Mi despedida de soltero

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Me encanta escribir sobre viajes porque es, sin duda, lo que más enriquece. Todos los viajes son distintos y dejan diferentes anécdotas y enseñanzas que uno llevará consigo por muchos años más, sino es que toda la vida. Hay viajes por distintos motivos, pero todos, sin excepción, dejan huella en el viajero, sin importar qué tan largo sea, o qué lugares visite.

Esta ocasión viajé, con otros doce amigos, a la Riviera Maya, en específico a Puerto Morelos, para celebrar mi despedida de soltero. En mayo celebro mi boda con quien ha sido mi compañera de vida los últimos dos años y medio, y como bien marca la tradición, mis amigos y yo organizamos un viaje solamente de hombres para festejar el suceso que se avecina. En los últimos años es muy común organizar eventos, fiestas y viajes para celebrar los últimos días de soltería de alguien, y considerando que la zona de Cancún y Playa del Carmen es reconocida por albergar las mejores fiestas de México, decidimos hacerlo ahí, en un hotel solo para adultos creado al más puro estilo de las pool parties de Las Vegas: el Breathless Riviera Cancún Resort & Spa. 

Viaje2Lo mejor de este hotel, sin duda, es que tiene un área específica para llevar a cabo la mejor fiesta que uno pueda imaginar. Desde el mediodía un DJ toma su lugar en una torre encima de la alberca, y debajo de él se encuentra el bar que se encarga de proveer de bebidas a todos los asistentes a la fiesta. La combinación de la música con el alcohol, la alberca y el sol, sumado a la aparición de unos bailarines y ballet acuático fueron los mejores ingredientes para poner a todos listos para bailar y disfrutar de un día lleno de fiesta. Es importante hacer énfasis en que ese fin de semana se celebraba St. Patricks, por lo que la temática se enfocó en el color verde característico de dicho festejo. Y así, desde mediodía hasta las 8 de la noche no paramos de festejar. ¿Qué festejamos? Estar juntos un fin de semana, alejados de nuestras parejas, obligaciones laborales, problemas y estrés en general. Éramos nosotros 13 dispuestos a pasar un gran fin de semana.

Independientemente del hotel y todas sus amenidades, fue justo ese sentimiento de camaradería entre amigos (incluso algunos sin conocerse) lo que hizo del fin de semana algo inolvidable. Al planear el viaje y ver la lista de asistentes, temía que uno o dos de ellos no se acoplaran al resto del grupo, o que algún otro fuera el encargado de dar alguna mala nota por situaciones que hemos vivido con él anteriormente. Pero cuando uno tiene todo el deseo y la disposición de pasarla bien. En ningún momento se sintió fricción alguna, ni tampoco que algo de lo planeado estuviera demasiado forzado. Todos pusimos de nuestra parte para desayunar, comer o cenar en mayor número posible, sin problema con que alguien más decidiera hacer otra cosa.

ViajeSábado fue, sin duda, el mejor día de todos. Después de la fiesta en la alberca, cenamos en uno de los restaurantes del hotel y salimos a un bar/antro en el centro de Playa del Carmen, en el corazón de ese destino turístico de México. No teníamos mucha expectativa del lugar, ni siquiera estábamos enterados que fuera su tercer aniversario, y para ser honesto, no decepcionó. Tomamos, bailamos un par de canciones con las vecinas de mesa (que también iban a una despedida de soltera), reímos y tomamos un poco más. Salimos de ahí contentos, a punto de romper el alba y satisfechos de haber completado una jornada de buena diversión.

Si bien el domingo también hubo fiesta en la alberca, fue distinta a la del día anterior. No tuvo la espectacularidad del ballet acuático y bailarinas de St. Patricks’ Day, pero hubo mucha camaradería entre nosotros y con las otras personas que estaban ahí. Nos encontramos con una comitiva de 22 personas de Pachuca, que festejaban lo mismo que nosotros, y otra de Monterrey que, si bien al principio parecían rehusarse a platicar con nosotros, unas horas bajo el sol y con varios alcoholes encima rompió cualquier hielo que pudiera existir. Cenamos en el hotel y algunos, todavía con energía, decidieron ir al antro de ahí, mientras otros -fatigados- tomamos un par de cubas en el bar y nos fuimos a dormir.

Al final, me quedo con todos y cada uno de los recuerdos que forjamos los trece durante ese viaje. Aun cuando era con motivo de mi despedida de soltero, nunca fue mi intención hacerme notar más que los demás, sino simplemente generar el ambiente necesario para que pasáramos un gran fin de semana juntos, y eso fue lo que pasó. Este se quedará como uno de los mejores viajes que he hecho con hombres, que siempre son distintos cuando uno viaja en pareja o con parejas. Gracias a todos y cada uno de los asistentes por hacer un viaje épico. Gracias por las risas, por los consejos, por la convivencia, por cada uno de las cubas con las que brindamos, y por siempre estar ahí, conmigo, en las malas y en las buenas. Porque son los mejores amigos que la vida pudo darme, y si alguno de ustedes no hubiera ido, o si hubiera habido un 14o integrante, el viaje no habría sido igual, y por mucho que deseaba que fuera alguien más, prefiero quedarme con lo grandioso que fue tal cual se organizó. Son unos chingones.

Abrazo.

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