Cómo y para qué viajar en el tiempo

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Uno de los mayores misterios que la humanidad ha tratado de resolver a lo largo de los años es si las personas alguna vez podremos viajar en el tiempo. Ir al pasado a visitar a alguien que quizás ya no viva más, o al futuro para ver qué es lo que nos depara en algunos años. La hay gente a la que le da curiosidad saber cómo va a morir es la más interesada en lograr que los seres humanos viajemos en el tiempo.

No obstante, los científicos han señalado que la única forma de viajar en el tiempo -al menos al pasado- es si logramos trasladarnos a la velocidad de la luz, lo cuál es prácticamente imposible porque, por cuestiones de física, la máxima velocidad que se puede alcanzar con toda la tecnología que tenemos y que podamos inventar en los años venideros, es equivalente al 99.99% de la velocidad de la luz. Además, si consideran que viajar a la velocidad de la luz nos causaría una muerte inmediata, es sencillo concluir que todavía falta mucho para que logremos desarrollar la tecnología necesaria para dar brincos en el tiempo, al más puro estilo de las películas de “Volver al Futuro”, o de los libros de Caballo de Troya.

A pesar de todas estas dificultades, los humanos tenemos un “as bajo la manga” que nos permite transportarnos al menos hacia atrás en el tiempo, y que puede ser de mucha utilidad, sobre todo si los sucesos a los que planeamos volver provocaron en nosotros algún trauma que todavía arrastremos en el presente y que, de alguna manera, influya en nuestro comportamiento diario. Es un truco tan simple que la gran mayoría de personas -sino es que todos- lo han llevado a cabo alguna vez sin haberse percatado siquiera de eso. Pueden intentarlo tan pronto como terminen de leer este post, o incluso antes de haberlo hecho. Esa es la maravilla de este “viaje en el tiempo”, no es necesario recurrir a máquina alguna ni poner en riesgo su vida tratando de igualar la velocidad de la luz.

TimeEs muy simple: con los ojos cerrados, traigan a su mente la imagen mental del momento exacto al que quieren regresar. Es importante que elijan no la fecha, sino el instante preciso que, por ejemplo, tuvieron algún suceso que les haya causado mucho dolor en su vida. Recuerden el entorno, el color de las paredes (si estaban en el interior de algún inmueble) o el color y tamaño de los árboles, los olores que había en el lugar, algún ruido en particular. ¿Listos? Ahora lleven su mente al suceso exacto. Recuerden las palabras que alguien les dijo, o el accidente que sufrieron, o la despedida de la persona que hoy les hace tanta falta. Pero háganlo no desde su propio cuerpo, sino “trasládense” hacia arriba de él, o hacia un lado, como si fueran un simple espectador y no alguien que está reviviendo ese suceso. Imaginen que están viendo en primera fila la película del momento exacto que tanto daño les ha causado en su vida. Es más, dense el lujo de comer palomitas o algún chocolate mientras lo hacen, para darle un poco más de realismo al hecho de que esta vez son simples espectadores de un evento traumático. Ya que están ahí, junto a ustedes mientras observan todo lo que sucede, recuerden cómo se sintieron al momento de recibir esa noticia, o en el instante en que fueron objeto de algún insulto o un accidente. Vivan de nuevo esa sensación, ¿qué es? ¿tristeza, enojo, decepción? Abran los ojos y sientan en su cuerpo lo que haber “regresado” en el tiempo les ha provocado. Identifiquen el punto exacto del cuerpo en el que sienten lo que sea que están sintiendo. Aprendan a vivir con eso, porque es importante para llevar a cabo el siguiente paso.

El viaje en el tiempo ya lo hicimos. ¿Pero qué pretendíamos con eso? ¿Cuál era el objetivo? Si hemos realizado ese viaje a un lugar y un momento que nos causó cierto trauma o dolor en aquél instante, ¿por qué no aprovecharlo para cambiar nuestra vida al respecto? Quizás solo sea para darnos un poco de consuelo, o para hacernos ver que, no importa lo que esté sucediendo, años más adelante será algo sin importancia, totalmente irrelevante. O mejor aún, si es una espina que todavía tienen clavada en su cuerpo, utilicen ese viaje para perdonarse a ustedes, o a aquella persona que tanto los hirió.

Regresemos a nuestro brinco al pasado. Cierren otra vez los ojos y realicen el mismo ejercicio hasta observar a su “yo” sentir lo que sea que haya sentido en ese preciso instante. La responsabilidad ahora recae en ustedes como observadores, no en ustedes como personajes de la película. En el momento en el que sientan en su cuerpo la sensación que les provocó el evento, consuelen a su “yo” actor, háblenle tierno, díganle palabras amables, bonitas, de amor, y díganle cualquier cosa que decidan decirle para hacerle sentir bien. Díganle que todo estará bien, que años después se han dado cuenta que el abandono de esa persona los ha hecho crecer como seres humanos, que a pesar del dolor, mucho tiempo después estarán sanados y será un evento al que no deben prestarle importancia alguna por muy difícil que parezca. Háganle a su “yo” actor un gesto de cariño, una caricia, algo que les haga sentir en el cuerpo que hay alguien que los acompaña en todo momento. Aprovechen para decirle al interlocutor de su “yo” actor que lo perdonan. Que por muy molestos que estuvieran en ese instante, han decidido perdonarlos porque ahora entienden que esa despedida era necesaria para abrir las puertas de otras oportunidades que fueron mucho mejor y más benéficas para ustedes. Pero regresen su atención a su “yo” actor y terminen

de consolarlo y de darle palabras de aliento, esas que tanta falta les hizo en ese instante pero que hoy, en este viaje en el tiempo, son capaces de darle ustedes mismos como observadores ajenos al evento. Una vez que hayan terminado, respiren hondo, despídanse de su “yo” actor y deséenle buena suerte para el resto de su vida. Sigan respirando de manera lenta, sin hacer profundas las inhalaciones y exhalaciones, y abran los ojos.

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Bienvenidos de regreso al presente. ¿Qué tal les fue en su viaje al pasado? ¿Qué les pareció reencontrarse con su “yo” actor? ¿Se sienten más tranquilos?

Lo anterior podrá parecer algo burdo, sacado del cuento más inverosímil que pudieran haber leído. Pero dense la oportunidad y háganlo tantas veces como lo crean necesario para curar aquellas viejas heridas que hoy en día no los deja vivir en paz. Aprovechen el viaje en el tiempo para perdonar viejas rencillas, recordarse cuánto se quieren a ustedes mismos por muy difícil que su vida haya sido en determinada época. Háganle saber a su yo de unos años atrás que todo estará bien, y que nunca se den por vencidos, porque siempre habrá luz más adelante en el túnel que es la vida.

Viajar en el tiempo no es cuestión de ciencia ficción. Es algo que podemos hacer todos los días de nuestra vida, para regresar siempre al presente y vivir esa vida que tanto anhelamos, alejados de traumas, dolores y viejos rencores que frenan nuestra evolución como seres vivos.

¿Viajes al futuro? En lo personal no me interesa. Prefiero vivir en carne propia y sorprenderme día a día con lo que la vida me depare. Si algo no me gusta o sale mal, siempre podré viajar de regreso a ese momento para recordarme que, no importa lo que haya sucedido, al final del camino todo estará bien.

Abrazo

 

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