Por qué (creo que) los perros viven mejor

Estoy de regreso.

Tras varios meses de ausencia, motivada por un impasse laboral impuesto por factores externos, vuelvo a hacer lo que tanto me gusta en un espacio que dejar abandonado tanto tiempo tuvo implicaciones tanto positivas como negativas en mi persona, pero como dice la sabiduría popular: “uno siempre regresa al lugar que alguna vez amó”, así que, heme aquí, una vez más.

Mejor manera para regresar no pude encontrar, sino hablando de algo -alguien- que me ha apasionado durante estos meses que estuve ausente. Esos seres vivos que, más que animales de compañía, se convierten en ángeles habidos en la tierra, en guías espirituales y ejemplos de cómo deberíamos vivir los humanos. Nuestros mejores amigos, sin duda: los perros.

En los primeros días del 2018, Eli y yo adoptamos una perrita de entonces 1.5 meses de edad, y quien casi uno año después se ha convertido en la reina y la alegría de la casa. La bautizamos “Maple”, y no pasa un solo día sin que esté agradecido por habernos cruzado en su camino. Como buena miembro de la raza canina, Maple nos recibe en casa al regresar de trabajar con cuanta muestra de alegría y afecto puede demostrar a su muy particular manera. Tiene un ánimo muy alegre, y a pesar de las travesuras con las que, como buen cachorro, todavía nos sorprende, las sonrisas que provoca sobrepasan por millones los momentos difíciles que podría causar.

Dog1Vale la pena aclarar que en mis 36 años de vida no crecí precisamente en una casa abierta a perros o gatos. Mi experiencia con animales domésticos se reduce a unos cuantos hámsters, pollitos, peces y, por supuesto, tortugas. Alguna vez hicimos el intento de tener un perro que mis papás dieron de regalo a mi hermana, pero a “Pooky” lo cuidaba más mi mamá que la propia destinataria del regalo, y si consideran que mi madre tiene cierto sentimiento de aversión hacia cualquier animal de cuatro patas cuya comunicación sean ladridos, podrán entender que la presencia de aquél french poodle en nuestra casa fuera más breve que lo que me tomó escribir este post. La historia es un poco larga, pero que en algún momento mi mamá dijera “se va el perro o me voy yo” fue la forma más amable que pudo encontrar para hacernos entender que la vida con un perro -del que tenía que hacerse cargo ella- le era increíblemente complicada.

Pero volviendo a Maple, si algo hemos notado es que vive una vida muy pacífica y alegre. Duerme mucho, pero creemos que eso atiende a que tratamos de sacarla a pasear dos veces al día, porque la energía que tiene con apenas un año de edad es necesario canalizarla de manera adecuada para evitar que haga destrozos en casa. Vive la vida típica de un perro de hogar: juega, duerme, come y de vez en cuando se da el lujo de comer helado hecho exclusivamente para perros. Claro que no todo ha sido miel sobre hojuelas. Su carácter inquieto la ha llevado a morder y deshacer dos gorras, un par de lentes obscuros, no sé cuántas esferas navideñas, un libro y varios enseres más de casa. Eso, sin contar el número de pares de zapatos negros que ha destruido, el cuál todavía sigue en aumento.

Ustedes podrán decir que la inmensa mayoría de perros viven una vida similar, salvo las contadas excepciones de aquellos que, sea por abandono, situación de calle o por abuso de los inadaptados de sus dueños, tienen la vida un poquito más complicada. Pero el factor común es que, bajo circunstancias “normales”, los perros viven una vida totalmente pacífica, entendiendo “paz” como el objetivo al que debemos aspirar todos los seres vivos. ¿A qué se debe esto?

Dog2Mi opinión personal es que los perros se ven beneficiados de una estructura mental que deberíamos envidiar los seres humanos. Su memoria es a muy corto plazo (por eso hay que regañarlos tan pronto hacen algo malo, porque después no saben qué hicieron) y prácticamente no viven pensando en qué sucederá en el futuro. La ideología budista dice que cuando el hombre (entendiendo hombre por ser humano) se transporta al pasado, esto le genera tristeza, y cuando su mente está puesta en el futuro, lo único que le causa es estrés; por eso el estado mental idóneo es vivir en el momento presente, en donde no existe ningún sentimiento de tristeza ni la angustia de saber si lo que queremos sucederá o no.

La maravilla de los perros es que su mente está construida de tal forma que viven únicamente en el presente. Sí, saben identificar ciertos olores o lugares y, por lo tanto, “entienden” qué van a hacer a continuación o hacia donde se dirigen, pero ningún perro vive con la melancolía del día que fueron al nuevo parque y corrieron como nunca lo habían hecho, ni tampoco viven pensando en cuándo será su siguiente salida a caminar. Los perros viven en el preciso instante que están viviendo, lo que les permite disfrutar lo que hacen en ese preciso instante. He visto a Maple emocionarse en cuanto salimos por la puerta del departamento donde vivimos, pero nunca me ha jalado hacia el parque cuando vamos de regreso a casa en señal de que “quiera quedarse unos minutos más”.

La mente de los perros está construida de tal forma que saben disfrutar lo que están haciendo, y toda su atención está puesta en esa actividad, sin importar cuál sea. Son maestros en el arte de vivir el momento presente, de enfocarse en el aquí y en el ahora, y por eso es que prácticamente todos los perros llevan la vida que los seres humanos anhelamos. Cada que veo a Maple dormir a pierna suelta, mientras bosteza y acomoda en el lugar en el que vaya a dormir, me doy cuenta que todos y cada uno de los seres humanos deberíamos copiar justo ese aspecto de la vida perruna. Si aspiramos a vivir una vida tranquila, en paz y libre de todo sufrimiento, seamos más como esos seres maravillosos que irradian tanta alegría y saben lo que es dar amor incondicional, y que no importa cuántas horas y minutos los hayamos dejado solos, en cuanto regresamos a ellos lo único que nos dan es el amor y el cariño de alguien que estará con nosotros sin importar lo que hagamos.

Ellos podrán ser nuestros mejores amigos, pero para ellos nosotros somos su mundo entero. Deberíamos sentirnos agradecidos, primero, y privilegiados después, de que alguien nos considere de esa manera sin importar lo que suceda en la vida. Lo único que nos piden a cambio es un poco de nuestro tiempo y nuestra atención incondicional los muchos o pocos minutos que su mente les exija un poco de juego.

En una entrevista que le hicieron durante un talk show, el comediante y productor inglés Ricky Gervais lo dijo como nadie más: si tuviera que elegir un ser vivo como Dios, elegiría a los perros, porque son la viva imagen de lo que la idea de Dios debiera ser: alguien que ama incondicionalmente al prójimo, sin requisitos previos y sin amenazas de castigo en caso de hacer lo contrario que se nos exige.

A Maple y a todos los perros que habiten este planeta: muchas gracias. O como sea que se diga en su idioma.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s