La vida del ciclista en la CDMX

Vivir en una ciudad como la Ciudad de México puede ser tan apacible o tan desastroso como uno lo desee. Los capitalinos tenemos que lidiar todos los días con problemas tan básicos como la inseguridad, escasez de agua, calles mal pavimentadas y, por supuesto, un tráfico infernal. La ciudad es tan grande que las distancias se vuelven cada vez más largas. Ir de la casa a la oficina y de regreso puede ser todo un martirio, sea manejando un automóvil o en transporte público, debido a la cantidad de gente es necesario prever que tomará mucho más tiempo del que se necesitaría en una ciudad “normal” por llamarla de alguna forma.

No obstante, desde hace algunos años, se ha implementado un nuevo medio de transporte, bastante útil al menos en distancias cortas entre aquellas colonias que permiten este tipo de tránsito. Me refiero al uso de la bicicleta. Desconozco si por influencia de alguna otra metrópoli, por influencia de los hipsters, o si fue el simple sentido común de nuestros gobernantes que entendieron que, en distancias relativamente cortas, la mejor forma de transportarse es en bicicleta. Además, es un medio de transporte que no contamina y reduce -poco, pero lo hace- el infernal tráfico que se genera todos los días en las calles de la Ciudad de México.

Para esto, en algunas delegaciones y/o colonias se han adecuado las calles de tal forma que se deja un espacio para la “ciclovía”, que consta de uno o dos carriles debidamente señalizados para que por ahí se trasladen única y exclusivamente vehículos no motorizados. No toda la ciudad tiene esta facilidad, y tampoco todas las avenidas por las que uno puede circular en bicicleta, pero el esfuerzo está ahí, y poco a poco estamos mudándonos a otro tipo de transporte, al menos en distancias y trayectos que no resulten imposibles de recorrer en esta multifacética ciudad.

Ciclovía1Pero no todo es color rosa con este nuevo tipo de transporte. Al ser la capital de un país todavía tercermundista, carecemos de cierta educación o sentido común que los países más avanzados ya poseen. Además, vivimos en una ciudad que genera tal nivel de estrés que los automovilistas de repente olvidan que a su derecha probablemente vaya una persona en bicicleta, o a veces ni siquiera lo olvidan y terminan por aventarles el coche porque, obviamente, ellos tienen que pasar primero.

Además, también está el tema de la calidad del pavimento por el que transitamos. Cuando decidieron cambiar el nombre de Distrito Federal a Ciudad de México, espero que en la discusión también haya entrado el de”Ciudad Bache”, y no como parodia de los Simpsons, sino porque hay calles en los que incluso los baches suelen tener baches. En otros no hay baches, sino trampas de elefantes. ¿Han oído hablar de los agujeros negros en el espacio? Estoy seguro que podemos encontrar uno en alguna calle de la CDMX. Lo peor es que las ciclovías no están exentas de este problema. Entre baches y coladeras, el espacio reservado para el uso de bicicletas se reduce al mínimo, haciendo imposible que transiten dos en el mismo carril.

Y por último, también está el tema de las personas que se sienten omnipotentes y creen que pueden hacer lo que les da su regalada gana por el hecho de tener dinero o porque algún familiar (usualmente su papi) ostenta cierto grado de poder, e invaden los carriles destinados para las bicicletas, incluso poniendo en riesgo la vida de los demás. El famoso caso del “Lord Audi” es solo una muestra de la prepotencia que existe en nuestro país, entre personas que se sienten más que los demás, arriesgando la vida de quienes tratamos de movernos en esta caótica ciudad de la manera más tranquila que podamos.

¿Se me olvidaba! También están los peatones que ignoran el área para bicicletas creyéndola una extensión de la banqueta, y se paran ahí esperando cruzar la calle o que llegue el autobús que abordarán. El problema es que si llegar a haber el más mínimo contacto entre el ciclista y el peatón, al tener estos la prioridad según el reglamento de tránsito metropolitano, el que saldrá perdiendo es el ciclista, aun cuando el peatón estuviera invadiendo el carril destinado para bicicletas.

Transportarnos en bicicleta es un verdadero disfrute en esta ciudad, si somos capaces de ignorar todos los problemas que conlleva. Trato de aprovechar este medio de transporte lo más que puedo, y así evito un poco de estrés provocado por el tráfico, y resulta mucho más barato que el gasto de gasolina que se hace cada semana. El tema a resaltar aquí es que necesitamos aprender a respetar a todos los que nos movemos por las calles de esta gran ciudad. Sí, todos llevamos prisa, pero el objetivo es llegar sanos y salvos a nuestro destino. No pasa nada si cedemos el paso a peatones o ciclistas, así como si éstos respetan los espacios destinados exclusivamente para ellos.

Todo cabe sabiéndolo acomodar, y en una megalópolis como la nuestra, es necesaria mucha educación para movernos de un lado a otro -utilizando el medio que sea- y, sobre todo, mucho, pero mucho respeto hacia el prójimo.

Abrazo.

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