Gracias 2019

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Estoy sentado frente a la computadora a menos de cinco horas de terminar el 2019. Veo hacia atrás y me doy cuenta lo difícil que ha sido este año. Quisiera decir que no fue difícil, pero me estaría mintiendo a mi mismo, intentado crear algún consuelo que pueda darle otro rostro a este año que me ha dejado tanto aprendizaje gracias a todos los altibajos que me ha traído, prácticamente desde el día uno.

2020Pero no todo es malo. Es más, creo que son más las cosas que me hicieron sonreír que las que hicieron derramar una lágrima. Sigo vivo, que es lo más importante. Tengo un techo bajo el cual dormir, comida sobre la mesa, dos perros que me miran como si fuera lo único que hay en su mundo y una familia que me apoya en cada paso que doy, sin importar si es para adelante o para atrás. Y es que hemos creado la tonta idea que el éxito depende de cuántos bienes materiales acumulemos: qué coche manejamos, cuántos cuartos tiene la casa donde dormimos, qué nombre dice la etiqueta de la ropa que visto.

Para mi el éxito es estar en paz conmigo mismo, a pesar de lo tormentosas que puedan ser las circunstancias a mi alrededor. Éxito es estar rodeado de personas que me impulsan a ser mejor para estar a su altura, y recibir de ellos esas sonrisas y abrazos desinteresados que tanto alegran el día y curan el alma.

Si algo he aprendido este año es que por mucho que creamos que el mundo se nos derrumba, somos nosotros quienes lo mantenemos en pie, y de quienes depende la cara con que veamos cada día que logramos vivir en un mundo que pareciera insistir que vivir requiere de un milagro.

Tengo 37 años, según la esperanza de vida en mi país estoy aproximadamente a la mitad de mi vida, por lo que creo fervientemente que este es un punto de inflexión en el que debo dejar el anhelo de lo que viví atrás y mirar hacia lo que la vida me ponga adelante. Por mucho que deseemos vivir de una forma, el universo (o dios o la vida o como quieran llamarle) siempre tendrá la última palabra, y no podemos enojarnos con él ni molestarnos por como se presenten las cosas. Todo pasa para algo, para aprender una valiosa lección, y si atravesaron por alguna crisis este 2019 estén seguros que es porque la vida los está limpiando de todo aquello que no necesitan más, y los está preparando para las cosas maravillosas que vienen en camino.

No es un consuelo, es una realidad.

Young woman with arms wide open standing on rock and looks to ocean

Aún así, como dije antes, son más las cosas buenas que las que puedo lamentar en este 2019. A veces me gusta pensar que fue uno de los años más difíciles que he vivido, pero prefiero abordarlo desde una perspectiva distinta, y continuar con esa esperanza y con el corazón puesto en que fue un año de transición más que de bajón. Que fue un año de aprendizaje más que de dolor. ¿Por qué? Por lo que dije que tengo. Porque decido agradecer lo que tengo más que lamentar lo que me ha faltado. Porque siempre hay un horizonte hacia el cual mirar, y no un pasado que ahí estuvo, pero que no regresará más. Porque todavía hay muchas cosas pendientes por hacer, muchos sueños que cumplir y un montón de lecciones que aprender.

Gracias, 2019, por toda la gente que permaneció a mi lado hasta el último minuto. Gracias por el trabajo que no vino porque abrió la puerta a proyectos que se están concretando. Gracias por mis dos perros, casi mis hijos, que han sido los mejores maestros que pude tener, y que me enseñan que la mejor manera de vivir es como ellos, con un corazón entregado, positivo y siempre lleno de amor. Gracias por mi familia, porque me ven como una persona exitosa a pesar de los momentos de flaqueza. Porque mantienen su fe en mi, incluso en esos días en los que yo la he perdido toda. Gracias por lo que deseamos que fuera, pero nunca llegó. Gracias por los secretos que guardamos pero que nos acompañan a cada paso que damos. Gracias por las sonrisas, por las alegrías y por cada una de las lágrimas derramadas, porque nos hacen recordar que somos humanos que venimos a vivir todo tipo de experiencias, no solo las que nos traen alegría al corazón.

Gracias por lo que me dejaste, pero es hora de cerrar la puerta y cambiar de habitación, conocer cosas distintas y aprender todos los misterios que se crucen en mi camino. A todos y cada uno de los que estuvieron aquí y que seguirán en el 2020, les envío todo mi cariño, y mi único y más grande deseo para ustedes es que su corazón esté lleno de paz, todos los días de su vida, sin importar lo que suceda alrededor. Eso es lo más importante, que no pierdan de vista la meta por muy grandes que son los obstáculos. Y que los crucen en paz, en armonía consigo mismos.

¡Feliz 2019, y mucho más feliz 2020!

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