a las inclemencias del clima y cuando vean a alguien sonreír, hagamos de este viaje uno lleno de alegría, gozo y mucha, mucha paz.

Abrazo.

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